Es comprensible el sentimiento de dolor de los deudos de una víctima del Covid-19. Es una reacción humana. Lo que es inadmisible es que se llegue al extremo brutal de amenazar de muerte a un abnegado profesional de la medicina que día y noche arriesga su integridad física por salvar decenas de vida.
Por Guillermo Pantoja
Una estupidez en tiempos de la pandemia: La insólita amenaza de muerte contra un médico, que conmueve a Colombia.
Este portal asume como propio el dolor de los familiares del joven consagrado galeno costeño José Julián Buelvas Díaz, no porque, puestos en una balanza, su vida valga más que la del paciente a quien él, después de toda su capacidad, experticia y voluntad, no pudo salvar la vida, un asunto que solo está en los inescrutables designios de Dios y, porque, además, era una lucha de David contra un Goliat tramposo y ansioso de sangre y cadáveres.
El comentario del doctor Guillermo Pantoja
La insólita amenaza de muerte contra un médico, que conmueve a Colombia es el más repudiable acto de barbarie que,si quienes han convertido a Colombia en un país de bárbaro, deben tener un profundo remordimiento de conciencia. ¡Si es que la tienen! pues al parecer sus vísceras están llenas de barbarie.
La amenaza de muerte contra este galeno resume el desconcierto de la Colombia que lucha por ser cada día mejor ante un hecho repudiable, que coloca sobre la mesa de análisis, una vez más y lamentablemente, ese aspecto del país que no termina de marcharse, el de la brutalidad, el de la barbarie asesina y mafiosa.
Capitulemos en los tiempos de Pablo Escobar u otros mafiosos, cuya conducta ha sido exaltada durante décadas por espectaculares producciones de televisión, al punto de elevarlas a verdaderos paradigmas o arquetipos de la «vida fácil», regresaron las amenazas públicas sin pudor alguno y sin importar las consecuencias que ello traiga; esas intimidaciones no podían tener lugar en un espacio de tiempo más doloroso que este, en medio de una emergencia sanitaria y la víctima del ultimátum criminal que hoy nos deja a todos estupefactos no podía ser escogida con mayor injusticia, se trata de un médico y justo en medio de una pandemia.
Un acto miserable
José Julián Buelvas Diaz, es un médico internista intensivista que labora en la unidad de cuidados intensivos de la Clínica Materno Infantil Adela de Char de Soledad; como parte de una amenaza hacía su vida y al mejor estilo mafioso y miserable, recibió en la fecha dos sufragios o coronas fúnebres, uno en su lugar de trabajo y otro en su residencia, lo acusan, según él mismo relata, “de haber dejado morir a una señora en medio de la pandemia”.
El galeno grabó el video que acompaña esta nota como “un pedido de auxilio; por él, por sus compañeros y por todos los médicos del país”, que han visto su integridad física amenazada por tratar de cumplir con su labor e intentar salvar vidas en medio de esta inédita contingencia que agobia al país y al mundo entero. Pero la pandemia de la COVID-19, que ha cobrado las vidas de casi 400 mil personas en todo el planeta, en Colombia ha servido de pretexto para dejar salir los fantasmas de la intolerancia y la barbarie.
No es por meter los dedos en las llagas de Cristo, pero repasando toda la corrupción que se ha movido en Colombia alrededor del Covid-19, no cabe la menor duda de que este es el país de los corruptos más miserables del mundo. Y no son propiamente los médicos. Sino las ratas de siempre.
“Salimos todos los días a trabajar. No tenemos ni siquiera las condiciones, y a pesar de ello nos enfrentamos a esta pandemia, ¡por Dios hasta cuándo!”, dice entre sollozos este profesional de la salud cuya angustia personal resume el desconcierto de la Colombia que lucha cada día por ser un mejor país, ante un hecho repudiable, que coloca sobre la mesa de análisis, una vez más y lamentablemente, ese aspecto del país que no termina de marcharse, el de la brutalidad, el de la barbarie asesina y mafiosa, porque eso es lo que plantea este hecho inverosímil, la existencia aún en Colombia de sectores que creen en la impunidad y la criminalidad, más allá de un supuesto estado de derecho en el que tratamos de vivir o sobrevivir, el resto de los colombianos.
Como corolario el médico recibió, además, una nota exigiéndole que renunciara a la clínica, advirtiéndole además que cuenta con 24 horas para hacerlo. Gran cantidad de voces se han levantado a lo largo y ancho del país para condenar esta conducta y la Policía Nacional se encuentra investigando el hecho. ¡Esto es una verdadera vergüenza para Colombia!
