Juan Ruiz, que personifica en el Carnaval de Barranquilla al extinto dictador venezolano, genera odios y amores. Tercera entrega de la serie «Historias Secretas del Carnaval«.
Por Francisco Figueroa Turcios
Se identifican en la política social, en el anti-imperialismo Yankee y en la unión de los pueblos de América Latina. En el aspecto religioso, Hugo Chávez, el 26 de mayo de 2008, confesó no creer en Dios y Juan Ruiz reveló en esta entrevista exclusiva a Lachachara.co que tampoco cree en Dios, sino en el diablo. Quien lo escucha diría sorprendido: -¡Este tipo está loco de remate!-. Sin embargo, Juan Ruiz tiene sus argumentos.
Y, con la seriedad de un predicador, afirma: “creo en el diablo. Creo en Satanás, por representar el fuego. La vida es fuego, candela viva y sin ella no podemos vivir. Sin ella no podemos purificarnos, preparar nuestros alimentos. Y, lo contradictorio, es que en todos los hogares (no importa si era católico o evangélico), tenían la imagen del Diablo. ¿Sabe dónde estaba? en la cajita de fósforos. Cada vez que se prendía el fogón, teníamos en nuestras manos la imagen del diablo», señala Juan Ruiz, que tiene el mismo tono de voz y los gestos del fallecido ex-presidente de Venezuela, Hugo Chávez Frías.
Otro carnavalero le habló de Dios
El imitador samario Moisés Imitola, que este año por primera vez no participará en el Carnaval de Barranquilla para cumplir el pacto que hizo con Dios, que lo ayudó a salir del infierno de las drogas y el licor, confesó la vivencia que tuvo con Juan Ruiz, en relación a su Dios.
«Juan siempre vive armado. Desde que lo conozco no deja el revólver para ninguna parte. Un día le comencé a hablar de Dios y me dijo: Si Dios se presenta ahora, le meto tres balazos», asevera Moisés.
Son dos hacedores del Carnaval con distintos pensamientos filosóficos-religiosos. Respetables ambos. Y puede ocurrir que, en un momento en que se vea al borde de un abismo profundo o en sus visiones oníricas vea a gente de rostros atormentados dando vueltas en una paila llena de fuego rojo, repita el clamor de Chávez, cuando el 4 de julio de 2012, sorprendió al mundo aclamando: «Cristo, no me lleves todavía».
No es de extrañar que la historia se repita y Juan Ruiz Avendaño salga a voz en cuello clamando «¡Dios mío sálvame!». La vida da tantas vueltas, que eso no es de extrañar. O que ocurra la escena en que este Chávez del Carnaval ñero saque de la pretina de su pantalón el viejo revólver y lo lance a las pilas ardientes del infierno: “que se queme esa porquería; no yo”.
Juan Ruiz engrosaría la lista de ateos famosos en el mundo que, según testigos oculares, a la hora de la verdad, se arrepienten y recurren a Dios. Y la edición de este Carnaval es especial para Juan Ruiz, porque coincide con el aniversario de la muerte de su ídolo, Hugo Chávez.
Juan reconoce plenamente las fronteras entre el hombre que se pone un camuflado y una boina en Carnaval y aquel tipo común y corriente al que le apasionan los caballos, administra dos ‘chivas rumberas’ (de esas que cada fin de semana recorren las discotecas de Barranquilla). Hace 23 años no se toma un trago («porque mis borracheras eran bravas y ‘barras'»).
«El ron que yo no tomo hago que se lo tomen mis clientes de las ‘chivas rumberas’, parece que el diablo se posesionara en mí, porque me divierto viendo tomar trago a la gente», añade.
No conoció a Chávez
Desde cuando comenzó a empoderarse del disfraz de Hugo Chávez, la máxima ilusión de Juan Ruíz fue conocer en persona al fallecido expresidente venezolano, pero ese sueño jamas lo pudo cumplir. La primera y única vez que estuvo cerca de cumplir su cometido fue en Santa Marta, el 9 de agosto de 2010 en la cumbre entre los mandatarios de Colombia y Venezuela.
«Estaba muy emocionado, esa noche no pude conciliar el sueño esperando ese gran día. Tenía todos los contactos para poder acceder al comandante Hugo Chávez, pero los jefes de seguridad de la presidencia de República de Colombia me arruinaron todo, no me permitieron el acceso a la Quinta de San Pedro Alejandrino. Lo que era un sueño, terminó en una pesadilla”.
La vida es de ilusiones, de metas, ahora Juan confía en que sí pueda realizar este otro sueño: ir a Caracas a visitar la tumba de Hugo Chávez, «y de paso saludar al presidente de Venezuela Nicolás Maduro», enfatizó Juan Ruiz. ¿Lo logrará? Es posible que esta vez el diablo le haga el favorcito.
La vida es un carnaval
Juan Ruiz vive momentos indescriptibles. Se acerca la hora cero para el sábado, día de la ‘Batalla de Flores’ del Carnaval de Barranquilla. Coincide con el primer aniversario del fallecimiento de Hugo Chávez. Los dos sucesos coinciden con la fiestas del rey Momo.
No sabe si estar triste ante la partida de su ídolo o, por el contrario, estar feliz porque le corresponderá mantener ese legado a través de su disfraz.
«La vida es un carnaval, es alegría y debe ser oasis para olvidar por unos días las penas, las deudas, ojalá todo el año fuera Carnaval para vivir feliz los 360 días. El Carnaval no se pude satanizar con la droga, el licor y el sexo…todo en extremo es malo. Las fiestas del Rey Momo mueven la economía formal e informal no solo para los barranquilleros, sino para muchos colombianos que llegan a trabajar», argumenta.
Juan Ruiz se ha ganado tres Congos de Oro con el disfraz de Hugo Chávez y lo convirtió en protagonista del Carnaval de Barranquilla. Sin duda, como aquel Moncho De Castro que tenía un ojo postizo (porque en realidad era tuerto) y en medio de un enorme baile del Country dejaba caer el ojo malo en una bacinilla llena de miaos; o el enigmático Drácula que se creyó el cuento de que en verdad era su personaje; o el Cantinflas de medio siglo, o la enfermera y María Moñitos, Juan Ruiz pasó al museo histórico de los disfraces del Carnaval de Barranquilla.