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Nefasta identidad

EL COMENTARIO DE ELIAS por Jorge Guebely

Imposible negar duras realidades en Colombia: abundan los pobres y escasean los ricos, muchos más negros excluidos que blancos privilegiados, más indígenas enraizados en nuestro suelo que elitistas nostálgicos de Europa o Norteamérica. Guarismos suficientes para que el pueblo gane siempre todas las elecciones democráticas.

Pero casi nunca triunfa la lógica cuantitativa, sino la emocional. A pesar de tantas desigualdades, la ideología política homogeneiza a muchos colombianos; pobres y ricos culturalmente son liberales o conservadores.

Instrumento de dominación es la cultura, creado por y para glorificar las elites; “En mejor ser rico que pobre.”, afirmaba espontáneamente Kid Pambelé. Tatúa en la consciencia del pobre el deseo de volverse privilegiado, codearse con los poderosos. Lo incita a pensar como ellos aun cuando lo devore la pobreza. Colonizado por culturas dominantes, los ignorados se auto dominan.

El horror a la pobreza enciende el arribismo, obsesión por trepar hasta alcanzar las elites, poco importa si dejan el pellejo en el ascenso. Lo devela la literatura de todos los tiempos, personajes trepadores quienes sucumbieron en las alturas. Lo mostró Petronio con Trimalción en El Satiricón, Stendhal con Julián Sorel en Rojo y Negro y Scott Fitzgerald con James Gatz en El gran Gatsby.

La cultura, estrategia de poder para someter aún más al sometido; para colonizar aún más la consciencia del colonizado, crea la sensación de superioridad a pesar de las diferencias materiales. El conservador pobre posee la misma ideología del rico, por lo tanto, el rico posee por un mendrugo el voto del pobre.

En sus permisivas estrategias, las elites admiten y fomentan culturas populares como adaptaciones de su cultura elitista. El carnaval de Barranquilla, según los profesores Ariel Arteta y Daniel Villanueva, es uno con versiones populares. Tienen reinas y rey como las viejas elites europeas. Igual acontece con el festival del bambuco en Neiva.

Conminado por la cultura política, se identifican pobres y ricos, pero con diferencias: el pobre practica el liberalismo o conservatismo por emoción y esperanza; el rico, por interés económico, conoce perfectamente que la economía define el podio clasista

En elecciones, el pobre vota con el corazón; el rico, con la razón, una razón manchada. El pobre se identifica con el rico por cuestiones ideológicas, el rico utiliza las cuestiones ideológicas del pobre para seguir ganando elecciones.

Sin importar la cantidad de pobres y la escasez de ricos en el país, existen profundas razones para semejante fenómeno según Paulo Freire: “Los oprimidos, en la medida en que se les impide ser, tienden a identificarse con los opresores.”  Nefasta identidad, agregaría yo.

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