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Nadie sabe para quién trabaja

El cuento detrás de ‘Dominique’, uno de los éxitos musicales de Aníbal Velásquez, y la per-versión de su encuentro con Sor Sonrisa, la autora original.

Por Adlai Stevenson Samper

https://youtu.be/MQhgpQ0WP5Y

Aníbal «Sensación» Velásquez montó, en su particular visión sabrosona de guaracha en acordeón, el internacional tema en boga Dominique. Compuesto por la monja Sor Sonrisa en 1963 para financiar la orden de las Dominicas, rompió récords mundiales de ventas, lo cual fue aprovechado por Velásquez creyendo que su «perrateo» musical pasaría inadvertido para la compositora. Nada, pues resultó que la monja fue invitada a Colombia y por supuesto le mostraron la per-versión local. Pidió conocer a Aníbal que pensó en una inminente reprimenda pública, en la rabia de la deliciosa Sor Sonrisa o en una demanda ante los tribunales terrenales y luego, en futura instancia, en los divinos.

Llegó asustado. Con temor de Dios y de las leyes de los hombres. Pero sorpresa, la monja lo abrazó entusiasmada y le dijo al oído que para eso era la canción, para que otros se apropiaran de ella y difundieran el mensaje de lo alegre de su canto es la palabra de Dios.

Pero la historia no termina allá y menos el cuento de trabajar para otros. Sor Sonrisa se aburrió de la vida austera de los conventos, de los designios solitarios en su monacal celda alejada de la jarana de la farándula a la que parece se había acostumbrado. Se cansó de no gozarse este mundo y les dijo a las dominicas dominiqui nique nique sola mente por ahí y adiós. A ver qué jugo le sacaba a su condición de estrella de la canción aferrándose a otro credo, el del lesbianismo. Creó una fundación para mantener su antiguo sentido de ayuda a los prójimos sedientos de la palabra consoladora y el socorro oportuno. Entonces recordó que había compuesto una popular canción que había batido todos los récords de ventas y que había sido incluso grabada en Colombia, en el extraño tercer mundo, por un curioso señor Velásquez de ancha hebilla, diente de oro, sombrero alón y eterna mamadera de gallo.

Allí, pensó ella, estaban los fondos que necesitaba su fundación pues nunca se había preocupado por recuperar las regalías de su paso como compositora. Nada. El billete se esfumó quién sabe para qué otro destino y sor Sonrisa, triste de alma, se suicidó yéndose con su música a otra parte. Total; pensaría antes de su fatal decisión, que nadie sabe nunca para quién trabaja. Si es para Dios, para su personaje Dominique –y las hermanitas Dominicas- o para las disqueras –y Aníbal-, que fueron los beneficiarios de la alegre y evangélica canción.

Esta es la versión original de Sor Sonrisa

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