Icono del sitio La Cháchara

Múltiples asesinos

Por Jorge Guebely

A los policías en el Huila los asesinó la podredumbre guerrillera. Organizaciones políticas caídas en la criminalidad, en la aventura del narco-bandolerismo. Ya no les sirve el remoquete de “ejército del pueblo” si asesinan pueblos; si masacran soldados y policías, líderes sociales y campesinos, indígenas y afrodescendientes. Tan infames como los paramilitares, tan criminales como los criminales que proclaman combatir. Ya ninguna máscara lingüística les cubre la delincuencia, ni les tapa el vandalismo, ni les disimula la sevicia militar. La putrefacción les carcomió la mentira.

Y también los asesinó la voracidad económica de las élites colombianas, su enfermiza mezquindad. Su vergonzosa estrategia de esconder riquezas en paraísos fiscales y comprar senadores corruptos para evadir impuestos nacionales. Chupar recursos públicos, convertir al Estado en perro esquelético poblado de hematomas: desigualdades, miserias, injusticias, corrupción, origen de todas las tragedias del país.

Y los asesinó la política criminal de Estado Unidos. Su sospechosa terquedad ante una guerra perdida, un mercado ilegal de drogas excesivamente próspero por su ilegalidad. Subsidiario de otros mercados igualmente criminales: armas, narco-estados, políticos corruptos y la propia economía norteamericana poblada de “brokers”.

También los asesinó la inhumana moral capitalista. La codicia suprema de acumular capital pisoteando la vida de los más débiles; asesinando a millones de personas, especialmente a pobres de países colonizados. ¡Oh Capital, temible dios asesino, hoy enloquece la tierra entera! En su nombre, se perpetran y perpetúan las peores masacres en el mundo, la de los congoleses y colombianos por las riquezas del caucho; las de América Central y Colombia, por las del banano; la de los africanos, por sus diamantes ensangrentados. Ahora masacran a policías colombianos por las riquezas de la cocaína.

Finalmente los asesinó la mediocridad de los políticos colombianos. Su incapacidad de quitarse las rodilleras frente al imperio para construir un país respetuoso y respetable. Tanta pobreza política y tanta miseria humana, tan costosas para los colombianos.  

Pagamos con el horrendo crimen de policías en el Huila, con asesinatos de colombianos inocentes, con horripilantes falsos positivos, con exterminios de grupos políticos, con campesinos degollados en los campos, con la permanente guerra durante 200 años… Pagamos muy caro la mediocridad de nuestros políticos: nos toca sobrevivir en un país construido con espíritu criminal, compuesto por criminales que empuñan las armas y criminales que negocian con el crimen.

“El mayor crimen está ahora, no en los que matan, sino en los que no matan, pero dejan matar” afirmaba Ortega y Gasset cuando las aves rapaces de los imperios capitalistas ya volaban sobre sus víctimas.

jguebelyo@gmail.com

Salir de la versión móvil