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Mujeres de ‘Tierra Quebrá’

Por Alejandro Rosales

Cuando todos a su lado hacían ejercicio o paseaban a su perro, ella lloraba en una banca del parque Bellavista, en Barranquilla. Eran las 7:30 de la mañana del 1 de marzo del presente año. Katya Navarro estaba cruzada de piernas. Lucía una sudadera gris, camiseta blanca con el logo de una empresa que vende ropa femenina de elevado costo, tenis negros y un pequeño maletín con el cierre dañado.
Muchos la miraban, pero seguían con su rutina. “Una mujer más que llora sola en las calles”, pensaría más de un transeúnte.
Me acerqué con Luna, mi perra. Le pregunté qué le pasaba y me respondió que la acababan de “echar” de su trabajo. La razón: haber faltado el martes 28 de febrero sin dar previo aviso.
Dice Katya que faltó porque no encontró con quién dejar a sus dos hijas, una de 12 y otra de 6. Ambas viven con ella en una habitación del barrio Universal. En últimas, la excusa no fue valedera para su jefa. Hoy, la joven de 27 años que llegó del Carmen de Bolívar en el 2019 a la capital del Atlántico, ya no será más operaria de máquina en ese taller de confecciones.

Manuela
A las 6:30 de la tarde se apagaron las luces en la sala country de la Cinemateca del Caribe el mismo primero de marzo. La primera escena es desgarradora. Una mujer da alaridos, su hijo ha sido encontrado muerto en el río. Nada la consuela.
El cuadro abre el filme ‘Tierra Quebrá’, de la directora valduparense Nina Marín. Su personaje principal, Manuela, es una joven que vive en una zona alejada del Caribe colombiano, donde los grupos armados ilegales hacen lo que les provoca.
Con tres hijos, dos que le sobreviven y uno que acaba de fallecer, Manuela está cansada de luchar, de tener los pies hundidos en el fango y no avanzar. Analfabeta, madre soltera y humillada por su familia, siempre está peleando a la contra, sin embargo, una luz de esperanza cada cierto tiempo brilla en sus ojos, más no en sus palabras y mucho menos en los hechos que la acompañan.

Katya
A los 13 años su papá la echó de la casa en el Carmen de Bolívar. Ir sin permiso al quinceañero de una vecina fue la razón. Su madre también le dio la espalda.
Un primo le dijo que se podía ir unos días a una finca cercana donde estaban necesitando una persona que cocinara y limpiara. Allí conoció a un hombre 20 años mayor, que al poco tiempo se convirtió en su pareja. 12 meses después, la preadolescente parió a su primera hija.
Cuenta que sufrió maltrato físico y psicológico de su pareja y la familia de este. Después de abandonar a su esposo, regresar a la casa de sus progenitores, nuevamente ser echada por su padre, regresar con su marido, tener otra hija y enfrentar más violencia intrafamiliar, Katya vio en Barranquilla la ‘puerta de oro’ que la libraría de su pasado y comenzar una nueva vida con sus hijas.
“Estoy cansada”, dice.
Dentro de sus posibles planes está el de aceptar un trabajo en un restaurante de comidas rápidas. Le ofrecen 40 mil pesos diarios. Cree que eso, por ahora, le servirá para alimentar a sus hijas y pagar el arriendo de la habitación. Sueña con terminar un curso de vigilancia y poder trabajar en una empresa que le pague todas sus prestaciones sociales.

Amelia
En la sala de la Cinemateca del Caribe, Amelia Álvarez Martínez vio por primera vez ‘Tierra Quebrá’. La protagonista barranquillera de esta cinta presentada en blanco y negro estaba rodeada de familiares y amigos.
Los aplausos rompieron el silencio dramático del final de la película. Amelia, que le da vida a Manuela, le sonríe al público, agradece su asistencia y los halagos que le hacen. “Quisiera que los que vean esta película se enteren de cómo es la vida de estas mujeres, de estas Manuelas (…) Ha sido muy lindo entrar en Manuela y representar a muchas mujeres, darles voz. Me encantaría que la película se diera a conocer más que todo por eso, que el mundo conociera a través del cine un poco de nuestra historia y nuestro dolor, de todo lo que las mujeres vivimos diariamente hace mucho tiempo en Colombia”.
Su dicha artística es haber representado con honestidad la desdicha de muchas mujeres quebradas en cuerpo y alma por la fuerza de los acontecimientos, que lloran en una trocha, la banca de un parque o a la orilla del río Magdalena. Pese a eso, son más las que no se rinden, como Katya en la vida real o Manuela en el filme de Nina Marín.

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