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Muchas gracias Coelho, pero con sus respectivos reparos

Fácilmente podría constituirse en el autor vivo más vendido del mundo, con argumentos alegóricos que incitan a la reflexión y el buen obrar, aunque nos moleste, claro está, su metafísica recalcitrante y melosa.

Por Orlando Molina Estrada

Paulo Coelho, escritor brasilero, es uno de los autores más vendido de la actualidad. Su nombre siempre está fluctuando en estadísticas, inspirando sueños y posando los estantes de los almacenes de cadena en todo el globo terráqueo, pero también despertando polémica entre quienes son asiduos defensores de su obra y los que no comulgan con sus credos populistas de ofrecer historias fáciles que no van más allá de la aceptación mercantilista.

Con todo, hay que agradecerle muy encarecidamente que ha hecho una gran labor por la lectura, aunque ello implique sus relativas consecuencias. Fácilmente podría constituirse en el autor vivo más vendido del mundo, con argumentos alegóricos que incitan a la reflexión y el buen obrar, aunque nos moleste, claro está, su metafísica recalcitrante y melosa que sintetiza en su frase proverbial: “Si deseas algo el universo conspirará para que se cumpla”.

Ha creado sus propios lectores, merito que no debe desconocerse, pues es el más seguido en las redes sociales con una cantidad de fanáticos que oscilan entre los 29 y 30 millones de usuarios tan solo en Facebook, personas que en su vida se hubiesen atrevido a coger un libro en sus manos de no ser por este gurú brasilero de las letras que despierta tantos amores y rechazos.

No obstante, su gran aporte a la lectura no ha sido propiamente reconocido dentro de ciertos círculos académicos porque lo enturbia el concepto viral de lo que escribe. Y creo que esta crítica especializada, que valora y juzga su obra, enfatiza sin recelo en la imagen tutelar de chivo expiatorio que este autor representa para los libros de autoayuda, pues parece haberse convertido en el culpable simbólico de todos los crímenes que estéticamente hablando se cometen a nombre de la mala literatura.

A nivel de iniciación, Coelho puede abrir las puertas a la lectura al garantizar una experiencia lectora amable, lith y a la moda por medio de historias sencillas, tiernas y hasta bien logradas. Pero también es cierto que existen los buenos autores que logren el mismo efecto con libros magníficos y estéticamente autosuficientes que posibiliten en modo adicional formar lectores críticos y competentes  que las novelas del gurú brasilero difícilmente van a lograr.

Muchas gracias, señor Coelho, porque a través de sus obras promueve el hábito de la lectura, una práctica escasa y que día con día se establece como prioridad de ejercicio cotidiano en la cultura tanto dentro como fuera de un aula de clases.

Y a sus lectores, -a manera de posdata- que sigan cultivando el gusto por los libros de manera responsable, tanto por los de Coelho como los que no sean de él. La escogencia de un libro no  la debe  determinar el señalamiento desfavorable de quien no asiste a los mismos gustos y caprichos literarios. Por el contrario, se debe tener cuidado al valorar solo moralmente una obra estética, es decir, no caer en la pretensión del contenido sobre la forma,  como también ser cuidadosos al tratar de encontrar afinidades estéticas donde las prioridades son morales y de otra índole como bien lo ilustra la obra de Coelho. En última instancia, el lector, como sujeto libre y guiado por su hedonismo juzgará en modo particular la manera de apreciar un texto partiendo de sus necesidades de lectura.

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