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Momento de reflexión y análisis

Como nunca antes la sociedad civil colombiana está conminada a botar los miedos y votar por personas que no tengan prontuarios tan públicos como repugnante.

Por Rafael Sarmiento Coley

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Como nunca Colombia vive una Semana Santa muy atípica y apropiada para la reflexión serena y certera, ante el viacrucis que ha vivido con la pandemia del Coronavirus, en medio de quebrantos que venían de tiempo atrás, como la galopante y asfixiante corrupción, el accionar de las bandas criminales, grupos al margen de la ley, causantes de crímenes selectivos, masacres por doquier, fosas comunes, eliminación física de líderes sociales y defensores de los Derechos Humanos.

Según analistas internacionales como Edna Martínez, investigadora de la Universidad Libre de Berlín, los colombianos tienen que amarrarse los pantalones y dejar de seguir chupándose el dedo creyéndoles el cuento a quienes han detentado el poder en las dos últimas décadas con la estrategia miserable del miedo y el mentado discurso trasnochado del ‘castrochavismo’: siempre intimidando al desorientado elector colombiano del peligro de que Colombia se convierta “en otra Venezuela como la de Chávez y Maduro”, cuando en realidad Colombia está peor. Y ya está bueno de seguir tragándose ese cuento. Al perro macho sólo lo capan una vez.

Por ello es necesario que, según el precandidato presidencial costeño, el exgobernador del Atlántico y Constituyente de 1991, Eduardo Verano De la Rosa, “es un buen momento para convencernos que el modelo colombiano fracasó. Que se impone una nueva conformación geopolítica con regiones autónomas”. Y en esa misma tónica andan recorriendo el país un selecto grupo de exgobernadores y exalcaldes -por supuestos sin antecedentes penales- en procura de unos acuerdos mínimos para lo fundamental. El grupo lo lidera el ex alcalde de Barranquilla y exgobernador del Atlántico Alex Char, en compañía de homólogos de Antioquia, Risaralda, Cesar, La Guajira, Bolívar y Antioquia. Un proceso novedoso y optimista.

Uno de los países más desiguales

Colombia ostenta el infamante rótulo de ser el país de mayor desigualdad social de Latinoamérica, por la cada vez más agobiante concentración de la riqueza en pocas manos. Las enormes fortunas las acumulan tres o cuatro banqueros; las familias dueñas de las cadenas de almacenes de grandes superficies, y, lo más vergonzante, ‘los nuevos ricos’ a costa de la incontrolable corrupción en todos los niveles del Estado y en muchos núcleos del sector privado, cómplices de los funcionarios sin catadura moral.

Inmoralidad que, como un cáncer, ha hecho metástasis por falta de unos órganos de control de mano fuerte e independientes, no en fiscales o jueces de bolsillo, procuradores que no ‘procuran’ cumplir a cabalidad con sus tareas. Y ese panorama no cambia si los electores colombianos siguen votando por los mismos con las mismas.

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El país de los impuestos

Otro de los títulos deshonrosos que ostenta Colombia es que se trata del país de la mayor cantidad de impuestos. Se cobra gravamen hasta por beber agua de los ríos y cañadas. Crearon un gravamen dizque para salvar al sector financiero, con un 4 por mil por toda transacción en las entidades bancarias. Fue un aberrante esperpento con término fijo: dos años. Y toda vía está vivo, aunque lo cambian de destino como cambiar de camisa.

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Los congresistas, con la barriga llena de mermeladas y de las millonarias ‘propinas’ de los sectores económicos que elaboran proyectos de ley a su medida, no hacen más que dar pupitrazos a esas iniciativas casi todas, con una que otra rara excepción, en contra de los intereses de las clases populares.

Ahora está en el tintero otra reforma tributaria, en la cual, con toda seguridad, hay abundante cianuro para los sectores de menos poder adquisitivo. Con una alta dosis de populismo, congresistas del sector político del actual Gobierno pregonan a los cuatro vientos que se procurará aprobar una “reforma tributaria justa, que no maltrate a los pobres, sino que les quite un poquito a las grandes fortunas”. Lo cual, como ya lo señalan algunos analistas independientes, es “un disfraz” para lograr pasar la reforma tal como la pretende el uribismo.

Y como siempre, fiel copia del Imperio Romano (aunque en estos días el sanedrín uribista descubrió que desciende del Faraón egipcio Ramsés (pero no el barranquillero Vargas) se lanzan globos para distraer a la gleba. Los mejores gladiadores van a la are4na del circo. Pan y circo. Vicky Dávila intenta acorralar a Gustavo Petro, y el tiro le salió por la culata. La que quedó acorralada fue ella. Aunque no se sabe si fue una estrategia. Pues a la larga de alguna manera el Grupo que lidera Jaime Giliky, dueño de la revista Semana, los jefes de Vicky Dávila, con toda seguridad le han dado órdenes expresas de que en Semana el candidato es Gustavo Petro, así como en El Tiempo (propiedad de Luis Carlos Sarmiento Angulo) y El Espectador (propiedad de los herederos del Grupo Santo Domingo) es el que señale la jauría que detenta el poder.

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El asunto tiene sus antecedentes de mucho peso. La amistad de Gustavo Petro con Jaime Gilinsky viene desde los años en que aún el M-19 tenía oxígeno y se movía no solo en el país, sino en naciones vecinas en donde contaban con nexos políticos y vínculos económicos. En resumen, Petro ayudó a desenredar el caso de un secuestro en Panamá de la sobrina de Jaime Gilinsky. Desde esa época quedaron siendo amigos. Porque el M-19 tenía abundante información de las actividades poco ortodoxas del Grupo Michelsen para quedarse con la propiedad de un banco colombiano en el cual los Gilinsky también eran fuertes accionistas. Como el mundo es un pañuelo, hoy, un exmilitante de un grupo subversivo que durante dos meses en 1980 mantuvo en cautiverio a 17 embajadores de distintos países (entre ellos al estadounidenses), suceso registrado durante un coctel en la embajada de República Dominicada en Bogotá),

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No votar por los ladrones

Lo bueno de los colombianos es que, para resistir tanta ignominia de los malandrines que manejan la política, recurren al buen sentido del humor, que es el mejor de los sentidos. Pues de lo contrario no cabría tanto loco por las calles.

Y en parte, Josélo, un acreditado humorista barranquillero hace una parábola con el caso de Jesucristo y el ladrón, en el momento en que el timorato y amanerado Poncio Pilato puso al pueblo a votar por Jesús o por el Ladrón para condenarlo a la cruxifición, el pueblo «¡votó por el ladrón! ¡Así como nosotros durante 200 años seguimos votando por los ladrones».

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Y ahora aparece otro proyecto de reforma al sector salud, dizque para revisar las competencias y eficiencias de las EPS y las IPS, que se hicieron para corromper aún más a los congresistas, a quienes le adjudican cupos en el sector salud a cambio de su complicidad con el Gobierno para aprobar todo lo que éste quiera.

Lo más lamentable también es que por poco dan un golpe de Estado con la prolongación del periodo de Duque, el Congreso, ‘ño Raimundo y todo el mundo’. Lo cual fue tan descarado, que causó, en forma prodigiosa, la alarma general y en la Casa de Nariño y en el Capitolio se escuchó el grito de rechazo a semejante esperpento. Porque dentro de ese ‘paquete chileno’ estaba el de debilitar las altas Cortes, meter unos cuantos quintacolumnistas, para apoderarse del Poder Judicial y ayudar a liberarse de las merecidas sanciones a toda la ralea política que maneja a Colombia. Ese ha sido el caballito de batalla del Centro Democrático: deslegitimar al Poder Judicial. Desacreditarlo. Tratar a toda costa meter sus fichas como magistrados en las Altas Cortes para que hagan justicia a favor de todas sus vagabunderías aberraciones judiciales.

Sí hay empresarios humanitarios

Por ello sería muy importante que la clase dirigente empresarial más respetable del país también ponga de su parte, si bien no como actores políticos, por lo menos como voceros autorizados de la sociedad civil y del sector productivo.

Al respecto vale la pena mencionar el caso del presidente del grupo empresarial barranquillero Tecnoglass, Christian Daes, quien en más de una ocasión ha demostrado que un exitoso empresario también puede ser humanitario. En reciente entrevista al veterano periodista Yamid Amat insistió en que el incremento al salario mínimo fue, más que mezquino, estúpido. Porque un país crece, si se incrementa el Producto Interno Bruto (PIB). Y este crece si la economía del país se mueve. Y una economía en donde el grueso de la población gana salarios de hambre no tiene poder adquisitivo. Por lo tanto, no se mueve la economía. Se estanca. Y, como el agua, cuando se estanca se pudre.

Christian Daes, el CEO del Grupo barranquillero Tecnoglass, quien ha sido reiterativo en la tesis de que al trabajador hay que pagarle bien para que tenga poder adquisitivo y, de esa manera, se mueva con mayor dinamismo la economía del país. Pero los ‘sabios’ ecónomos de estas últimas administraciones hacen todo lo contrario. Claro, para tener más plata para proyectos como Agro Ingreso Seguro, y los Bonos Agua que el Minhacienda Alberto Carrasquilla jamás ha podido explicar qué rumbo cogieron los dos billones de pesos que salieron de las raquíticas arcas de 117 municipios colombianos.

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