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Luka Modrić, el hombre que hizo eterno el número 10 de Croacia

Por: Francisco Figueroa Turcios

Hay finales que nunca queremos ver.

Hay despedidas que no pertenecen únicamente a un futbolista, sino también a una forma de entender el juego. En el Mundial de 2026 cayó el telón para Luka Modrić. Con él no solo se marchó el capitán de Croacia; también se despidió uno de los últimos artistas capaces de convertir un mediocampo en un escenario donde cada pase era una pincelada y cada partido una obra irrepetible.

El desenlace fue tan cruel como suele ser el fútbol. Croacia acarició la esperanza, sufrió una remontada inesperada, vio cómo un gol en los últimos instantes era anulado y terminó despidiéndose del torneo entre el silencio de sus aficionados y el respeto de todo el planeta. Así concluyó el último Mundial del hombre que durante casi dos décadas sostuvo sobre sus hombros el sueño de una nación de apenas cuatro millones de habitantes.

Adiós leyenda…

Las grandes leyendas no siempre son las que levantan el trofeo más codiciado. Algunas trascienden porque enseñan que la grandeza también habita en la resistencia. Modrić conoció la guerra cuando apenas era un niño. Creció entre incertidumbres, aprendió a sobrevivir antes que a jugar al fútbol y, quizás por eso, entendió que el balón podía convertirse en un refugio. Aquel niño delgado, al que muchos consideraban demasiado frágil para triunfar, terminó conquistando Europa y cambiando la historia de su selección.

Su carrera fue una permanente lección de inteligencia. Nunca necesitó la velocidad de los extremos ni la potencia de los delanteros. Gobernó los partidos desde la pausa, desde la lectura, desde la precisión casi quirúrgica de sus pases. Mientras otros corrían detrás del balón, él parecía conversar con él. Su fútbol no hacía ruido; hacía música.

Eterno 10….

Con Croacia escribió capítulos que parecían imposibles. La llevó a disputar una final mundialista, la condujo nuevamente a los primeros planos del fútbol internacional y convirtió a una pequeña nación balcánica en un rival respetado por las grandes potencias. No levantó la Copa del Mundo, pero levantó el orgullo de todo un país.

En una época dominada por las cifras, los récords y las redes sociales, Modrić eligió otro camino: el de la humildad. Nunca necesitó exagerar un gesto para convertirse en protagonista. Su liderazgo nació del ejemplo, del sacrificio silencioso y de una disciplina que desafió el paso del tiempo. Mientras otros desaparecían, él seguía iluminando los partidos con la serenidad de quien comprendía el juego mejor que nadie.

Uno de los últimos poetas del fútbol…

El fútbol suele ser injusto con sus poetas. A veces los obliga a despedirse entre lágrimas y derrotas. Pero las derrotas jamás pudieron disminuir el tamaño de Luka Modrić. Porque existen futbolistas que ganan campeonatos y existen otros que cambian la historia del deporte. Él pertenece a los segundos.

Cuando dentro de muchos años alguien pregunte cómo jugaba un mediocampista total, bastará con volver a ver a Luka Modrić. Allí estará la respuesta: un hombre pequeño de estatura, inmenso de talento, que hizo del pase un acto de belleza y de la camiseta de Croacia un símbolo de dignidad.

Las Copas del Mundo le dijeron adiós. El fútbol, en cambio, jamás podrá despedirse de él. Porque los verdaderos genios nunca abandonan los estadios: permanecen en la memoria de quienes alguna vez tuvieron el privilegio de verlos jugar. Y mientras exista un balón rodando sobre el césped, siempre habrá un pase elegante, una pausa perfecta o un cambio de frente que recuerde que, alguna vez, el mediocampo tuvo un rey llamado Luka Modrić.

Ronaldo solidario….

Mientras Croacia lloraba la eliminación, hubo un abrazo que habló más que cualquier discurso. En medio de la tristeza apareció Cristiano Ronaldo, el viejo compañero de tantas batallas en el Real Madrid, para acompañar a Luka Modrić en el instante más difícil: el de la derrota y la despedida.

No hicieron falta palabras. Bastó un abrazo largo, sincero, de esos que solo nacen entre quienes compartieron victorias, derrotas, títulos y una parte importante de sus vidas. Cristiano entendía mejor que nadie el vacío que deja decir adiós a una Copa del Mundo. Modrić encontraba en ese gesto el consuelo de un amigo que conocía el peso de los sueños inconclusos.

Durante años conquistaron Europa juntos, levantaron trofeos y escribieron una de las etapas más gloriosas del fútbol de clubes. Pero aquella noche no había medallas ni celebraciones. Solo dos leyendas recordando que, por encima de la rivalidad y de los récords, permanece la lealtad.

El Mundial cerró el capítulo de Luka Modrić con la camiseta de Croacia, pero también dejó una imagen que permanecerá en la memoria colectiva: Cristiano Ronaldo sosteniendo a su amigo cuando el fútbol le daba la espalda. Porque las copas enriquecen las vitrinas, pero son los gestos los que engrandecen a los hombres.

Las carreras de ambos algún día quedarán resumidas en cifras, títulos y premios. Sin embargo, ese abrazo seguirá contando una historia diferente: la de una amistad que sobrevivió al paso del tiempo, a la presión de la élite y a la competencia feroz. Una amistad que el fútbol sembró y que la historia hará eterna.

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