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Micoahumado; muchos años después…

Arcadia es un caserío con casas de techos de zinc, perdido y desperdigado en las estribaciones de la serranía de San Lucas.

Por: Ubaldo Manuel Díaz

Arcadia en las serranías de San Lucas

En sus calles polvorientas bajo un sol abrasador, niños desarrapados juegan a policías y ladrones. Este caserío es paso obligado hacia el pequeño pueblo de Micoahumado otrora azotado por la guerra entre grupos armados, el minado de su territorio, célebre por su asamblea constituyente. La cual citaremos más adelante. En palabras de José Pérez, Arcadia es el único pueblo del mundo donde sus habitantes han aprendido a concertar hasta con el demonio.

Por la violencia que durante décadas ha golpeado esta neurálgica zona del sur de Bolívar. Prueba de ello fue lo que presenciamos el día que pasamos por ahí, sus habitantes horneaban un becerro para ofrecerlo en oblación a un comerciante de leche. Según Amada Pérez una mujer enjuta con su rostro tostado por el sol y una sonrisa maliciosa la idea era la siguiente: Después del espléndido banquete, de los eructos, de los palillos en los dientes, de la acción de gracias, algunos habitantes de este remoto caserío le presentaban al sorprendido comerciante un pliego de peticiones, entre ellos aumentar el valor en el litro de leche el cual ellos le vendían… Con esa lección de malicia indígena y de supervivencia proseguimos nuestro camino hacia Micoahumado.

En medio de una exuberante vegetación y una trocha centenaria, arribamos a un punto llamado la capilla, que de capilla solo tenía el nombre. En ese sitio el vehículo que nos trasportaba no dio más. Nos varamos. Buscamos la señal de celular en medio de los cerros y la manigua para que nos enviaran trasporte. Al cabo de una hora, aparecieron dos motos, una de ellas conducida por un hombre de color, con estampa de futbolista, en cuya dicción siempre omitía la letra s“, al que su compañero de oficio le apodaba con acierto “culepato”.

Me subí a la desvencijada moto del hombre de rasgos patunos y sin respetar las leyes físicas pasó a toda velocidad por encima de huecos, piedras, palos, promontorios, hasta que casi con los riñones en las manos avistamos el caserío. En el último recodo de la vía una enorme valla con las doce estrellitas de la Unión Europea nos cerraba el paso: laboratorio de paz, la asamblea constituyente les da la bienvenida. Ahí estaba mico ahumado, pueblo más reconocido en Europa que en Colombia, por todo el proceso de resistencia civil que sus pobladores han emprendido.  En la lejanía se divisaba la imponente y mítica “teta” de la serranía de San Lucas.

Dicen que los primeros pobladores que colonizaron estas tierras, se perdieron en medio de la manigua. Asediados por esta vorágine no les quedó otro recurso que ahumar micos. De ahí el nombre de este pueblo. Hoy es un caserío atravesado por tres calles principales, un puesto de salud, una escuela, al final de una de estas calles, mulas, caballos y burros taciturnos esperan bajo la sombra de árboles a sus amos para el regreso a la serranía.

El éxodo masivo de pobladores en los años 60 y 70 hacía estas tierras dio origen al más impresionante hibrido cultural. Por décadas han convivido paisas, santandereanos, costeños y boyacenses. Por eso es normal ver en el comercio añorados nombres como: cacharrería Jaramillo, panadería zapatoca, miscelánea el junior…

A la izquierda de esta calle principal en una descolorida valla se alcanza a leer:” no parimos hijos para la guerra”. Seguidamente el bullicio de las cantinas es ensordecedor. De uno de esos billares atestado de gente se escucha el tintineo de las carambolas y una que otra palabrota de júbilo soltada por los tahúres.

El corregimiento de Micoahumado

El 14 de marzo del año 2003, amaneció un cielo encapotado sobre la población de micoahumado. Una llovizna gris caía sobre los techos de zinc. Ese día los pobladores se levantaron con el firme propósito de decirle no más a los violentos. Esto ocurrió después de la más feroz incursión paramilitar del 2 de diciembre del 2002. Con el saqueo al comercio, 11 casas incendiadas y el desplazamiento de muchos de sus habitantes. 45 días duró el sitio al caserío.

Esta ha sido una población parida en medio del conflicto” me dice Jorge Esquivel un campesino delgado y maltratado por la violencia “es una región abandonada por el estado, menos por los grupos violentos” recalca este campesino. En esta población es muy sonado el caso que sucedió en una vereda llamada “boca de la honda”. Ese día un comandante paramilitar reunió a todos los habitantes en una plaza bajo un sol canicular, los tuvo ahí por varias horas hasta el desmayo.  Luego les señaló una imagen de la virgen que estaba el lado de la plaza y les dijo: “será que ella tampoco siente el sol, el calor” y dando orden perentoria mandó construir un techo para dicha imagen. Cuentan algunos pobladores que dicho comandante tenía la dicción de gente del interior. “Fueron épocas donde los muertos si hubiesen resucitado, no podrían salir de sus tumbas porque hasta el cementerio estaba minado” recalca Marina Salgado.

Ese día 14 de marzo fue histórico para los habitantes de Micoahumado, se levantaron en resistencia civil, iniciaron los diálogos de paz con los grupos armados ilegales. Esta iniciativa fue acompañada por la Diócesis de Magangué, liderada por el sacerdote Joaquín Mayorga, hoy condenado al ostracismo. Este religioso traía la experiencia del municipio de Mogotes Santander, cuando en el año de 1997 después de una toma guerrillera y el secuestro de su alcalde el pueblo se declaró en resistencia civil, dando origen a la primera asamblea constituyente en el país.

El día de la estadía en esta población coincidía con una sesión ordinaria de la asamblea. La reunión fue en un amplio salón con paredes desnudas donde pendía la tricolor nacional acompañada de una bandera blanca. La asamblea está constituida por un comité operativo de 13 personas entre ellos los 9 representantes de veredas.  Sesionan ordinariamente cada mes. La agenda de ese día era hacerles seguimiento a algunos proyectos productivos y colocar una multa a un borrachito que había hecho escándalo el fin de semana anterior. Un hombre aindiado de sombrero y poncho con un bigote montaraz abrió la sesión con la invocación al creador, seguido del himno nacional y el famoso canto “buenas nuevas” que según me comentaron es el himno de todas las asambleas constituyentes. Ahí en esa sesión entre otras cosas se presentaron varias asociaciones como Asopromic (asociación de pequeños productores de micoahumado) Asocafemic (asociación de pequeños productores de café).

Un niño entró sigilosamente a la asamblea y le susurra algo al oído al del bigote montaraz. Era el borrachito que hacía su aparición, cabizbajo con un sobrero en las manos en señal de penitencia, haciendo promesas y colocando como juramento este mundo y el otro que se va a portar bien. Pero la asamblea le ha puesto una reparación. Dos bolsas de cemento para las obras comunitarias. Me quedo pensando en esto y me digo que ojalá así sean todas las faltas que cometiéramos los colombianos.  Así termina nuestra visita a este pueblo, por la noche miro a sus habitantes sonreír por sus calles, no han perdido la esperanza. Esto me da la certeza que todavía es posible la paz y la convivencia entre los colombianos.

*Ubaldo Manuel Díaz:sacerdote. Premio nacional de cuento y poesía ciudad Floridablanca. Premio de periodismo pluma de oro 2018.

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