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Mi experiencia en el Jam 9

El amor por la lectura, la música y la poesía se conjugan en un espacio creado por y para artistas. 

Por Andrés Ibañez

Una hoja de papel, un lapicero y el desespero por llegar a tiempo me acompañaban en el autobús que tomé desde el barrio El Bosque a las 5.30pm hacia el  Jam 9 de poesía. Fue un recorrido eterno. Duró 60 minutos. El tráfico en hora pico hizo lo propio, bajo una tarde que se iba junto a unas ganas de llover que se contuvieron.

Llega el momento de bajarme del automotor, quedo ubicado (bueno en realidad no tan ubicado) en la carrera 60 con calle 79, abordo a un señor canoso, vestido con saco y corbata, y le pregunto con el papel en la mano la dirección a la que voy, y me dice: “baje por toda la 60, cuando usted vea que se acaba el puente del country, pregunte de nuevo”,  quedé atónito con la explicación, aun así le hice caso al señor.

Iba por aquel puente, pegado a la parte de las casas fiscales del batallón Paraíso, caminaba apresurado, un par de murciélagos que salieron de lo que sería el patio del batallón me adornaron en el trayecto. En ese momento pensé: “¿Por qué permitirán que crezca tanto monte ahí?, como no hay mosquito y culebra en la ciudad, hasta ¡murciélagos!”, llegué a la carrera 60 con calle 77 crucé a mano izquierda, fui buscando la carrera 65. Para cerciorarme de que iba bien le pregunté a un tipo que aparentaba 30 años de edad, de ropa desgastada y mojada, por el agua con la que lavaba una camioneta negra, al decirle la dirección me responde: “¿usted va para el charladero?, le digo que sí, a lo que agrega: “Sigue derecho, cuando llegues a la panadería que está en la otra cuadra cuenta tres casas, por esta acera de la izquierda”.

No calculé el número de casas después de aquella panadería, pero encontré, por fin, aquél lugar llamado Alexandría- Charladero Restaurante.  Entré y el ambiente del sitio me hizo olvidar lo que me costó llegar, solo habían 3 personas, el evento no había comenzado. Se me ha sabido acercar una señora de piel morena, de contextura gruesa y mediana altura, vestida con una blusa negra cubierta por flores, unas rojas y otras azules, me recordó una foto que vi de París en primavera; de forma amable me pregunta que si era la primera vez que iba, a lo que digo que sí, entonces me comenta: “Este es un sitio fundado por mi hijo en agosto de 2015,  él se llama Juan Guillermo Vásquez,  vive en Bogotá, es ingeniero industrial y  líder de un grupo folclórico llamado Mapaná, el amor de mi hijo por la música, la lectura y la poesía lo motivó a crear un espacio para esos artistas que no tenían dónde mostrarse, y al ver que en Barranquilla no hay espacios así, me plantea la idea a su papá y a mí, nosotros aceptamos y en la sala de nuestra casa pusimos lo que es hoy el charladero, estos espacios es para jóvenes como ustedes que quieran empezar a mostrar lo que hacen”.

Se retira la señora, cuyo nombre es Yara Cabeza, después de darme una reseña de lo que es el lugar. Empieza a llegar la gente, de repente se asoma por la puerta de la entrada con su singular  melena crespa Billie Jean Madera, uno de los principales gestores de la fundación Nuevas Letras, apresurado toma un papel y un lapicero y empieza a anotar a quienes quieren recitar, son las 8:00pm y sigue llegando más gente.

Me tocó el cuarto turno en la lista, lo compartí con un estudiante de quinto semestre de Física de la Universidad del Atlántico, al igual que yo, era su primer vez en un Jam, una atmósfera de nervios nos asechó en aquél lugar, Juan David Martelo, mi acompañante, me  cede el micrófono para que empiece, me olvido de los asistentes, abro la hoja de papel que poseo desde días anteriores y suelto como  ráfaga el primer poema, ya ha pasado, sigue Juan, hace lo mismo,  y así continuamos hasta terminar nuestro número.

En medio de su atareada función de organizador, Billie me cuenta de forma resumida lo que es el Jam:

“Los Jam son un espacio de expresión artística, aunque prima más las expresiones literarias y musicales. En este lugar lo que prima es la libertad en dichas expresiones, sin la intención de juzgar ni nada, tampoco pretendemos decir que de acá nacerán los mejores poetas, pero sí que acá pueden ser libres”.

¿Cómo y dónde nace el Jam?

“El jam no nace acá, pero lo adaptamos como necesidad. En la fundación que manejamos varios amigos y yo hacemos un festival que tiene la finalidad de mostrar el nuevo talento. Pero era muy limitante y, por ende, se excluía mucho. Cuando nuestros amigos españoles nos dijeron de eso decidimos hacerlo acá con más constancia. Acá hacemos el jam desde el 2014, siendo primero en los parques, después en la universidad del Atlántico y llegando a finales del 2015 a Alexandría”.

Eran casi las 10:00pm,  me hubiera gustado quedarme hasta el final, pero estaba al otro lado de la ciudad, y a pesar de que tenía para tomar un taxi, me preocupaba el regreso, menos mal que Martelo el joven que compartió escenario conmigo, pidió un servicio de transporte que no era taxi y me ofreció casi que sin pensarlo acercarme, me llamó poderosamente la atención que Juan David vive en La Paz, un barrio del Suroccidente cercano al mío, un barrio en el que lamentablemente no se le hace mucho honor al nombre, pero que no deja de ser un mar de moluscos llenos de perlas ocultas queriendo ser descubiertas,  en el que existen jóvenes como él y como yo, buscando cualquier oportunidad para salvarnos, buscando sitios de verdadera paz, buscando la forma de seguir transformando, transformándonos.

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