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Mensaje del II Encuentro de la Ruta por la Reconciliación y la Paz del Caribe Colombiano

Durante 3 días en el municipio de Salgar – Atlántico, las jurisdicciones eclesiásticas del Caribe colombiano  se dieron cita para trabajar en una hoja de ruta que lleve a un proceso de reconciliación y Paz en esta zona del país.

Por: Chachareros

Integrando las acciones represetada a través de ruta naranja

Las pastorales sociales del Caribe Colombiano, los Programas de Desarrollo y Paz, las vicarías de Pastoral de las jurisdicciones eclesiásticas, la Red Nacional de Programas de Desarrollo y Paz, Universidades, Empresarios y entidades de Cooperación, acompañados por  Interteam y presididos por los obispos, inspirados y convocados por el Papa Francisco para dar el segundo paso que nos demanda La Ruta por la Reconciliación y la Paz del Caribe colombiano.

El mensaje quiere ser ante todo un signo del compromiso  asumimos  a partir del Evangelio y del testimonio del Papa Francisco, quien, con sus gestos y palabras, ha grabado su mensaje en nuestros corazones. El momento presente nos exige claridad para ver, lucidez para discernir y solidaridad para actuar, y la Ruta, en la que hemos venido avanzando, nos invita a confesar nuestra fe con plenitud, a tener una renovada convicción en lo que hacemos, a confiar en las personas que acompañamos y a mantener la esperanza para los 11 millones de personas que vivimos en esta Región Caribe que anhela, como toda la Nación, la Reconciliación y la Paz, por ello:

1. Reconocemos la necesidad de articularnos como región en el cuidado de la Casa Común como una condición vital que nos vamos a exigir pacientemente unos a otros, abriendo las mesas de diálogo con todos los actores posibles y procurando alcanzar ese “nuevo acuerdo para vivir juntos en un pacto social y cultural”. No sin razón el Papa Francisco nos ha dicho: “El ambiente humano y el ambiente natural se degradan juntos, y no podremos afrontar adecuadamente la degradación ambiental si no prestamos atención a causas que tienen que ver con la degradación humana y social” Laudato Sí # 48.

Monseñor Jairo Jaramillo, presidió la reunión

2. Promovemos el estudio, conocimiento y aplicación de la Carta encíclica Laudato Sí del Papa Francisco como nuestra mayor preocupación por el cuidado de la Casa Común, reconociendo que las discusiones que antes se daban en congresos o revistas de orden científico, hoy, con esta encíclica, trasciende estos ámbitos y alcanza al ciudadano de a pie que vive cotidianamente los embotellamientos del tráfico y al campesino de nuestra Región Caribe incapaz, por el daño causado a la creación, de prever el tiempo de lluvia o de sequía para sembrar o cosechar.

3. Asumimos el reto de pensarnos y de articularnos alrededor del agua, principal activo para nuestro desarrollo, en la certeza de que entre más pez…más paz. Lamentamos, profundamente, que la gran mayoría de nuestros pescadores transcurran mucho tiempo en el río y en el mar, en ciénagas y lagunas, con embarcaciones muy precarias, lo cual hace del arte de la pesca una profesión peligrosa, que si bien algunas veces da para comer no alcanza ciertamente el goce efectivo de los derechos.

4. Aceptamos, como hombres y mujeres de un Caribe que no ha hipotecado su esperanza el gran debate de hoy: ¿Si el agua es fuente de vida para nuestros pueblos y comunidades, puede ser también fuente de lucro para unos pocos? Creemos y reafirmamos que el agua que riega nuestra región caribe es un don de Dios, un derecho humano vital y un Bien Común. Acceder al agua es una cuestión de justicia y de sostenibilidad social y política de todo el Caribe como lo hemos aprendido en estos tres días de reflexión y oración, acceso que debe regularse de tal forma que todos nuestros hombres y mujeres tengan acceso al don del agua.

5. Acogemos el buen propósito de construir una agenda para el cuidado de la Casa Común juntamente con nuestros gobernantes y empresarios, académicos y tomadores de decisión. Con humildad reconocemos que tal vez no hemos sabido dialogar por la incapacidad para descifrar las razones que han estado a la raíz de un distanciamiento, pero que hoy vemos, con mayor lucidez, que contienen, en si mismas, los buenos motivos para un acercamiento. Una de las grandes urgencias del Caribe es la construcción de una visión humanística de la economía y una rehabilitación de la política, en orden a la participación de las personas y la erradicación de la pobreza. Ocuparnos de una agenda conjunta con nuestra clase dirigente en la que nos exigiremos recíprocamente ser coherentes y responsables, es también una forma de reafirmar nuestra opción por los pobres.

6. Rechazamos la cultura dominante en muchos de nuestros pueblos y ciudades en la que todo se vale, menos la vida. Somos conscientes de que, en el Caribe, como en casi toda la Nación, nos estamos matando, cada vez más. Nos jugamos la vida, en eventos y bajo circunstancias, en las que otras culturas y sociedades, vecinas y más pobres, nunca arriesgarían su vida. Hemos perdido nuestra capacidad de asombro y nuestra capacidad de reaccionar. Hemos llegado al extremo de la indolencia, de la insolidaridad, de la impotencia, de la inercia. Reaccionamos de manera grandiosa frente a los desastres inevitables, y en forma cobarde, frente a los desastres que podríamos evitar: los de la confrontación armada y la criminalización del conflicto social. El Papa Francisco nos ha invitado en esta Ruta a construir un nuevo acuerdo entre todos. Será una carta de navegación por el Caribe, en el mediano plazo y en el largo plazo, con la cual mostrarnos, orgullosos con nosotros mismos: haber sido capaces de construir desde abajo la comunidad, la ciudad, la región y la Nación, en un proceso de reconciliación liderado por la gente que ama y que ha salido decididamente al rescate de sus amores.

7. Expresamos nuestra solidaridad con nuestros hermanos migrantes de Venezuela, nación que en tiempos difíciles abrió sus brazos a hombres y mujeres del caribe colombiano. No seremos inferiores a esta exigencia y desde ya nos disponemos, siguiendo los criterios del Papa Francisco, a promover una acogida digna y respetuosa, a brindar una protección con un claro enfoque de derechos, a facilitar una promoción y reconocimiento de todas sus potencialidades y capacidades y a realizar una integración en el espíritu del apóstol san Pablo: “Acójanse mutuamente como los acogió Cristo para la gloria de Dios” (Romanos 15,7)

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