Ahora estoy en un berenjenal. No sé si seguir aplicando el adagio, proverbio, máxima, sentencia, o dicho popular trajinado, o la nueva versión que termina de acuñar Luz Ángela que da el título a este escrito.
Por: Óscar Flórez Támara
Poco importaba el conocimiento o la capacidad de plantear o resolver los problemas que se presentaban en aquellas épocas, porque se suponía que quien más había vivido tenía mayor experiencia y mayor saber acumulado ante aquellos que iniciaban la vida. De todas estas observaciones pudo haberse generado el adagio, dicho popular o máxima que, “más sabe el diablo por viejo que por diablo”. Es allí donde empieza a tener un giro la propuesta de Luz Ángela. Si el tiempo de por sí hace el aporte al conocimiento, entonces ¿cuál sería la lógica que le corresponde a la educación en la búsqueda del conocimiento si este solo se obtiene es con la vejez?
Luz Ángela me ha hecho repensar este proverbio. El giro que le ha dado es de un cambio sustancial que nos lleva al análisis y a la correcta aplicación que se le debe dar a esta sentencia. El diablo no puede saber más por viejo que por malo, y si así fuera, la juventud jamás podría competir en maldad con la vejez. La historia nos ha demostrado que existen generaciones nuevas que han superado en perversidad a nuestros antepasados. Personas de edades mínimas con prontuarios de maldad altamente elevadas. La vida en sus permanentes quehaceres así lo confirma. Entonces, es bueno reflexionar sobre el uso y aplicación que se le da a ciertas máximas que en muchos casos no se compadecen con lo que queremos afirmar o lo que intentamos significar.
Saber más el diablo por viejo que por malo es desconocer el conocimiento y la intención de la maldad.Luz Ángela me ha creado esta posibilidad de duda, y toda duda es principio de búsqueda y de conocimiento, de camino y de método, que gira, como lo planteaban los antiguos, hacia la luz. Como un túnel sin final, donde la vida cada día es nueva y necesita de mayores conocimientos, porque la simple vejez no garantiza nada, ni siquiera la perfección de la maldad la cual a veces se afina en las más prestigiosas universidades de donde salen cerebros perversos y pervertidos capaces de cometer los actos más asquerosos y aberrantes que se hayan dado en la humanidad por gente joven.