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Más de una credencial pende de un hilo

Candidatos se quejan de los digitadores de la firma contratada por la Registraduría para la infraestructura y logística. 

 Por Rafael Sarmiento Coley

En la recta final de los escrutinios, más de una credencial pende de un débil guarismo que puede disminuir, o aumentar, ahí sí, juega más el azar que la precisión de los computadores que usa la firma que contrató la Registraduría para digitalizar el trabajo de las distintas comisiones escrutadoras.

Las pruebas en manos de José Trocha son los resultados ya digitalizados y los datos que venían de las mesas de votación.

Es una situación que pareciera ser un halo maligno que recae sobre la Registraduría cada vez que hay un debate, por más que se apliquen distintos métodos y sistemas para la tarea posterior a los comicios.

Parece mentira, pero casi no hay quejas de lo que hacen a mano los miembros del jurado de las distintas mesas en los puestos de votación. Todo ello a pesar del recurrente lamento de la Organización Electoral de la poca voluntad que aplican los jurados convocados para que asistan a las jornadas de capacitación.

Sin embargo, a última hora, con lo poco que se actualizan en las escasas horas que cumplen en capacitación, se diría que las quejas son mínimas. Un votico de más, o de menos en una mesa de votación, un reclamo porque los 8 votos de una mesa que le pusieron a un candidato realmente resultó que eran de otro. Cositas así.

“Lo que uno se sorprende es del salto de canguro que se sigue dando, aún con todas las tecnologías que se están aplicando en cada debate”, dice José Trocha, demuestra que de los puestos de votación el domingo se vino con 7.197 votos y ocupaba el cuarto puesto en la lista de Cambio Radical, que lo avaló.

«Mi votación es segura. En total son 7.197, no esos 6.275 que me endilgan escrutadores y digitadores».

Sin embargo, cuando empezaron a sacarle las cuentas en las comisiones escrutadoras, la votación, entre comisiones y digitadores, empezó a bajar de manera abismal, hasta cuando lo sacaron del grupo de los ganadores de Cambio Radical. Y terminó por debajo de Carlos Hernández, quien termina en el último puesto de las credenciales del partido del alcalde electo Alex Char. Hernández entra con 6.923 y Trocha se queda por fuera con 6.275. La diferencia es de 648 votos.

Trocha alega que ha conseguido formularios de las comisiones en donde, al hacer la sumatoria total, queda con 7.197 votos, que fue la votación que trajo del conteo del domingo después de la jornada electoral.

Ahora insiste en demostrar el error, que puede ser de dedo por parte de los digitadores, o por el cansancio físico de algún miembro de una de las comisiones que le puso a él sumas inferiores, tal vez sin mala fe.

Pero mientras Trocha apela a la buena fe, hay candidatos que de manera furiosa sindican a escrutadores y digitadores por igual, de tener “una cadena de corrupción, se habla de cifras de doscientos millones de pesos para arreglarle a uno la vida subiéndolo a la lista de los ganadores y sacar al último en la lista. Aquí sí que cabe el dicho aquel ‘pendejo el último’. Es decir, si el último no se avispa y paga, lo sacan”, según un candidato que ya se resignó a no ser concejal de Barranquilla, por lo menos en este nuevo cuatrienio con Alex Char.

El candidato derrotado asegura que “allí en esos dos pasos, entre escrutadores y digitadores, un voto puede llegar a costar veinte millones de pesos. Así como lo oye. Y no se espante, que es la purita verdad”.

Ante eso, la pregunta que se hace el ciudadano del común es ¿Cuándo habrá un debate limpio, sin tantas tramoyas?

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