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Martín Hernández,455 razones para soñar con la ingeniería de sistemas

Por: Francisco Figueroa Turcios

En Tolú, donde el mar parece conversar todos los días con el horizonte, hay un muchacho que ahora mira mucho más lejos. No solamente hacia donde se pierde el azul del Caribe, sino hacia Medellín, las universidades, los computadores, los programas informáticos y ese mundo invisible de códigos que algún día quiere aprender a dominar.

Se llama Martín Hernández medina y acaba de escribir uno de esos capítulos que una familia difícilmente olvida. Obtuvo 455 puntos sobre 500 en las Pruebas Saber 11, resultado que lo convirtió en el estudiante con el puntaje más alto del departamento de Sucre.

Pero detrás de ese número hay mucho más que una cifra. Hay horas de estudio, disciplina, sacrificios y, sobre todo, un sueño que Martín Hernàndez ya tiene perfectamente definido: quiere estudiar Ingeniería de Sistemas.

«Quiero estudiar ingeniería de sistemas, porque siempre me han llamado la atención los programas informáticos y cómo funcionan las aplicaciones que usamos todos los días”, reveló Martín.

Martìn Hernàndez, no habla de su futuro como quien improvisa una respuesta. Lo hace con la seguridad de quien ya comenzó a construirlo.

Martín Hernàndez, estudia bachillerado en la Fundación Educativa Jean Piaget de Tolú, institución desde la cual comenzó a recorrer el camino que ahora lo coloca en el primer lugar de Sucre en las pruebas de Estado.

Sus 455 puntos no solamente le entregaron un reconocimiento académico. También le abrieron una puerta que parecía distante y que ahora comienza a hacerse realidad: la universidad. Y Martín Hernàndez ya sabe hacia dónde quiere caminar.

Medellín, tierra prometida…

La capital antioqueña aparece en su mapa personal como el próximo destino de Martìn Hernàndez. Allí espera estudiar en EAFIT, aunque también se inscribió en la Universidad de Antioquia.

La elección de Medellín tiene, además, una razón familiar. Su hermano Óscar estudia Derecho en EAFIT. Por eso, cuando Martín piensa en su futuro universitario, no imagina una ciudad completamente desconocida. Ya existe allí un pedazo de su familia.

Padres felices…

Foto: Óscar Hernàndez, Martín Hernàndez y Marleidys Medina

Para sus padres, Marleidys Medina Silgado y Óscar Vicente Hernández Rosado, los 455 puntos de Martín representan una alegría difícil de describir.

Es el orgullo de ver que el esfuerzo de un hijo comienza a transformarse en oportunidades. Pero también es una alegría que tiene detrás una historia de sacrificios. Los padres de Martín Hernàndez tienen un emprendimiento dedicado a la venta de celulares. Con ese trabajo han levantado a su familia y han procurado brindarles a sus hijos las mejores oportunidades posibles.

Óscar Hernández lo resume desde la realidad cotidiana de una familia colombiana que sabe que estudiar una carrera profesional, especialmente lejos de casa, representa un esfuerzo económico enorme.

“Mi esposa y yo tenemos un emprendimiento de ventas de celulares y es una bendición que Martín pueda acceder a una universidad, porque la difícil situación económica del país no nos hacía posible tener dos hijos estudiando en Medellín”, anota Óscar Hernández.

Foto: Martín Hernández

Ahí está quizás la otra dimensión de los 455 puntos. No son solamente el resultado de una prueba. Son también una llave. Una llave que puede abrir la puerta de una universidad, pero también la posibilidad de que un muchacho de Tolú pueda cumplir el sueño de convertirse en profesional.

Martín sabe que ahora comienza otra prueba, quizás diferente a la que acaba de superar. La de abandonar por un tiempo la tranquilidad de su tierra, dejar atrás el paisaje conocido de Tolú y enfrentarse a una ciudad mucho más grande, a nuevas exigencias académicas y a la responsabilidad de responder por ese talento que acaba de demostrar.

Pero tiene algo a su favor: sabe lo que quiere. Quiere entender cómo funcionan las aplicaciones que millones de personas utilizan diariamente. Quiere entrar en ese universo de computadores, programas, códigos y tecnología que desde hace tiempo despierta su curiosidad.

Tal vez algún día, desde un computador en Medellín, recuerde aquella mañana en que conoció el resultado de las pruebas y descubrió que había obtenido 455 puntos. Quizás entonces comprenda que aquel número no era solamente una calificación.

Era el comienzo de un viaje. Un viaje que nació en Tolú, que pasó por las aulas de la Fundación Educativa Jean Piaget y que ahora apunta hacia Medellín. Y mientras sus padres hacen cuentas para sostener el sueño universitario de sus hijos, Martín hace las suyas de otra manera: imagina líneas de código, programas, aplicaciones y soluciones que todavía no existen.

Porque los grandes sueños suelen comenzar así: con una familia que hace sacrificios, con un muchacho que estudia y con una cifra que, de repente, convierte lo imposible en una posibilidad. 455 puntos sobre 500. En el departamento de Sucre, ese número ya tiene nombre propio: Martín Hernández.

Orgullo para la Fundación Jean Piaget ...

Foto: Mary Luz Márquez, Fundación Educativa Jean Piaget

Para Mary Luz Márquez, rectora de la Fundación Educativa Jean Piaget de Tolú, el resultado de Martín Hernández no es solamente una cifra de 455 puntos sobre 500. Detrás de ese puntaje hay años de esfuerzo, dedicación y un trabajo constante por formar jóvenes capaces de creer en sí mismos.

“Significa esfuerzo, dedicación y años de trabajo. También es una manera de dar a conocer nuestra Fundación Educativa Jean Piaget y demostrar que sí podemos sacar adelante a nuestros jóvenes, aun con pocos recursos materiales, pero ricos espiritualmente”, expresa Mary Luz Márquez, rectora de la Fundación Educativa Jean Piaget de Tolú.

En sus palabras aparece una de las claves del proyecto educativo que dirige: trabajar de manera permanente en la autoestima y en los valores de los estudiantes. Porque para Mary Luz Márquez, educar no consiste únicamente en preparar a un muchacho para obtener un buen resultado académico, sino en entregarle herramientas para enfrentar la vida con dignidad, confianza y principios.

El éxito de Martín Hernàndez, entonces, también es el reflejo de una comunidad educativa que ha aprendido a convertir las limitaciones en motivos para seguir luchando. Y aquel muchacho que hoy mira hacia la ingeniería de sistemas representa, para su rectora, la confirmación de que cuando se siembran conocimiento, disciplina, autoestima y valores, hasta los sueños que parecen más lejanos pueden comenzar a tocar la puerta del futuro.

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