Por: Francisco Figueroa Turcios

Este pugilista barranquillero le siguió los pasos al ex-campeón mundial Antonio Cervantes, el legendario Kid Pambelé, no en las gestas deportivas, sino en el mundo de la drogas. Hizo parte del grupo de boxeadores que en el campo aficionado brillaron con luz propia en el concierto nacional al lado de Eliécer Julio, Simón Mejía y Julio Coronel, defendiendo los colores del Atlántico.
Eran las once de la mañana. Manuel se acababa de levantar, dormía plácidamente en un corredor de calles 38 con carrera 46 de la capital del Atlántico. Estaba lúcido porque se le había pasado el efecto del último tabaco de marihuana que había consumido, según él, a eso de las tres de la mañana. Me reconoció y me dijo: “llegaste como mandado por Dios, tengo mucha hambre, no cargo una sola moneda pa’ comer, ni menos pa’ comprar un tabaco”.
Hizo una pausa y prosiguió: “no te tengo que echarte mentira, tú y Estewil (Quezada) fueron mis amigos periodistas cuando fui boxeador”. La primera vez que fumó marihuanaManuel se ha convertido en un habitante de la calle en los últimos nueve años y deambula por el sector del centro porque le queda fácil llegar a la zona deBarlovento. Allí compra la droga de acuerdo a lo que pueda obtener con las personas que lo reconocen y le regalan algo de dinero.
Comenzó con marihuana, ahora lo alterna con bazuco, que es lo peor de los alucinógenos. Por algo lo denominan ‘El campeón’, porque acaba con todos los que lo enfrentan. Manuel refleja en sus dientes un color marrón. Los tiene astillados como consecuencia del consumo de la droga.
La gente lo reconoce como deportista, pero muchas veces lo tratan de evadir por el olor que emana, por los días y hasta meses que dura sin bañarse. Hoy es un indocumentado y más de una vez ha tenido contratiempos con la Policía. Primero empeñó la cédula para adquirir un pucho de marihuana y luego hizo lo mismo con el pasaporte para adquirir un poco de bazuco. «No tengo ningún documento de identificación, pero me acuerdo perfectamente del número de mi cédula y del pasaporte», añade ‘Mañongo’.
Al preguntarle si le proponen rehabilitarlo para que sea un hombre útil a la sociedad a sus 38 años, categóricamente responde: «las dos personas que me podían ayudar son Hugo Rivero, quien fue mi apoderado, hace poco me enteré que fue víctima de un atentado y es imposible que esté para estos menesteres; y Billy Chams, otro gran amigo que me ayudaba mucho, se murió».
Manuel espera que ojalá una entidad del Estado asuma su caso, pues al fin y al cabo se trata de un boxeador que en su momento fue brillante y merece la pena salvarlo del infierno de las drogas.
(Próxima entrega: De consumidor a «mula»)
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