Icono del sitio La Cháchara

'Mandarina', la película

En este mundo, tan poblado de guerras por ser un buen negocio, la película ‘Mandarina’ constituye un rocío en el desierto.

Por Jorge Guebely

Forma distinta y humana de ver los conflictos regionales. ‘Mandarina’ va más allá de la voracidad entre combatientes. La maestría cinematográfica de Zaza Urushadze, director de origen estonio, resalta la refriega entre chechenos y giorgianos como un excelente ejemplo de la estupidez guerrera. Manifestación universal, en todas partes estamos dominados por las mismas élites económicas, los empresarios del conflicto.

El drama se centra entre dos soldados nacionalistas, Ahmed y Niko, de bandos diferentes. Por azar quedaron atrapados en casa de Ivo, un campesino mayor que decidió permanecer en territorios de combates. Las heridas causadas por los enfrentamientos y la compasión de Ivo los junta fuera de las operaciones militares.

Deben mirarse personalmente a pesar de las diferencias patrióticas. Y a buen ritmo de cine, los odios se van desmoronando durante toda la película. Escenas bien ubicadas, giros inesperados y diálogos luminosos, construyen un enorme trabajo estético de escasos 83 minutos. Al final, las implacables amenazas de los contrincantes se disminuyen para dar paso a la amistad. Flota en la conciencia del espectador la certeza de que los odios guerreros no son más que construcciones mentales. Más allá, los seres humanos pertenecen a una misma especie. La labor superior de este acercamiento lo edifica Ivo. Su lenguaje y su carácter le dan el aspecto de un sensato. Su conciencia humanizada se impone sobre la violencia partidista. Ninguna arma utiliza en su tarea, se vale únicamente de la sabiduría para conseguir semejante objetivo. El mensaje es uno: sólo la sensatez puede superar la estupidez de la violencia patriótica. Mensaje superior en un mundo atiborrado de necedades mercantiles. No extraña que uno de sus críticos afirmara que ‘…es una película que nos llega al alma y se nos clava en el corazón desde el primer momento’. Tampoco que hubiese sido nominada al Globo de Oro; y su director, premiado en Varsovia; y que el público la hubiese escogido en el festival de Mennhein-Heidelber, Alemania. Un buen indicativo: a pesar de tantas guerras, son muchos los ciudadanos que las detestan por sus orígenes espurios, el peor de los negocios asesinos. Los colombianos deberían verla, degustarla y reflexionarla. Representa un tono distinto de la guerra. Supera el delirio de los bandos. Eleva la sabiduría por encima de los fanatismos y los mezquinos intereses. Señala un camino que no estamos acostumbrados a transitar.

Nota: la cinta es fácil de encontrar en internet.

]]>
Salir de la versión móvil