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Maja, la alemana que conoció la vía del contrabando hacia Ecuador

Una joven que vino a unas pasantías en Barranquilla, en unas breves vacaciones se fue al vecino país y dialogó con los contrabandistas al por menor. 

Por Rafael Sarmiento Coley/Video Jorge Mario Sarmiento Figueroa

Maja Petersen participó en el Carnaval de Barranquilla en una danza alegórica de África.

Con unos ojos pequeños y de un azul intenso, en apariencia frágil e indefensa, Maja Peterson, una estudiante alemana que vino a Barranquilla a unas pasantías de un año, es una potencia discreta y silenciosa para indagar sobre asuntos muy ocultos y también sobre aquellas cosas que todo el mundo comenta pero nadie se detiene a averiguar cómo es el cuento.

En su país natal estudia Comunicaciones en Lenguas Modernas. A ella le encantan la fotografía y la redacción de sus vivencias de viaje.

Sin un propósito específico, en las recientes vacaciones universitarias, a Maja se le ocurrió ir a conocer uno de los países vecinos de Colombia. Desechó Venezuela por “la clara violación del Derecho Internacional Humanitario con la población colombiana residente allá”.

Así que decidió viajar a Pasto, Nariño, y de allí saltar a tierra ecuatoriana por el puente de Rumichaca. Como buena aventurera, todo su recorrido, desde Barranquilla, (ida y vuelta) lo hizo en bus. Con su espíritu de trotamundos buscó siempre las líneas de buses más baratas (“porque hay algunas que tienen mucho lujo y publicidad, pero cobran tarifas muy altas a los pasajeros”).

En el viaje de ida, su primera sorpresa fue al llegar al puesto de aduanas de Rumichaca, en Ecuador. Los hicieron bajar a todos. Bajaron cualquier cantidad de contrabando. Más que todo arroz, aceites, margarinas, en fin, todos los productos de la canasta familiar, más televisores y celulares.

Cuando de nuevo ordenaron que el bus siguiera su viaje, Maja, que ya había entablado conversaciones con sus dos compañeros de banca (una joven pareja de recién casados). Se enteró del porqué del contrabando de Colombia hacia Ecuador.

“Mire, en Colombia nosotros hacemos una compra por doscientos dólares, que en nuestro país en los supermercado nos cuesta 250 dólares. En Colombia compramos un televisor de 50 pulgadas por 800 dólares, en Ecuador nos cuesta 1.300 dólares”.

Rafael Correa, el Presidente ecuatoriano, en forma repetida ha apelado a su verbo fácil y candente, no para insultar a nadie como solía ser su estilo, sino para “implorar al comprensivo pueblo ecuatoriano, a que no sigan comprando mercancías en Colombia. Que hagan valer su orgullo ecuatoriano para comprar lo nuestro. Para hacer nuestro mercado aquí”.

No solo Correa ha apelado al sentimiento patriótico. El Servicio Nacional de Aduanas del Ecuador (Senae), ya ha aplicado las primeras normas para restringir el contrabando.

“Y en el bus de regreso, un señor ya viejo me dijo que lo que más aterra a los ecuatorianos es que esta semana el gerente general del Senae, Xavier Cárdenas, anunció que vendrán medidas más drásticas”.

Por lo menos en los puntos que conducen a Ipiales, la ciudad colombiana fronteriza, el Comité de Comercio Exterior (Comex), “según me contó el señor, aplicará medidas policivas aún más duras”.

“Lo que vi a la ida es que es tan intenso el contrabando, tan numerosos los vehículos –tanto de transporte colectivo como carros particulares- que los guardias no registran bien por física falta de tiempo. Por ejemplo, en el viaje de ida, ya cuando pasamos el retén de Rumichaca, la pareja de recién casados me pidió el favor que pisara con suavidad el aparente piesero especial porque debajo iba una paca de arroz, y yo iba sentada encima de un televisor de pantalla plana, amarrado debajo del asiento”.

Maja asegura que se quedó boquiabierta cuando, al pasar el puesto de Aduanas, el bus se fue “desarmando”. De debajo de las sillas, del techo con doble fondo, de los maleteros, de bodegas ocultas debajo del pasadizo, de todos los puntos inimaginables del vehículo, los ecuatorianos iban sacando su mercancía colombiana de contrabando, lo que golpea duramente a la economía ecuatoriana, arrinconada por la devaluación del precio del petróleo, su principal fuente de vida.

Algunas de las imágenes hermosas de Ecuador que Maja captó en su viaje

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