En la época de Oro del Rey Pelé la discusión en los mentideros deportivos era si el buen futbolista “nace o se hace”. La pregunta, hoy, tiene plena vigencia con el tema de la homosexualidad.
Por Rafael Sarmiento Coley
Claudia Martelo García es una periodista, escritora y catedrática de inglés avanzado, nacida en 1968 en Corozal, Sucre. Desde el prekinder sus padres y otros tres hermanos se mudaron a Barranquilla a un penthouse muy acogedor.
Ana Milena Londoño y Cucha Duque, las presentadoras de la obra en el auditorio ‘Mario Santo Domingo’ de la Aduana.
Muy joven, tan pronto culminó los estudios de comunicación social y periodismo, comenzó a realizar las prácticas en uno de los diarios barranquilleros. Era una niña de poco hablar (no tímida, de eso no tiene nada, aunque diga lo contrario). De frágil apariencia, decente y de sanos modales como toda buena mujer sabanera. Dado su carisma innato, no le fue nada difícil hacerse al ambiente de una redacción solidaria, alegre, en la cual se vivía un verdadero espíritu de formación profesional.
En el diario era frecuente celebrar el cumpleaños de un compañero. En esta ocasión el turno le correspondió a la editora regional. Ya en la redacción había el rum rum de que uno de los editores, solterón empedernido, le había puesto el ojo a Claudia.
Miguel Iriarte, poeta, escritor y director de la biblioteca Luis Eduardo Nieto Arteta, comentarista de ‘Madres del triángulo rosa’.
La idea fue bien recibida. Ambos jóvenes y solteros. ¿Para qué más? Lo que ocurrió en el baile fue toda una sorpresa: quien le soltó los perros a la joven nueva compañera de redacción fue uno de los principales socios de la empresa. Y eso fue tumbando y capando, como dicen los ganaderos.
Al año estaban casados y a los tres años ya tenían sus tres hijos, y poco después se separaron. Él se fue por su camino, y ella quedó quieta en casa paterna, hasta cuando contrajo segundas nupcias con dos retoños más. Total, cinco hijos.
El drama
Cielo Támara, directora de la Corporación Luis Eduardo Nieto Arteta.
A pesar del temprano desencuentro del primer matrimonio, a Claudia no la golpeó tanto ese suceso como lo que ya le venía quemando las entrañas. Juanse, su hijo mayor, desde muy niño se desgarraba en llanto cada vez que en la escuela lo inducían a ponerse los guayos y jugar un partido de fútbol. Eso no iba con él.
A diferencia de Pelé, que aprendió a patear una bola apenas empezó a caminar, Juanse odió el balón desde cuando lo vio por primera vez.
Danella Fama participó con una pregunta sobre el fenómeno gay en Colombia.
Cada vez el drama para Claudia era mayor. Empezó el matoneo contra Juanse en la medida en que algunos de los compañeros descubrieron su marcada tendencia sexual. Luego el ‘bullying’ fatal cuando unos amigos le descubrieron una cajita de polvo facial con la que él trataba de ocultar los primeros asomos del inevitable acné.
Walter Bohórquez, uno de los panelistas durante la presentación del libro de Claudia Martelo.
Esa serie de episodios desencadenan la primera separación matrimonial. Y es cuando Claudia, en vez de claudicar, se llena de valor para encarar la situación. Como la mejor estratega deportiva o psicóloga sexual, empieza su mirada profunda y sincera del caso de su hijo. ¿Cómo hacer para ayudarlo a salir del closet? En especial en un país – y en una región como el Caribe colombiano- tan machista casi rayano en lo homofóbico.
La noche de estrellas
Poco a poco, con tirabuzón, Claudia fue sacando lo que su hijo sufría por dentro, algo que lo quemaba tanto como a ella. Hasta cuando llegó el día en que él le confesó “mami, es que a mí no me gustan las mujeres”.
A partir de allí la amistad entre madre e hijo se hizo más sólida y abierta. Lo primero que pensaron fue un viaje al exterior, en una ciudad más tolerante, en donde él pudiera adelantar sus estudios artísticos lejos del matoneo tropical, aunque amenazado por otros peligros peores como la droga y el sida.
Claudia se volvió adicta a Google, en busca de cuanta historia se refiriera a la homosexualidad, sus posibles causas, el origen de la palabra gay a la cual en principio no le encontraba sentido.
A lo que sí le encontró sentido en forma maravillosa fue al título y los puntos de enlace de esta obra que es un hermoso canto de una madre a su hijo, en medio de tantos sufrimientos.
Después de ver centenares de películas y documentales sobre el tema, asistir a conferencias con expertos, con profesionales sobre sexología, una noche, cansada, se quedó sentada en la puerta de la casa viendo un cielo claro, bello, con tres estrellas en forma de triángulo invertido. Trató de identificar cada una de las estrellas. No pudo. Pero ahí estaba su amigo Google que en un par de minutos le enseñó que “El triángulo rosa” era la señal perversa con que la Gestapo (policía secreta de Hitler) identificaba a los homosexuales. Porque los nazis eran homofóbicos a morir, teniendo entre ellos a numerosos miembros de esa cofradía, pues según los más acuciosos historiadores sobre la vida del Führer, no se confirma que tuviera una relación amorosa con Eva Braun, pues su clímax sexual le llegaba en lo más emocionante de sus discursos incendiarios.
Portada de la obra de Claudia Martelo García ‘Madres del triángulo rosa’.
Los malvados de la policía secreta hitleriana, a todo aquel que notaran con amaneramientos, lo seducían con la promesa de que serían distinguidos con escarapela con el dibujo del ‘triángulo rosa invertido’, y más tarde, serían liberados ‘para que no se burlen de ustedes’. Pura mentira. Terminaban masacrándolos, con la brutal teoría de que eran un riesgo para la ‘pureza de la raza área’.
‘Madres del triángulo rosa’ es una hermosa y tierna historia sobre si “el gay nace o se hace”. Una visión profunda, sensible y humana de una madre que supo capear el vendaval con inteligencia suprema. Una enseñanza de vida.