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Luka Modrić y su última cita con la historia: 5 mundial

Por: Francisco Figueroa Turcios

El tiempo suele ser implacable con los futbolistas: Luka Modrić con Croacia comienza ante Inglaterra la última cita mundialista.

Con el paso de los años pierden velocidad, les desgasta las piernas y termina empujándolos hacia el retiro. Pero hay jugadores que desafían el calendario y convierten cada año adicional en una obra de arte. Uno de ellos es Luka Modrić.

Cuando el mundo se prepare para vivir la fiesta del Mundial de 2026, el pequeño gigante de Croacia llegará a su quinta cita con la historia. A sus casi 41 años, el mediocampista balcánico volverá a pisar el escenario más grande del fútbol, el mismo que conoció por primera vez en Alemania 2006 cuando era apenas una promesa de talento infinito.

Desde entonces, Modrić ha sido testigo y protagonista de una era. Estuvo en Brasil 2014, condujo a su selección hasta una final inolvidable en Rusia 2018, donde fue reconocido con el Balón de Oro del torneo, y volvió a liderar a los croatas en Catar 2022, demostrando que la calidad no entiende de edades.

Desplazado de la guerra de los Balcanes

La historia Luka Modrić, es la de un niño que creció en medio de las heridas de la guerra de los Balcanes y que terminó convirtiéndose en el futbolista más importante que ha dado Croacia.

Con su visión privilegiada, su elegancia para manejar el balón y su capacidad para encontrar espacios donde nadie más los ve, Modrić transformó el mediocampo en un escenario de creatividad y belleza.

Luka, mucho antes de convertirse en el cerebro de Croacia y en uno de los mejores mediocampistas de todos los tiempos, Luka Modrić conoció el rostro más cruel de la historia. Nació en el pequeño pueblo de Zaton Obrovački, cerca de Zadar, donde sus primeros años transcurrieron entre las montañas Velebit y el cuidado de cabras junto a su familia.

Pero la tranquilidad del campo desapareció abruptamente en 1991 con el estallido de la guerra de independencia croata. La tragedia golpeó de manera irreversible cuando su abuelo, Luka Modrić, fue asesinado por fuerzas serbias cerca de su hogar. La familia se vio obligada a huir y a buscar refugio en Zadar, llevando consigo poco más que la esperanza de sobrevivir.

.En medio de aquel escenario de miedo e incertidumbre, el fútbol apareció como una tabla de salvación. Mientras las explosiones sacudían la ciudad y los morteros alteraban la rutina de los refugiados, el pequeño Luka pasaba horas enteras jugando con una pelota en los estacionamientos del Hotel Kolovare. Allí, entre automóviles y edificios marcados por la guerra, comenzó a forjarse el futbolista que años más tarde maravillaría al mundo. Sus entrenadores recuerdan que nada lograba apartarlo del balón; era su refugio, su lenguaje y su forma de desafiar la realidad.

El destino terminó guiándolo hacia las divisiones menores del NK Zadar. Sus padres, pese a las enormes limitaciones económicas de una nación herida por el conflicto, hicieron sacrificios para costear sus botas y sus desplazamientos.

Quienes lo vieron entonces, como Josip Bajić, percibieron que aquel niño delgado escondía algo extraordinario. Nadie podía imaginar que aquel refugiado de guerra, que perseguía una pelota para olvidar las bombas, terminaría conduciendo a Croacia a una final del Mundial y convirtiéndose en el futbolista más grande de la historia de su país.

Ultima cita con la historia

Ahora tendrá una última cita con la historia. Será su quinto Mundial, probablemente el último capítulo de una carrera legendaria. Cada pase suyo será observado con admiración, cada control despertará aplausos y cada aparición en el campo recordará que el fútbol también puede ser una expresión artística.

Porque más allá de los títulos, los récords y los reconocimientos, Luka Modrić deja un legado de inteligencia, disciplina y amor por el juego. Cuando llegue el momento de la despedida, el mundo del fútbol no solo estará viendo a un veterano disputar su último Mundial. Estará contemplando a una leyenda que se resiste a abandonar el escenario.

Y mientras el reloj avanza inexorablemente, Croacia y el planeta fútbol se preparan para disfrutar una vez más de su maestro. Será la última danza de Luka Modrić, el hombre que convirtió la sencillez en genialidad y que enseñó que los sueños más grandes pueden nacer incluso en los rincones más golpeados por la historia.

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