Uno de los referentes de la Selección Colombia del mundial prejuvenil de Escocia, lleva 18 años semi parapléjico.(Historias:De la fama al hampa)
Por:Francisco Figueroa Turcios
Luis León Suarez, ahora ya camina lento. Lleva un bastón en la mano y una prótesis de aluminio en la pierna izquierda para lograr el equilibrio en su cuerpo.
Los conductores que a diario estacionan sus vehículos o transitan en Barranquilla por la Calle 77 con la Kra 66, zona comercial y bancaria del Norte, jamás pueden imaginarse que esa persona que cuida sus carros fue un futbolista integrante de la selección Colombia, categoría Pre-juvenil, que estuvo en el mundial en Escocia, 1.988.
Luis León, tiene pinta de cantante rockero: cabello largo y con un arete en la oreja izquierda. Al encontrar la primera dificultad en la profesión del fútbol, decidió abandonar la práctica de este deporte e ingresar al mundo de la delincuencia.
Lucho, como le dicen cariñosamente sus compañeros, fue la ‘oveja negra’ del puñado de jugadores atlanticenses que marcaron un hito en la historia del fútbol colombiano: ganar el título invicto en la categoría infantil en el año 1987 . El siguiente año esa fue la base de la selección Colombia en el Torneo Suramericano Pre-Juvenil, donde ganaron un cupo al mundial en Escocia.
En ese grupo de jugadores que pertenecían al Club Apuestas La Fortuna se destacan Víctor Pacheco,Henry Zambrano, Oswaldo Mackensie, Wiliam Fiorillo, Douglas Molina, Modesto Gaibao y Luis León. Cada uno después de actuar con el combinado nacional fue requerido por diferentes clubes profesionales. Luis león fue a Envigado a ratificar sus condiciones de lateral izquierdo o volante mixto en que se desempeñaba con lujo de detalles.
El balón rueda hacia atrás
«Recuerdo que el técnico del Envigado era Luis «Chiqui» García y había un buen grupo de jugadores, entre ellos recuerdo a Mauricio «Chicho» Serna, Felipe Pérez, Hugo Tuberquia y Alberto Gamero. El ‘profe’ estaba a gusto con mi rendimiento. Me daba la confianza.
Después de cuatro meses de estar allá, el hijo del dueño del Envigado, Oscar Upegui, me llamó a parte y me dijo: «aquí en el club necesitamos son hombres, esa vaina de areticos en las orejas y cabello largo no está en nuestro código».Yo le respondí que esa es «mi personalidad. Soy muy varón.
Al día siguiente el ‘profe’ me dijo que fuera a la oficina y el gerente me dijo que no estaba en los planes del club. Me cayó como un balde de agua fría;: sentía que estaba ‘volando’ en los entrenamientos»recuerda Luis León, quien hace una pausa para ir a recibir la propina que le va a entregar uno de sus clientes a quien le cuida el vehículo.
Del Envigado pasé a probar suerte a Rionegro, pero llegué tarde porque ya habían escogido nomina. Regresé a Barranquilla y me encontré con que el empresario Hugo Rivero estaba conformando el club Barranquilla para participar en el torneo de la Primera C y allí recalé. Logramos cupo al certamen de la B, no vi el panorama claro y tomé una decisión errada: meterme de lleno a la delincuencia», acota León sobre su mala decisión de ingresar al mundo de la delincuencia.
El balón se detiene
Luis León, así como fue un gran profesional en el fútbol, también lo fue en el mundo de la delincuencia.
«Me volví un profesional más rápido de lo que pensé. Ingresé a una banda de atracadores que llamaban los «areticos», porque «todos teníamos aretes.
Decidí vivir en Barlovento, dos veces al día salíamos a trabajar: en las mañanas y en las tardes. Me recogia un carro, teníamos metas que cumplir: 100 gramos de oro y $3 millones diarios. Para hacer la tarifa en plata -recuerdo- salíamos a atracar camiones que transportaban cerveza, gaseosas y leche. En las noche era farra, con droga, licor y mujeres»,reconoce Luis León,para sentarse por cuanto se cansa el permanecer mucho tiempo de pié.
«Hace 18 años – saca la cuenta – llegó el dia fatal. Yo le dije a mi compañero que diéramos la última vuelta para terminar el día. Pasaba por la Murillo con la ciudadela 20 de Julio y observé a un señor que se tomaba una gaseosa en un kiosko. Sonaba el disco de Pedro Navaja. En voz alta dije: con este coronamos el día, porque lo vi que estaba bien ‘emprendao’. El carro me dejó a una cuadra, regresé caminando y lo sorprendí por la espalda. Le apunté y me lo llevé a un lugar solitario. Pensé que había hecho todos los protocolos que exige esta profesión: una buena requisa para saber si estaba armado.
Pero no estaba en cuentas que cometí el error de no revisarlo bien y escogí una ‘presa’ equivocada. El señor a quien iba atracar era un ex policía que tenía mi propia profesión: delinquir.
Al ser dado de alta, Luis regreso a su residencia en el Barrio Barlovento y, como no podía trabajar, se las ingenió para recibir ingresos: «los tres revolver que logré adquirir los alquilaba diariamente. Por cada una me traían $20 mil pesos».
Ulises Quintero que era kinesiólogo del Junior se enteró de la situación de Luis León. Visitó al periodista Fabio Poveda Márquez para lograr rehabilitarlo tanto como ser humano como de sus malas andanzas.
«Fabio me regaló el tratamiento de rehabilitación con el Doctor Issa Abuchaibe. La primera fase fue con electrodo, la segunda en la piscina y finalmente en el gimnasio. Fue un milagro, porque volví a caminar. Allí conocí a Dios, me volvió a hacer un hombre. Aquí estoy trabajando con seriedad. Me gané la confianza de todos los comerciantes de este sector.