Por Rafael Díaz – Estudiante – Universidad de la Costa
Luciana Peker es una periodista argentina quien con su nueva obra titulada “Putita Golosa: por un feminismo del goce” nos habla sobre la liberación femenina desde el placer sexual, para convertirlo en un acto político y revolucionario.
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Primero la vimos hablar sobre su obra en la Fundación La Cueva, donde se encontraba como invitada en el Carnaval Internacional de las Artes. En un momento grato de risas y opiniones pudimos conocer su postura frente a la dirección del movimiento feminista actual y la situación de igualdad en América Latina. Luego tuvimos la oportunidad de encontrarnos con ella en el hotel El Prado, donde tuvo la amabilidad de concedernos una entrevista y respondernos las siguientes preguntas.
¿Qué le llevo a darle esta moderna mirada al feminismo desde el placer sexual con su libro “Putita Golosa”?
Bueno, yo creo que después de muchos años de escribir, y por supuesto, seguir escribiendo, nunca dejé y nunca voy a dejar de hacerlo, en contra de la violencia, del abuso sexual, de la discriminación laboral, de la clandestinidad del aborto, de los derechos sexuales y reproductivos; también era importante hablar del goce, ¿no?. Con una filósofa muy importante de la Argentina que se llama Diana Maffía empezamos a hacer unos talleres de cartas de amor, en donde por un lado hablábamos del amor y por otro lado escribíamos cartas porque para mí hay que escribir siempre. Lo que pensábamos es que el feminismo tiene más pensada la violencia que el amor. Por supuesto hay pensadoras, hay mujeres en Argentina que lo han hecho, Karina Felitti, por ejemplo, una investigadora; Coral Herrera Gómez, que es una pensadora española que vive en Costa Rica.
No es que nadie lo ha pensado pero el feminismo pensó más sobre la violencia que sobre el amor, ahora hay una gran diosa nuestra que se llama Srta. Bimbo, que acaba de escribir un libro, que es, para mí, muy importante. Pero creo que sí, en ese sentido poder volver a pensar sobre el placer y sobre el derecho al placer; no solo sobre el placer como una píldora por la cual podemos tener sexo, sino poder indagar sobre ese derecho al placer. Eso era necesario decirlo, y es el lado A del feminismo. Luchamos contra la violencia porque luchamos por el deseo. Luchamos contra la discriminación porque luchamos por nuestra libertad sexual, de ser quienes queremos ser, con las identidades autopercibidas; como las queremos tener y de disfrutar con quién, cómo y cuándo queremos disfrutar.
Y ahora que mencionas el tema del aborto en el principio, ¿cómo consideras que se relaciona el derecho al aborto con la liberación sexual femenina?
Yo creo que están íntimamente relacionados. Que si todavía en toda América Latina no existe el derecho universal al aborto legal, seguro y gratuito -solamente el derecho al aborto es pleno en Cuba, en Uruguay y en la Ciudad de México- es porque todavía las mujeres no tenemos el derecho ciudadano al goce sexual. La restricción sobre el aborto, por un lado, es un problema de salud pública, genera muertes; en Argentina 46 muertes al año, un dato que es muy importante, no solo la cantidad porque los sectores antiderecho dicen que es poco con relación a otras patologías. La diferencia es que los abortos no tienen por qué tener muertes. En Uruguay la muerte es 0, en México DF, la ciudad autónoma de México, también; los abortos no tienen por qué generar muertes, por lo tanto son muertes evitables. Pero, además, el derecho al aborto seguro, legal y gratuito, es el derecho ciudadano al goce sexual sin la sombra de la muerte, así como justamente en los años ochenta se luchó para que el VIH no fuera la sombra de la peste rosa contra la homosexualidad como se quiso vender, sino que el cuidado y la prevención, los análisis, y el uso de preservativos, dan un sexo que es seguro, es libre, gozoso, no hablamos de seguridad sino de goce. El aborto es la consagración ciudadana y normativa del derecho al goce.
Cuando me mencionas estos datos alarmantes, porque en realidad son justamente eso: datos alarmantes, ¿qué le dirías a todas esas personas que dicen que en pleno siglo XXI el feminismo ya no es necesario?
¡Que me vengan a buscar! (risas) Que vengan cinco minutos a este cuerpito. No, el feminismo es más necesario que nunca, en principio porque hay una reacción machista, en segundo lugar porque la igualdad no está conseguida. Lo que te dicen es “¡Ay, ya tuvieron una presidenta! (en el caso de Argentina), ¿qué más quieren? Ya pueden estudiar, ¿qué más quieren?” ¡Queremos mucho más! Por supuesto, somos ambiciosas, vamos por todo. Eso es la potencia del feminismo. Que no es manso, que no es conservador, que no quiere poco, es ambicioso. Por supuesto, después te puedo decir unas cifras muy claras, en Argentina muere una mujer cada treinta y seis horas por ser mujer; hay travesticidios también, específicamente de la muerte de travestis y trans, que siempre sufren más por su condición de travestis y trans. Sufren incluso más que las mujeres, por supuesto más las lesbianas, más las afro; hay un aumento de la homofobia claramente. Las mujeres ganamos 26% menos que los varones, te estoy dando cifras de la Argentina, las mujeres jóvenes menores de 29 años tienen una desocupación de 25%. O sea, a una joven en la Argentina le cuesta cuatro veces más conseguir trabajo que un hombre de 40 años en la ciudad de Buenos Aires, entonces que nos vengan a hablar de que no es necesario el feminismo.
Justo cuando me mencionas a la comunidad LGBT+, me surge una duda: ¿Consideras importante la unión entre la comunidad sexo diversa y el colectivo feminista para luchar contra el machismo?
Por supuesto, para mí la comunidad LGTB y el feminismo somos una unidad, como decimos en Argentina, no hay feminismo sin trabas, en el sentido sin travestis, sin trans, sin identidad sexual, no hay una lucha por los derechos de las mujeres sin una lucha por lo lésbico. Sostengo que la Argentina fue un país más misógino que homofóbico, porque fue más fácil aprobar la ley de matrimonio igualitario que la del aborto legal, seguro y gratuito. Eso no quiere decir que haya una homofobia creciente sino que por otro lado hubo sectores complacientes, especialmente de los gays de clase alta o de lo que se conoce como el pink washing. Ciertos sectores gays de alto poder adquisitivo, por no tener hijos o por tener mucho consumo hedonista, más acomodaticios, ese es un fenómeno real, y hay mucho gay que sin embargo es misógino. Eso es una realidad, pero como movimientos de activismo son movimientos absolutamente unidos. Y además tenemos que estarlo más que nunca, porque cuando vuelven los sectores conservadores, vuelven contra todos. Y eso es lo que está pasando con Jair Bolsonaro en Brasil.
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