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«Los Mamos recibieron los rayos para evitar una tragedia mundial»

Es tiempo de reuniones. Por eso un rayo impactó a varios Wiwas al mismo tiempo. Kandy Maku y Ángel están con sus hermanos Mayores. Son arhuacos y han aprendido que los rayos son los regidores de la lluvia.

Por Jorge Sarmiento FigueroaEditor General

Ejército y autoridades ayudan a la población indígena.

11 muertos y 20 heridos de la comunidad Wiwa causó una descarga eléctrica esta semana. El miércoles 8 será el sepelio. Un funeral con las costumbres ancestrales para sepultar a los Mayores. Pero no se ha registrado una tragedia. Al menos no en la explicación de Kandy Maku: «los Mamos son unos pararrayos. Con su energía hicieron que los rayos cayeran del cielo hacia ellos y así evitaron una tragedia mundial. Lo que significa que la misión de los Mamos es ser maestros, guías y cumplir el servicio de pararrayos con su enorme energía vital que se concentra en ellos». Para los indígenas de la Sierra Nevada de Santa Marta los rayos son los comisarios, los que comunican las lluvias. Cuando un rayo surge en la bóveda celeste es un aviso de lo que viene. En esta ocasión los rayos estaban manifestando una tragedia que se avecinaba.

Entonces los Mamos actuaron. Sus reuniones no son solo para administrar y liderar a su pueblo, son también para meditar acerca del mundo, para evaluar su estado y el comportamiento de los hermanos Menores, el resto de la humanidad. En esa reunión habrían advertido el peligro sobre la vida y se inmolaron.

Kandy Maku

Kandy Maku y el Mamo Banky en entrevista con Lachachara.co

Kandy Maku canta vallenatos, pero su principal misión en la Tierra no es cantar. De origen arhuaco y graduado universitario, viaja por el país acompañando a sus Mayores para llevar el pensamiento del mundo indígena. El pensamiento de la madre Tierra.

El recorrido más reciente lo hizo con Banky, un Mamo de los Kogui. Maku hace de guía e intérprete. Es como un Moisés bíblico, como un palabrero Wayuú, como un Maquiavelo florentino. «Nosotros los hermanos Mayores de la Sierra Nevada queremos tender una invitación para que enderecemos el camino al andar, para que no caminemos con los pies sobre la tierra sino que los tengamos coordinados con la cabeza para que nuestros pasos sean firmes, que todo sea integral, que exista el respeto, la tolerancia, la honestidad y así poder estar en comunicación con nosotros mismos. La limpieza o suciedad del mundo está en la mente del hombre», expresa. Su voz es fuerte y clara, resuena como la de Jorge Oñate y es firme como la de Poncho Zuleta. Los Mamos confían en su voz para llevar el mensaje. Y él confía su vida a los Mamos, «a los sabios».

Banky y Kandy Maku.

Los indígenas viven para el planeta

Llevan el cambio climático en su cabeza, en el Tutusoma, ese gorro blanco que siempre usan y que representa la nieve perpetua que los dejaron cuidando. A través del tiempo la nieve se hace más pequeña, amenazada. Desde el «corazón del mundo», allá en la Sierra, no pueden cambiar a toda la humanidad. Pero preservan su identidad y resguardan el espíritu de la naturaleza. Lo hacen con pagamentos, ofrendas a la Tierra por los regalos recibidos, por lo que ella nos da. Es una manera de devolver todo lo recibido y de mimarla, de evitar que la contaminación la siga enloqueciendo. Para estos resguardos indígenas la solución a los problemas ambientales no se logra haciendo grandes inversiones ni proyectos. «La contaminación está en el pensamiento de cada uno. En cada paso que damos con los pies y no con la cabeza. ¿Cómo puede venir un ambientalista a darnos clases de cómo reciclar la basura, si nosotros no producimos ni plástico?», pregunta Maku.

Los celulares y las antenas

Ángel Villafañe.

Ángel Villafañe es hijo del Mamo Jaime. Vive entre Gnumake y Palomino (15 horas, casi un día de camino de un pequeño resguardo en donde vive, hasta el pueblo donde estudia. El recorrido lo hace cada domingo). Entre la montaña y la carretera. Entre la naturaleza y el cemento. Entre el pensamiento y el celular. Aún no cumple 25 años. Su cuerpo es pequeño y fuerte como un roble, asiste al colegio del pueblo Marquetalia (un pequeño caserío que está a orillas de la carretera Santa Marta-Riohacha), y al de su pueblo en la montaña. Aprende las materias igual que el mundo occidental, pero también aprende a cazar, a cortar la madera, a sembrar; conoce las plantas y el espíritu de la Sierra.

Ángel recorre la Sierra con su familia.

Sus ojos aprendieron a ver otra razón para la muerte de sus Mayores. «Los rayos les dieron a ellos porque en esa zona hay muchas antenas y en mi comunidad estamos usando celulares. Esos aparatos atraen la electricidad. Somos los únicos que recibimos esas descargas, porque ni los animales ni las plantas usan celulares». Para los Mamos las antenas del Cerro Kennedy son seres extraños que interrumpen algo más que la belleza del paisaje. «Antes no sufríamos tantas tormentas eléctricas, ni se producía el calor en esa zona como sucede ahora. Los ingenieros creen que eso no es consecuencia de sus trabajos. Pero en el fondo del pensamiento saben que ninguna causa viene sin una consecuencia».

Entrevista a Kandy Maku en Lachachara.co

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