Se cumplen 45 días desde cuando Maduro pasó el cerrojo. Conozca lo que hacen las personas que por fuerza mayor tienen que cruzar.
Por Lexander Loaiza – @Lexloaiza
Sin menoscabar el impacto económico que ha tenido sobre la población local, especialmente los indígenas Wayúu, otras han sido las consecuencias que a los transeúntes, la gente que no puede pagar un pasaje de avión internacional, los más pobres, tienen que padecer.
Si eres venezolano en Colombia y necesitas ir a Venezuela, hay dos opciones. La más rápida: en el centro de Maicao hay carritos que cobran 3 mil bolívares o 15 mil pesos para trasladarte desde esa ciudad hasta Los Filúos, un asentamiento indígena en el municipio Guajira del Estado Zulia.
Foto por: Algimiro Montiel. Los peajes improvisados a veces son un dulce que se le quita a un niño, pero también hay veces que es el cebo de delincuentes atracadores.
Aunque ambas poblaciones están a menos de una hora de distancia, el trayecto puede extenderse hasta el triple. Como no hay paso por Paraguachón, justo antes de llegar a este Corregimiento, el vehículo sale de la carretera y se adentra en una vegetación agreste. En este momento ya están en las famosas “trochas”. Hay cientos de ellas y se multiplican día con día porque ahora son todo un negocio.
Como las trochas son abiertas a través de fincas, rancherías y caseríos, los pasajeros deben entonces pagar una especie de peaje, por el derecho a atravesar. Si hay algún camino aparentemente libre, eso no significa que no se encuentre un peaje improvisado con un trozo de mecate, en el que también toque pagar dinero. Las tarifas varían según el equipaje que lleve el pasajero. El costo de un peaje van desde los 100 bolívares hasta los 1.000 por viajero, y por peaje. Recomiendan llevar suficiente efectivo.
Si no hay mayores inconvenientes, el vehículo por puesto te deja en Los Filúos. Una vez allí, el viajero debe tomar otro carro que lo lleve hasta Maracaibo. La tarifa es de 400 bolívares, pero aumenta según van avanzando las horas del día y se acaban las opciones de transporte.
La segunda opción es más económica, pero exige de más paciencia. De Maicao se paga un viaje hasta Paraguachón a razón de mil bolívares. Allí el pasajero se va a encontrar con la barricada de la Guardia Nacional venezolana. Con el funcionario militar de guardia debe anotarse en una lista y formar una cola en medio del sol y el calor que puede extenderse por más de cuatro horas. Esto, aunque los autobuses de Transmara estén estacionados a un lado, encendidos y con aire acondicionado.
La lista debe ser aprobada por el teniente de guardia, por lo que hay que esperar por su venia. Tras la verificación de cada una de las cédulas de identidad, los pasajeros son montados en el autobús hasta la alcabala de Río Limón. Allí son transbordados a otra unidad que los llevará hasta Maracaibo. El viaje es gratis, pero según el humor de los militares, puede durar hasta ocho horas.
Para los pocos colombianos que en estos momentos pretenden entrar a Venezuela, sin tener cédula venezolana, la única alternativa es la primera. Si pretenden entrar con pasaporte, el paso está vedado salvo que sea por circunstancias excepcionales o paguen un boleto de avión desde Bogotá hasta Maiquetía o Valencia. En esto caso, la disponibilidad de asientos no es buena, así que toca reservar con anticipación.
Los ganadores
La falta de paso legal ha desatado toda una industria del peaje en la Guajira venezolana, cuyos manejadores están obteniendo ganancias millonarias de la noche a la mañana. Según versiones de los habitantes de la zona, este dinero no sólo les está entrando a los indígenas, sino también a los propios guardias nacionales, quienes estarían sacando su tajada por este concepto.
Otro fenómeno que se ha incrementado, según los mismos viajeros, es el de la inseguridad. Ladrones ávidos de efectivo venezolano merodean los pasos ilegales para interceptar a los carros con viajeros y sacarles todo el dinero. En medio de la anarquía, nadie denuncia y las autoridades tampoco hacen nada al respecto. El propio territorio sin ley.
Desde el cierre del peaje, estos han sido los únicos ganadores. Porque los habitantes de Venezuela tienen que seguir haciendo las mismas colas para comprar productos básicos. Siguen sin aparecer los repuestos para carros o las medicinas. Esto ha puesto a dudar a los propios oficialistas sobre si el contrabando de extracción era la verdadera causa de la escasez que sufren los venezolanos y de la que el Banco Central no se ha atrevido dar cifras desde hace más de un año.
Paradójicamente, el rubro más contrabandeado ha sido la gasolina. El gobernador del Estado Zulia, el oficialista Francisco Arias Cárdenas, ha dicho que desde el cierre fronterizo, el país se ha ahorrado cerca de 50 millones de litros de combustible. Pero para el venezolano medio esto ha sido imperceptible, porque ha sido el único producto regulado que siempre ha estado a disposición de los consumidores, con todo y contrabando.