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Los angelitos cantaron para no olvidar a Luna Márquez

Este 9 de febrero Luna cumpliría nueve años. Una extraña causa de salud se la llevó rápido. Sus padres hoy enfrentan hasta demandas, pero el recuerdo del talento de su niña vive feliz en Barranquilla.

Por Melissa Ochoa

[caption id="attachment_26306" align="alignright" width="300"]Los padres de Luna Márquez con un afiche de ella. Los padres de Luna Márquez con un afiche de ella.[/caption]

Luna Marqués, de 8 años de edad, llegó del colegio sintiéndose muy mal y se acostó a dormir. Se volvió a despertar con vómito y nuevamente se fue a la cama, sintiéndose igual de mal. Con el pasar del tiempo y viendo que la condición de su hija no mejoraba, sus padres Davis Marqués y Diana Urueta, para el momento ya desesperados, se pusieron en marcha para buscar ayuda médica, y por temor a que la situación empeorara con el virus del chikungunya en el aire y en los hospitales, decidieron llevar a su pequeña y única hija al médico particular al que asistían con regularidad, el consultorio del señor Luis Padilla Rodríguez.

Era el jueves 27 de noviembre. Ya iban siendo las 5:30 de la tarde y Diana Urueta recuerda que el doctor estaba por cerrar el consultorio, pero de su puño y letra alcanzó a recetarle lo que parecía ser la solución a los síntomas de “Luchy”, una simple ampolla llamada Plitican. Luego de eso recurrieron al servicio de una vecina a la vuelta de su casa que inyectaba. Es una costumbre de vieja data en la Costa Atlántica que en los barrios se acuda a la vecina enfermera o que aprendió a inyectar, a tomar la presión por unos cuantos pesos. La enfermera del doctor Padilla dijo que no le gustaba colocar inyecciones a los niños y respetando la preferencia de la asistente los padres procedieron a ir a la droguería, comprar el medicamento y preguntaron quién ponía inyecciones en el barrio.

[caption id="attachment_26303" align="alignleft" width="300"]Hasta zancos se unieron para celebrar el recuerdo de Luna. Hasta zancos se unieron para celebrar el recuerdo de Luna.[/caption]

Al día siguiente, Luna aparentaba estar mejor. Ya no vomitaba, aunque para la artista, cantante, actriz y modelo que ella era, se encontraba bastante quieta. Se dedicó solo a ver los muñequitos que tanto le gustaban. Almorzó puré de papas con agua de arroz. Era el viernes 28 de noviembre. Lo único que verdaderamente la molestó ese día es que ya para las 5 de la tarde cuando se sentía mejor, se bañó, se cambió ella sola y bajó al primer piso, porque vive en una segunda planta, y la mamá de su amiguita Jeimy no la dejó jugar con ella porque creía que tenia Chikungunya y la iba a contagiar. Cuidados de otra madre a su hija, pero que hicieron llorar mucho a Luchy, y se fue para su casa.

No te preocupes, mi cielo, «¡No te juntes con esa chusma!», hubiera dicho doña Florinda a Kiko. Diana en cambio, que incluso solía disfrazarse para jugar con su pequeña muñeca amante de los títeres, para jugar con ella o presentarse en manifestaciones artísticas y festivales de teatro en la ciudad, la consoló con ternura y le prometió que al próximo día le buscaría a alguien con quién jugar.

El sábado 29 de noviembre Luna empezó a decaer. La noche anterior se había acostado a dormir, pero esta vez para no volver a despertarse. Ya entrada la mañana sus padres intentaron despertarla, pero la niña daba vueltas en su cama intentando despertase pero no lograba reaccionar, así que sin dudarlo ni un segundo más nuevamente Davis y Diana corrieron hacia urgencias, está vez al hospital Metropolitano. A las 7:30 am estaba interna. En las horas de la tarde ya respiraba artificialmente y era urgente realizarle una resonancia magnética para saber si tenía algún problema neurológico, pero dichos resonantes magnéticos solo funcionaban de Lunes a Viernes.

Su padre se dio a la tarea de recorrer la ruta que le hacen a algunos desafortunados pacientes en el macabro «paseo de la muerte», del que no hay retorno, y se trasladó a varios hospitales, sin lograr ningún resultado. Ni siquiera por parte de Salud Total, la EPS, que nunca entregó la orden de Luna y fue así como la niña no recibió ese tratamiento que era urgente para los médicos, que no se explicaban su condición.

No obstante, se logró corroborar que su condición no se debía a una supuesta intoxicación por cocaína en un mango, que era lo que se especulaba fuera el causante de sus males desde que llegó indispuesta el jueves del colegio, y lo único que parecía digno de sospecha era el Plitican, esa droga “Para adultos” que el médico padilla le recetó.

A las 9 de la noche del domingo 30 de noviembre, Luna Marques Urueta, de 8 años de edad, murió. Su madre fue llevada de emergencia a la clínica de la Murillo por el shock que le produjo la muerte de Luna. Estando en la clínia, por casualidad, se encontraba el mismo médico que había atendido a su hija en el hospital Metropolitano y ya que él tuvo que hablar con Davis, su esposo, entraron en conversación de qué era lo que había pasado con su pequeña hija y su muerte repentina. El médico que intentó salvar la vida de Luna y del que ahora mismo sus padres no recuerdan el nombre, les comentó que la causa del descenso era esa ampolla.

[caption id="attachment_26307" align="alignright" width="300"]En una bella ceremonia, las compañeritas de colegio de Luna cantaron por ella. En una bella ceremonia, las compañeritas de colegio de Luna cantaron por ella.[/caption]

Este 9 de febrero sería el noveno cumpleaños de la pequeña Luna. Era reconocida por las casas de cultura de la ciudad, por los poetas locales, había escrito 7 diarios que tienen prohibido leer aquellos que no tengan alma de niño; tenía un festival de teatro que lleva su nombre: “Los títeres de Luna”, y que es dirigido a los niños que tienen la aedad que ella alcanzó a cumplir; participó en los carnavales infantiles que pudo, aprendió a amar la Sierra Nevada de Santa Marta en donde cuenta con muchos amigos.

Allá a la Sierra se fueron a refugiar el príncipe kogui y la madre sol, como les decía su pequeña hija, para tratar de restablecerse de la abrupta realidad que los golpeaba al quedarse sin su Luna. Hoy que regresan al ruedo de sus vidas y a rendir homenaje a la memoria de su hija, ya cuentan también con una demanda por parte del Señor Luis Padilla Rodríguez, la negación por parte del hospital Metropolitano para entregar el historial clínico, una amenaza en la calle por el mismo médico y les urge la asistencia legal para hacer frente a lo que igual no remediará la pérdida de su pequeña.

[caption id="attachment_26304" align="alignleft" width="300"]Globos blancos y lágrimas de inocencia. Globos blancos y lágrimas de inocencia.[/caption]

No quedan más que promesas de homenajes eternos por parte de la comunidad de artistas locales y sus propios padres que en el día de hoy en conmemoración de sus cumpleaños, en compañía de sus compañeritas de colegio, que aún la lloran a mares al ver sus fotos, y la recuerdan entre las lágrimas de cada una, se miraban, veían sus lágrimas y se sonreían sabiendo que ninguna la había olvidado. Compañeros de la fundación “Pies con alas”, vestidos de ángeles, le cantaban a su recuerdo, para luego soltar globos blancos hacia el cielo y caminar hacia la plaza de la Paz, para exigir una respuesta de qué fue lo que pasó con Luchy y hacer visible que aún los derechos siguen siendo vulnerados, causa con la que por obvias razones y de corazón sus padres se solidarizan y se declaran firmes luchadores para hacerlos valer, tanto por la memoria de su hija como de los demás niños del Atlántico.

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