Por Jorge Guebely
Peor que las guerrillas, las bandas de narcotráfico, los extorsionistas desde las cárceles, los terroristas desadaptados, los delincuentes callejeros, son casi todos los políticos colombianos. Sus mañosas y abundantes ejecuciones originan los engendros nacionales.
Por ellos: la miseria, la iniquidad, el desempleo de clase. Aberraciones estatales que crean guerrillas, bandas de narcotráfico, terroristas desadaptados, extorsionistas desde las cárceles… Miseria humana de políticos, origen de las miserias materiales del país.
Ellos, operadores de la corrupción estatal, héroes de la podredumbre, bacterias de la desigualdad y del desbarajuste nacional… partean un Estado fallido. Ellos, camuflados en el estatus de político, padres de la patria, son más peligrosos que cualquier delincuente sin estatus.
Detrás de ellos, el vientre monstruoso, el útero donde se engendra la bestia. Detrás de ellos, los traficantes de campañas electorales, los capitales voraces, empresariales y financieros, nacionales e internacionales, lícitos e ilícitos. (¿Se puede acumular gran capital lícitamente?). La miseria nacional lleva marca criolla; el narcotráfico, marca norteamericana.
Políticos peligrosamente maquillados, malos ejemplos para la juventud. Desnaturaliza crecer entre tantos políticos mediocres, soportando sus banales controversias, sus bárbaras mentiras, sus deplorables actuaciones… Peor aún, si posan de grandes señores, prohombres construidos con barro y estiércol.
Soberbios con los recursos ajenos, los del Estado. Los utilizan como propios para humillar ciudadanos honestos, corromper votos hambreados, llenar sus arcas personales y familiares. Para perpetuarse en el negocio ilícito de la política. Poderosos sin poder, solo capataces de la finca capitalista, vergonzosos títeres.
Podridos que pudren todo. Pudren el Congreso y el Ministerio, la Alcaldía y la Gobernación, el Concejo y la Asamblea. Y de tanta podredumbre en la justicia, ya no hay justicia, ni para el pobre que no la conoce, ni para el rico que no se la aplican. Solo complacencia con el copartidario y venganza contra el enemigo político.
Cínicos como delincuentes avezados. Gritan: “¡cojan el ladrón! ¡cojan el ladrón!”, como gritaba Ciro Ramírez, congresista del Centro Democrático, en recintos del Congreso, mientras delinquía dineros del Estado.
Verdaderos cristianos al revés. Nunca: “por mi culpa, por mi culpa”; siempre: “por tu culpa, por tu culpa”. Culpable Petro por el desbarajuste de los juegos panamericanos, culpable la ministra del Deporte. Nunca la puja burocrática con presidencia en el negocio de los Char y Cambio Radical. Nada tan atractivo para un bandolero estatal como las juntas directivas con enormes recursos públicos, territorios para delinquir en calidad, cantidad e inmunidad.
Como los dos lobos insaciables de Benjamín Franklin, conversando democráticamente con un cordero sobre qué almorzar; así, los insaciables poderosos con sus políticos definen cómo delinquir con los dineros del Estado.











