Se espera mucho, en especial que recupere una imagen bastante deteriorada por sus propios errores y omisiones. También por cambiar la Carta al capricho del gobernante de turno.
Por Rafael Sarmiento C. y Jorge Medina R.
Lo primero que esperan los colombianos del Congreso que entra a trabajar desde este domingo 20 de julio es que, por lo menos, haga el intento por cambiar su imagen y recupere la credibilidad perdida durante tantos años de errores y omisiones.
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Segundo, que no sigan aprobando leyes en serie que en nada benefician al pueblo. Por el contrario, lo que hacen es arruinarlo más con tantos impuestos hasta por el aire que se respira, por cambiar un cheque, por comprar un carro viejo como medio de transporte familiar.
Y tercero, que no se registren esos vergonzantes episodios de congresistas borrachos, violando las leyes que ellos mismos hicieron, y tratando de hacer valer su condición de Honorable Senador para no someterse a la justicia.
Y, lo más importante – por eso lo dejamos de último- que se quite de encima, de manera total, rotunda y para siempre, el fantasma maldito de la parapolítica, que fue como un golpe de gracia que recibieron el Senado y la Cámara para quedar ante la opinión pública como una vergüenza para los colombianos.
Todo por hacer, como al comienzo del mundo
Como se puede apreciar, en el Capitolio todo está por hacerse. Y deberá construirse paso a paso. Con calma y sin pausa. Como al comienzo del mundo. Tampoco podrán las nuevas directivas tratar de someter a sus colegas al redil de la disciplina a las bravuconadas. Porque será peor el remedio que la enfermedad.
Las nuevas mesas de Senado y Cámara deberán llamar a sus colegas al autoexamen, a la reflexión, para que, entre todos, se miren al espejo y se arreglen el cuello de la camisa, la corbata torcida, la boca chorreada. Pero, insistimos, será con mano suave y por consenso. No a garrotazos. Porque eso es, precisamente, lo que pretenderán los agoreros de la oposición, quienes llegarán en plan de buscar peleas todos los días para dilatar los debates a los proyectos realmente importantes.
En fin, son abundantes las expectativas que despierta y muchas las preguntas alrededor de los desafíos que encara, por ejemplo, frente a un proceso de paz con la guerrilla, lleno de nobles enunciados pero aún algo lejos de los aspectos concretos. Se anhela que el legislativo tenga siempre presentes a las víctimas del conflicto armado.
Espera la opinión pública que la llegada del Centro Democrático encabezada por el expresidente Álvaro Uribe Vélez, sea el epicentro de odios y viejas rencillas con el dirigente antioqueño, confiando al mismo tiempo que este se preocupe más por el desarrollo del país que por las peleas y por el espionaje a los otros sectores, en busca de escándalos y motivos para justificar la oposición como ya ha empezado a rumorarse que hará, sobre la base de manejar lo que mejor sabe hacer: las comunicaciones.
Espera la opinión pública que afectos al gobierno y contrarios a Santos no se dejen sonsacar ni tentar por el control político desbordado ni las ofensas personales, en lo cual tendrá un reto importante el nuevo Presidente del Congreso, el Senador José David Name Cardozo, quien ha dicho que en esta materia no se requiere magia sino el cumplimiento en estricto sentido del reglamento del Congreso.
Espera la opinión pública que el regreso de personalidades como Horacio Serpa Uribe y Antonio Navarro Wolff, así como la llegada de Claudia López, sea para llenar el recito congresional de ideas y aportes a la paz y al progreso social, y no al exacerbamiento de la pugnacidad ni el estéril intercambio verbal para mostrar habilidades personales.
Espera la opinión pública que este sea el Congreso de la República capaz de quitarse el manto de corrupción y mala imagen que durante tanto tiempo lo ha acompañado en el pasado, para colocarse verdaderamente al servicio de todos los colombianos, sin ningún tipo de distinción partidista, de género, racial, intelectual o religiosa.
Espera la opinión pública que el Congreso sea capaz de legislar para eliminar la desigualdad y hacer de la equidad el más fino y contundente instrumento que se requiere para allanar el camino hacia la paz, porque en sus manos estará la eliminación de los privilegios e injusticias del centralismo que tanto daño le han hecho a la periferia colombiana, a la de los sures, la del Caribe y la del Pacífico, esa periferia que prefirió enarbolarse en las banderas de la convivencia tranquila antes que ver morir a unos y otros en la guerra.
Espera la opinión pública que este Congreso empiece la construcción del camino a la igualdad, haciendo del Presupuesto General de la Nación de 2015 una de sus herramientas claves. Así como tendrá que hacerlo con el nuevo Plan de Desarrollo Nacional que debe llegar y ser aprobado en el primer año del periodo constitucional presidencial que inicia.
Espera la opinión pública que los hombres y las mujeres que integran el Congreso de la República, sean capaces y estén dispuestos a dar lo mejor de sí para que la salud se transforme, la justicia cambie para bien, las regalías lleguen a todos los sectores, el medio ambiente sea factor de vida y no de muerte, la autonomía regional no siga siendo un espejismo, la educación sea para todos, y la pobreza siga desapareciendo como argumenta el gobierno nacional que viene haciéndolo.
Espera la opinión pública que el nuevo Congreso sea lo útil que no ha podido ser en los últimos 50 años, pese a las iniciativas de importancia que haya podido aprobar en el medio siglo pasado. Que vaya más allá de la política del pupitrazo y de los coros a favor del gobierno simplemente porque hay que darle sonido a la supuesta unidad política nacional.
Espera la opinión pública que el nuevo Congreso sea contrario a lo mal que se habla de él actualmente y que pase de ser una de las entidades más desprestigiadas del país, a ser la más favorecida con la gratitud popular.
Espera la opinión pública que el nuevo Presidente del Congreso, José David Name Cardozo, esté en capacidad y sea exitoso en su misión de modernizar la rama legislativa, ponerla al lado de los más necesitados, afinar los instrumentos de la paz duradera y confiable, sentar las bases de la igualdad, cimentar y profundizar el desarrollo social y hacer de las regiones el gran motor de un futuro dinámico que asume las tendencias globales y tecnológicas para crecer y darle a la gente el bienestar que hasta ahora ha sido un imposible.