Premiada a nivel internacional, esta historia desarrollada en Barranquilla involucra la intimidad del amor en un escenario urbano inhóspito donde las soledades se agrupan en tumulto. Su estreno es el 9 de abril.
Por Chachareros
[caption id="attachment_29129" align="alignright" width="207"]La película ha recorrido Festivales como el de Huelva, Shangai, el Karlovy Vary en la Republica Checa y el Festival Internacional de Cine de Cartagena. La producción indica que se trata de una historia de la intimidad de dos seres anónimos, de un escenario urbano inhóspito donde las soledades se agrupan en tumulto, y de una temporada de lluvia que, a pesar de su persistencia, siempre termina con un rayo de sol.
El director, Roberto Flores Prieto, describe el “Ruido Rosa” como un relato acerca de la frecuencia, el ritmo y la sintonía del amor. Una película acerca de personas solas en una ciudad que, al igual que ellos, intenta encontrar un camino y descubrir el amor, a pesar de las adversidades y del tiempo perdido.
El estreno de “Ruido Rosa” se realizará el próximo 9 de abril en todas las salas de cine del país. Es el segundo largometraje de Flores. “Cazando luciérnagas” fue el primero.
Sobre “Ruido Rosa” y el Cine Nacional
¿Cómo fue su trabajo con Carlos Franco para escribir Ruido Rosa? ¿Cómo fue el proceso?
Mi trabajo con Carlos ya cumple más de 20 años y siempre ha estado marcado por la colaboración y el diálogo. Yo tenía una imagen, una situación en mi mente y a partir de ahí empezamos a construir la primer versión de guion que ganó Premio FDC en el 2008.
¿De dónde surge la historia?
La imagen que me perseguía era la de una pareja que finalmente decidía encontrarse y declararse su amor, pero cuando llegaban a una calle de Barranquilla la torrencial lluvia y sobre todo, un inmenso arroyo, impedían que cruzaran y por ende, que se juntaran. Me encantaba esa situación en la que la naturaleza y hasta la planeación urbana, conspiraban en contra del amor. Esa situación fue la semilla de Ruido Rosa y se mantuvo en varias versiones de guion, pero luego fue desapareciendo.
La gente piensa que en Barranquilla hay colores vibrantes, sol, caribe, bulla. En Ruido Rosa ocurre todo lo contrario…lluvia, oscuridad, de hecho parece rodada en Bogotá. ¿Cuál era su intención?
A lo largo de toda mi carrera, cada vez que pongo una cámara en mi ciudad todo el mundo dice: no parece Barranquilla, y ese es un fenómeno que siempre ha llamado poderosamente mi atención. ¿Por qué? Amo mi ciudad, con sus defectos y virtudes, opté por construir una carrera desde allí, me apasionan sus historias. Creo que existe un cliché pernicioso en torno a lo que significa ser barranquillero y ser del Caribe colombiano y que éste ha sido auspiciado por propios y ajenos, muchas veces, con fines deleznables. El Gran Caribe es, en esencia, el mundo y por ende, un lugar supremamente complejo, que no puede ser definido a la machota. Allí se habla francés, holandés, inglés, español y múltiples lenguas y dialectos indígenas. Es una región pluricultural, multirracial, que recibió al mundo entero y que lo sigue haciendo. Los “costeños” somos más de 9 millones de personas, con influencias y culturas diversas, y no podemos permitir que nos sigan definiendo o describiendo como los bufones de la corte cuya única misión en la vida es divertir a los demás con nuestra “extroversión” y nuestra “cheveridad”. Sí, somos capaces de bailar y cantar como nadie y eso me enorgullece, pero también somos capaces de reflexionar, filosofar, trabajar, luchar y manejar nuestros problemas en silencio. La alegría, siempre he pensado, es la gran máscara protectora; y el Carnaval de Barranquilla, su máxima manifestación.
¿Qué piensa del cine nacional?
Parece que se avanzan en todos los frentes, menos en cautivar público. Si los productores y directores nos laváramos las manos y dijéramos que no somos parte de la solución y del problema, seríamos unos irresponsables. Pero de igual manera, creo que los otros integrantes de la cadena productiva deberían asumir sus responsabilidades. La distribución y la exhibición carecen, en el mejor de los casos, de imaginación; y en el peor, de respeto y amor por lo nuestro. Somos muy malos, todos, en mercadear nuestros productos. Todo cine es comercializable, es un tema de nichos y estrategias.