Por Chachareros
Los otros socios (minoritarios) de los diarios El Colombiano y La República son los hermanos Gómez Martínez, quienes heredaron la vena periodística de su padre, uno de los fundadores del diario paisa y director por muchos años. En su reemplazo fue designado su hijo Juan Gómez Martínez, quien renunció a la dirección del diario en 1987 para emprender la campaña por la Alcaldía de Medellín. Se convirtió en el primer Alcalde de la capital paisa elegido por voto popular. En su reemplazo en la dirección del periódico asumió su hermana Ana Mercedes Gómez Martínez.
Al concluir su periodo de Alcalde, Juan Gómez Martínez retornó a la dirección del diario. Fue por poco tiempo, porque de inmediato fue incluido en una lista del Partido Conservador para Senado y ganó su curul. Volvió Ana Mercedes a la Dirección. Luego a Gómez Martínez lo nombraron Embajador en el Vaticano, y Ana Mercedes siguió en la dirección, hasta cuando hace poco tiempo se retiró.
Los problemas entre las dos familias dueñas del grupo empresarial periodístico venían de mucho tiempo atrás. Con la desventaja para los Gómez Martínez que no hicieron plata fácil y en abundancia como su contraparte. Por el contrario, a Juan Gómez Martínez la ola de nuevos ricos, el narcoparamilitarismo y los arrebatadores de tierras a los pobres campesinos del Urabá Grande, lo mandaron a secuestrar una noche en su casa. Como buen paisa, mantenía su pistola calientica debajo de la almohada.
Cuando sintió los primeros golpes para tumbar la puerta, encerró a su familia en un baño seguro y se parapetó en el garaje a darse plomo con los sicarios. «La cosa con el Gómez Martínez ese se pone fea, patrón -dijo uno de los sicarios por radio teléfono-, porque ya nos hirió a tres y estamos dos que ya no aguantamos más porque el hombre tiene una puntería de miedo». Un celador de un apartamento vecino oyó los disparos y avisó a la policía. Finalmente se tuvieron que ir sin Gómez Martínez.
Los Hernández de la Cuesta, con abundantes recursos cantante y sonante, fueron acaparando las acciones de pequeños accionistas, hasta cuando no quedó ningún accionista minoritario, lo cual condujo a que los Gómez Martínez perdieran el control de los contenidos del grupo empresarial periodístico. Eso es lo que parece visualizar la Fundación para la Libertad de Prensa (Flip), en su denuncia.
Documento de la Flip
De acuerdo a la información recolectada por la Flip, a mediados de febrero y tras la publicación de una nota sobre restitución de tierras en el Urabá antioqueño, Juan Carlos Hernández de la Cuesta envió un correo electrónico al reportero cuestionándolo por lo que consideró falta de rigor periodístico e informándole que tanto él como sus hermanos tienen tierras en la zona.
Los hermanos Hernández de la Cuesta, además de ser accionistas mayoritarios de El Colombiano, figuran como dueños de la Hacienda Flor del Monte, ubicada en Blanquicet, vereda de Turbo. Sobre este predio existe un reclamo de restitución por parte de un grupo de víctimas.
Cronología de los hechos
El 11 de febrero de 2015, un periodista de la redacción digital del diario publicó en www.elcolombiano.com una nota sobre la desaparición de una líder de restitución de tierras de Urabá, denuncia que fue formulada por organizaciones sociales de la zona.
El 12 de febrero el periodista publicó una segunda noticia informando que las autoridades habían hallado con vida a esta líder, en un predio cercano al lugar donde la habían visto por última vez.
Al día siguiente, el señor Juan Carlos Hernández de la Cuesta, quien también es gerente general del diario La República, le escribió mediante correo electrónico una nota al periodista. El mensaje también estaba dirigido a Martha Ortiz, directora de El Colombiano, y a Jaime Orozco, presidente de la Junta Directiva del periódico.
En el correo, Hernández de la Cuesta, le dijo que no podía creer que un periódico como El Colombiano diera espacio sin estudiar las diferentes fuentes y advertía que lo consideraba una ligereza y que hacían mal el periodismo.
Horas después, la directora del periódico le pidió al periodista que le contara de qué se trataba la historia.
Otras presiones y amenazas
El 17 de febrero un camarógrafo y un reportero de El Colombiano iniciaron una misión en Apartadó, para investigar lo que sucedía en el proceso de restitución de tierras en la región del Urabá. Según le informaron a la Flip, el reportero recibió una llamada del señor Jorge Andrés Hernández de la Cuesta, quien lo citó a una reunión para hablar de la investigación que él realizaría. El 19 de febrero, uno de los periodistas fue abordado por un hombre en motocicleta que le entregó un sobre. El sobre contenía un sufragio con el nombre de los dos periodistas que se encontraban haciendo el trabajo de reportería. La amenaza fue confirmada por la dirección del Colombiano: “Efectivamente, hubo un caso de amenaza a un periodista y a un reportero gráfico cuando se habían trasladado en misión periodística a Urabá, para cerciorarse in situ de la situación y consultar a todas las partes afectadas. Uno de los periodistas recibió un sufragio en Apartadó en la tarde del 19 de febrero. De inmediato este lo informó al periódico, y en cuestión de minutos, denunciamos la amenaza al Ejército, quien junto con la Policía acompañó el regreso del equipo a Medellín, donde llegaron al anochecer, se reunieron con las directivas y se adoptaron medidas de protección para su seguridad. Al día siguiente, 20 de febrero, la Directora Jurídica de El Colombiano acompañó a los periodistas a formular la denuncia penal ante la Fiscalía, y a requerir medidas a la Unidad Nacional de Protección. El Departamento Jurídico y el Área de Recursos Humanos del periódico les ha prestado asistencia permanente desde entonces”. Días después de estos episodios dos periodistas renunciaron al diario. Ambos le manifestaron a la Flip que el motivo de sus renuncias obedecía a la orden que tenían de “no comentar ni publicar información concerniente al tema de restitución de tierras” y a la presión ejercida por los accionistas Hernández de la Cuesta.
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