Ejerce el oficio de posar para los artistas más renombrados del mundo. Algunos han confesado que su cuerpo desnudo los tiraniza. Posar es una cárcel para ella, y al mismo tiempo su liberación.
Por Jorge Sarmiento Figueroa – Editor General
Escribo de ti. De tu cuerpo firmamento. No necesito que te quedes quieta. Solo que lo sepas. Escribo de ti. (A Lenis Santana).
Una rosa roja corona su cola de caballo. La piel y la ropa, negras. Lleva un collar de estrellas y astros metálicos que convierten su largo cuello en un firmamento eritreo. Sube al escenario del auditorio Mario Santo Domingo, en la antigua Aduana de Barranquilla, donde se va a presentar su libro ‘Biografía del desnudo’.
Se sienta en uno de los dos sillones disponibles y adopta una actitud serena, indescifrable, como si en ese momento estuviera posando para los artistas de los talleres de Italia, España o Bogotá. En esa lividez podría ser la única mujer capaz de hacer que el cuerpo y lo que viste se vuelvan uno solo. La persona que era Lenis Santana antes de subir al escenario, la modelo que vino hoy con un vestido de falda globo transformado por ella misma, ahora parece convertida en una pantera. Detrás de ella, en gran pantalla, rotan imágenes de pinturas y fotografías en las que su cuerpo aparece en infinitas formas y colores que expresan su desnudez.
No caer en la tentación
Y sin embargo, pese a haber posado con los mejores, como Nereo o Loockhart, para citar los ejemplos de Colombia, Santana decidió no dejarse caer en las tentaciones extremas de hacer de su libro una «biografía de Lenis Santana» ni un pretencioso y repetido recorrido por la historia del arte. «Hice una investigación y empecé a escribir. Cuando llevaba 14 páginas sentí que ya había dicho lo que pensaba». Hace el gesto imaginario de un lápiz que se detiene en seco para no seguir escribiendo, y continúa: «me detuve y pregunté: ¿qué más cuento? Y entonces me propuse compartir más allá de lo que sé sobre el cuerpo, y por eso salí a preguntar a muchos colegas modelos y artistas, para descubrir más».
La voz de Lenis Santana
«Mi primera experiencia como modelo fue un choque porque desde niños a los seres humanos no nos enseñan a estar desnudos. Nos enseñan es a estar vestidos. Cubiertos».
«No es igual la desnudez de una playa nudista, por ejemplo, que la de una modelo de arte. En el arte esa pose en un pedestal se convierte en una cárcel en la que ni siquiera te puedes mover. Pero esa quietud que se vuelve en un torbellino interior siento que me libera y hace que mi energía transmita lo que soy sin tapujos».
«Al entrar al taller de un artista que quiere solo una pose, siento que no puedo hacerlo porque sería como prestar mi cuerpo. Debo sentir que aporto mi intelecto para el arte».
«Me he enfrentado a artistas que no conocen mucho el mundo del arte y al afrontarme pierden el control y por tanto se acaba de inmediato la relación artística».
«Cuando llegué a Europa ya llevaba 14 años caminando desnuda».
«Soy de movimiento, aunque esté quieta cuando poso»
«Antes de Florencia yo era una modelo y bailarina de danza. Al llegar allí me volví una modelo renacentista».
«Aprendí idiomas, como el italiano, pero me comunico con el arte. Sin palabras».
«Luis Vargas fue mi primer pintor, de hace 30 años. Aún hablo casi todas las semanas con él».
«Nereo me fotografió. Yo tuve la fortuna de posar para él».
«Quiero verme a los 60 años posando».
«El arte es de muchos aspectos y cada uno es un cuerpo».
«Nuestra capacidad verbal es menor que la de nuestro cuerpo. Hablamos más en silencio».
«Hay artistas que le dicen que la fuerza de mis poses los obliga a pintar. Yo feliz porque entonces hago parte verdadera de su arte».
La Menina
Lenis Santana gusta de rendir homenajes a los lugares en los que ha estado. Por eso se vistió de Menina. Lo hizo todo ella misma e hizo un performance desde cuando empezó a vestirse en frente del museo Reina Sofía, en Madrid. Quiso hacerlo también en El Prado, en la misma ciudad, donde era lo más natural porque allí reposa el legendario cuadro de Velásquez, pero se lo prohibieron porque «tienen la loca política de que nadie puede estar disfrazado en el museo». Y cuando hablaban con ella, disfrazada de Menina, les respondía en el mismo castellano del siglo XVII. Un performance completo y tan preciso que hasta los niños la reconocían.
Los ancestros eritreos
Lenis Santana hecha arte