El paradigma de la belleza femenina expresado en los reinados es el nivel al que se llega en una sociedad en la que la mujer es convertida en objeto, y goza al ser convertida en eso.
Por Jorge Sarmiento Figueroa – Editor General
No solo las reinas son las cosificadas en un Reinado de belleza. También lo son las señoras y jovencitas que quedan estupefactas ante el televisor. Y los muchos hombres que también gozan con el espectáculo, y hasta se vuelven expertos en glamour, cabellos y lentejuelas.
Los mafiosos, a los que solemos considerar como megalómanos y enfermizos, son los que suelen pagar la organización de estos certámenes. Uno de los recuerdos más impresionantes de lo que fue capaz de hacer el paramilitar «Cadenas» en el Departamento de Sucre, lo tiene Libertad, un pequeño corregimiento de San Onofre. «Cadenas» organizó un reinado de niñas de 14 años, a las que luego violaron, y paralelo realizó una velada boxística de homosexuales. Si «Cadenas» es distinto al resto de la sociedad, lo es por llevar su psicosis al punto del asesinato por el supuesto placer. Del resto, no sé qué tan distintos somos cuando actuamos con ese instinto para que nuestra ansiedad más animal se desfogue de la manera en que un reinado lo hace.
Y no deja de ser curioso que esta semana en Colombia comenzó con dos noticias que compitieron por el rating de la opinión pública: La suspensión de los Diálogos de paz y el Reinado de la belleza.
Sobre los reinados se han visto primeras páginas en la prensa, artículos en revistas, secciones enteras de noticieros de televisión, transmisiones y crónicas periodísticas, hechas por dos razones que se basan en lo más primitivo del animal que somos: Delirar con el cuerpo humano a costa del espíritu; y crear historias y noticias donde no las hay con tal de satisfacer el voraz apetito de la sociedad. «Esto es lo que hay, a la gente hay que darle lo que quiere, nosotros solo somos el reflejo de la sociedad». Argumentos para justificarnos hay por montones. Al precio que sea. Incluso, de la dignidad.