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Larry Harlow, la mejor despedida del Carnaval de las Artes

Un pianista, con un descomunal talento musical, nacido en el corazón del Brooklyn, fue a Cuba a buscar el son.

Por Rafael Sarmiento ColeyDirector

Las personas que tienen una inteligencia fuera de lo común son así: arriesgan todo detrás de lo que persiguen.

En medio del fragor de la crisis de Batista, cuando ya Fidel y sus barbudos disparaban sus cañones y fusiles en las goteras de La Habana, Laurence Ira kahn, mejor conocido como Larry Harlow o ‘el judío maravilloso’, se fue a Cuba en busca de las raíces del son. Era aún muy joven. Tal vez no dimensionó el peligro de meterse en la boca del lobo en aquellos momentos. Pudo haber sido fusilado por sospechoso de espía.

Lo importante es que aquel riesgo valió la pena. Su alma musical fue como una esponja que se chupó todo lo que pudo extraerle al genial Arsenio Rodríguez, también llamado ‘el ciego maravilloso’ (porque cuando niño, andando en el campo en un burro, algo espantó al asno, Arsenio cayó, con tan mala suerte que recibió una coz en el rostro que lo dejó sin visión, lo que no impidió desarrollar su talento para la música).

Ese gran Larry Harlow, ese judío maravilloso, fue quien deleitó al numeroso público que colmó el Amira de la Rosa en la jornada de cierre del VIII Carnaval de las Artes, este domingo en horas de la noche. Una presentación impecable, con un piano sonoro y claro, y el acompañamiento a la altura del grupo del maestro Hugo Molinares, quien suena siempre nítido y ahora más por el destello de su hijo en la flauta; y la voz líder, recuperada de ímpetu, de Charlie Gómez.

Un libro abierto

Larry alternó su brillante historia musical (con éxitos que no pasan de moda como ‘Se me perdió la cartera’ y el tema central de su álbum ‘Tributo a Arsenio Rodríguez’), con una charla con el periodista también de origen judío Marcos Schwartz, director del diario barranquillero El Heraldo.

Pero Larry es la locomotora que cuando arranca no hay freno que la aguante. Además, como sabe tanto de música, como conoce todas las minucias del antes, en y después del nacimiento de la Fania y de la Fania All Star, el personaje se tragó por completo al entrevistador. No por culpa del veterano escritor y periodista, hay que aclararlo con toda justicia, sino porque, en realidad, Larry Harlow es un libro abierto que conoce todos los vericuetos de la salsa.

El origen del nombre de ‘salsa’ como género musical. Que realmente no es ‘género’, sino un sello musical con el cual se hicieron archimillonarios Jerry Masucci y Rhalp Mercado, mientras que las estrellas, con contadas excepciones, quedaron «comiendo cable».

Larry, por ejemplo, recordó que en Venezuela hubo un locutor que tenía un programa radial musical denominado ‘Échale salsita’, y en Puerto Rico gusta mucho comer el pescado con abundante y rica salsa. Es decir, la palabra salsa se asocia a algo sabroso, delicioso, rico al paladar. Y como la música que surgió de una fusión genial del son, la charanga, el chachachá, algo de latinjazz, la bomba, la plena portoriqueñas, el merengue dominicano, la cumbia y el porro colombiano, los aires llaneros venezolanos y la bomba panameña, fue algo que le llegó al alma al pueblo latino en Nueva York y en todos los país del Caribe inmenso y América Latina, pues el sello ‘salsa’ le quedó al pelo.

Padres músicos

Antes de proseguir, es justo hacer el reconocimiento a la Fundación la Cueva, a su director Heriberto Fiorillo, su esposa Claudia Muñoz de Fiorillo, pero en especial, al presidente de esa benemérita institución que organiza este Carnaval de las Artes desde hace siete años: Antonio Celia Martínezaparicio, su esposa Patricia Maestre de Celia y su hijo Antonio.

Celia ejerce un mecenazgo sin el cual no sería posible este esfuerzo por mantener viva la llama de la cultura musical en Barranquilla. No solo centrarla en los lujosos salones del Amira de la Rosa o el Country Club, sino llevarla a los barrios más pobres de la ciudad y a la plaza pública frente a la Catedral, todo lo cual paralelo con una organización fantástica de un evento gratuito para la niñez barranquillera y costeña.

Cerrado ese paréntesis, sigamos con Harlow. Nació en un hogar que transpiraba música. Al niño lo bautizaron como Lawrence Ira kahn. Su madre Rose Buddy kahn, era cantante de ópera con el nombre artístico de Rose Sherman. Su padre Nathan Kahn, cuyo nombre artístico era Buddy Harlowe, tocaba el contrabajo en consagrados conjuntos de su época.

Desde muy niño aprendió a tocar piano, gracias a que sus padres le asignaron un maestro particular. Y muy pronto se abrió paso en esa selva de cemento que es el Brooklyn. Para diferenciarse, apeló al diminutivo de Lawrence, ‘Larry’ le suprimió la ‘e’ al apellido artístico de su padre. ¡Y, listo! Quedó como Larry Harlow, a quien luego rebautizaron como el ‘judío maravilloso’, por la admiración que él siempre ha sentido por el ‘ciego maravilloso’ Arsenio Rodríguez.

A los 16 años ya Larry Harlow es un pianista reconocido y tiene su propia agrupación. Es cuando aparecen en su vida Rhalp Mercado y Jerry Masucci, los genios para los negocios en el mundo musical de ese entonces. Empieza la leyenda.

Nace la película ‘La cosa nostra’, que a pesar del pésimo sonido y la cámara que parece manejada por un borracho, es histórica. El concierto inolvidable en el Chitaa y la locura de la presentación en el Zaire con motivo de la pelea mundial de Clay vs. Holmes. Un concierto en el que cada integrante de la Fania All Star (porque ahí sí estaban todas las Estrellas de Fania), sueltan todo lo que llevan  por dentro. Con tres pianistas fuera de serie: Larry Harlow, Eddie Palmieri y Papo Lucas.

Toda esa fuerza colectiva musical enloquece a una multitud que, aunque no entiende el lenguaje de las letras de las canciones, sí entiende el lenguaje universal de la música afrocaribe. La esencia salsera, un poquito de lo cual disfrutaron los barranquilleros en el cierre maravilloso del Carnaval de las Artes.

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