Una breve crónica del diario vivir de quien ha dedicado su vida al oficio de contar la realidad.
Por Jorge Sarmiento Figueroa
Ese que a las nueve y cuarenta tres de la noche de un miércoles dos de febrero de dos mil veintiuno está consultando fuentes para una crónica periodística, que prepara como director de su propio portal web, emprendió su camino en el oficio hace cincuenta años, de la mano de titanes históricos, como Álvaro ‘El nene’ Cepeda Samudio.
Cuando comenzó, las periódicos se hacían con placas de plomo fundido. Desde entonces ha pasado de todo y muchas cosas han cambiado, pero esta imagen se hizo constante, perenne, perpetua, tomada en solitario o mientras entrevistaba al grupo de enanos de un circo, o a Robert De Niro en plena selva durante La Misión, o a Gabo en una de sus recónditas noches de tragos con Fernández Renowitzky, o a Celia Cruz siendo reina de la salsa.
Todo ha ocurrido en el ángulo de esta escena cuya esencia es ese mismo plano, como si el mundo y el tiempo ocurrieran con el único propósito de que el periodista cuente la noticia. Por eso para esta breve historia el tiempo no se cuenta en números; se narra.
Este periodista vive entre los que nacieron para el oficio y se entregaron a su labor como árboles de una sola tierra. Este señor es mi padre.
