Tres años después del fallecimiento de Joe Arroyo, Luis Ojeda, quien fue su representante y presentador decide romper el silencio.
Por: Francisco Figueroa Turcios
Joe Arroyo falleció el martes 26 de julio de 2011 a las 7:45 de la mañana en la Clínica la Asunción, es decir, este sábado se cumplen los tres primeros años de su fallecimiento.
Luis Ojeda decide romper el silencio y revelar pasajes desconocidos de la vida del cantante cartagenero, autor e interprete de numerosos éxitos internacionales, entre ellos, “La rebelión”, “El caminante”, “El ausente” , “Tania”, ‘La Fundillo Loco, ‘Tamarindo Seco’ y ‘La Tortuga’.
La estatua del Joe Arroyo, ubicada frente al mítico estadio «Romelio Martínez», en la carrera 46 con la calle 72 en Barranquilla, fue testigo mudo de las revelaciones de Luis Ojeda, el popular Lucho Ojeda, comunicador social y periodista egresado de la Universidad Autónoma, narrador de fútbol y presentador en tarima de grandes agrupaciones, como la orquesta La Verdad, del Joe Arroyo.
No eches para atrás ningún contrato…
Joe Arroyo llegó el martes 26 de julio de 2011 por su propios medios (manejando su camioneta) a la Clínica la Asunción, en compañía de Jacqueline Ramón, de ese hecho recuerda perfectamente Luis Ojeda; «Todos pensábamos que saldría, como otras veces había ocurrido, pero, nada. Esta vez la muerte le ganó la partida. Estando en la sala de cuidados intermedios, cuando quedamos los dos solos, me hizo hincapié en lo que siempre me cantaleteaba: ‘no vayas a echar ninguno de los contratos para atrás, yo de esta salgo pronto’. Joe no dimensionaba lo delicado de su estado de salud, él me decía que lo que tenía era un ‘enzorre’ en la garganta, cuando en realidad tenía neumonía y, adicionalmente, le provino una crisis cardíaca e insuficiencia renal. Los artistas son así, recuerdo que a Oscar De León le dio un pre-infarto y le dijo en ese momento crítico a su representante que no cancelara los contratos».
«Lo mataron, a mi papá lo mataron»: esta frase la pronunció Eykol Arroyo -la tercera hija de Joe Arroyo-, en el instante en el que se enteró de la muerte de su padre. Indirectamente responsabilizaba como principales protagonistas a su última esposa, Jacqueline Ramón, y al representante, Luis Ojeda; por los excesos y descuidos que supuestamente tuvieron con el propio artista. Es decir, en la mente adolorida de Eykol era humano aceptar que afloraran sentimientos de culpabilidad hacia alguien. Pensaba que pudieron haber evitado su muerte.
Eykol, que es una joven muy espiritual y sensible, tal vez hoy deba estar pensando distinto. Ningún ser humano puede atravesarse a los designios de Dios.
Luis Ojeda, dos años después de la muerte de Joe Arroyo, considera sobre la frase de Eykol como muy fuerte e injusta con él. Pero piensa que «allá arriba está el que para abajo mira y sabe lo que cada uno de nosotros hace. Tengo mi conciencia tranquila, porque no solamente había una relación contractual, sino que durante 28 años fui su presentador y más tarde su representante, por lo que se afianzó una gran amistad, donde los valores lealtad y respeto fueron primordiales. Siempre respete sus órdenes, hasta el último día de su muerte».
Duros golpes
Joe Arroyo recibió duros golpes emocionales en su vida que lo arrastraron a un túnel sin salida:
el 31 de octubre de 2001, tras un ataque al corazón, su hija Tania falleció a la edad de 26 años.
Luis Ojeda, recuerda ese hecho, como si fuera hoy: «Al enterarse que Tania fue internada en una clínica en Cartagena, Joe me envió a llevarle dinero para que cubriera el costo de la hospitalización, él estaba en toques finales para grabar. Cuando llegué a la capital de Bolívar me percaté que el estado de salud de Tania era delicado, regresé a Barranquilla para comentarle personalmente el hecho al Joe. Me conocía tan perfectamente que apenas me vio me dijo: ‘Lucho dime la verdad’. Al enterarlo me ordenó cancelar la grabación y me dijo: ‘nos vamos para Cartagena'».
Cómo seria la velocidad que llevaba, que a la entrada de Cartagena no tuvo tiempo para frenar en el reten de la Policía, por lo que una patrulla los alcanzó y al percatarse de que era el Joe le preguntaron qué le pasaba y él les dijo: «perdonen, es que mi hija Tania esta grave».
«Cuando llegamos al parqueadero de la clínica, Joe fue un momento a orinar y en esa fracción de segundos sonó mi teléfono, donde me anunciaban que Tania acababa de morir. Joe se percató de la llamada y me dijo ‘Lucho dime que no, dime que Tania no ha muerto’. Mi silencio fue suficiente para entender la respuesta. De inmediato se fue en llanto. Lloraba desconsoladamente como un niño. En la madrugada, ya en su apartamento, me percato que Joe no estaba acostado, sino asomado en la ventana a punto de lanzarse al vacío. Le hablé y luego me reconoció que estaba dispuesto a suicidarse. La vida sin Tania no tenía sentido. Fue un golpe demasiado duro para Joe», relata Luis Ojeda cuando lentamente fueron saliendo lágrimas a medida que evocaba ese recuerdo.
Luego, el 21 de junio de 2002, murió su madre, Ángela González, y en la mitad de ambas tragedias, el Joe rompió con su más larga y profunda historia de amor: Mary Luz Alonso. Desde la ruptura con Mary, el Joe Arroyo perdió el brillo de sus ojos, se volvió un hombre triste, su carrera decayó, en medio de su soledad se juntó luego Jacqueline Ramón y, luego, nadie pudo salvarlo de su adicción a la droga, ni de las depresiones que este vicio le agregó a su salud mental.
Mucho se ha escrito de esos episodios de sus romances. Según allegados distintos a Lucho Ojeda, la verdad es que Mary Luz Alonso no amó jamás al Joe. Sintió hacia él desde siempre una admiración como artista. Y luego un sentimiento de afecto y el noble y sincero deseo de ayudarlo a superar su drogadicción. Eso no se le puede desconocer a Mary Luz. Su sentimiento espiritual hacia el Joe. Su deseo de ayudarlo. Pero no lo amó. Porque ella siempre tuvo su amor eterno. Su primer noviecito de pueblo, a quien jamás pudo sacar de su corazón.
No lo amaron, eso es muy cierto
Luis Ojeda tuvo la oportunidad de conocer como la palma de sus manos a las tres esposas que tuvo el Joe Arroyo, y él saca una conclusión: «Joe no tuvo la fortuna de que sus esposas lo amaran. Careció del amor de una mujer que lo quisiera a borbotones. Joe amó, pero las mujeres no lo amaron. Yo conocí a Adela, Mary y Jacqueline. De las tres esposas, Mary fue su gran amor, pero no tuvo su correspondencia».
Amigos de la pareja Joe-Adela coinciden en que «no fue que no existiera amor de parte de ella. Es que ambos eran muy jóvenes cuando se casaron. Fueron amores de locura. Pasiones tormentosas. Con muchas discusiones y tormentas. Así, cualquier pareja se revienta. Pero, en el fondo, Adela lo quiso a su manera. Hay que tener en cuenta su condición social. De los sectores de donde provenía y del ambiente cartagenero en que nació, se crió y vivió. Un ambiente de miseria. De envidia, de egoísmo, de exclusión e individualismo. En donde el amor entre padres e hijos es negado por la borrasca de la miseria y la falta de oportunidades. El ser humano en esas condiciones se suele levantar sin amor y muere sin amor. Por eso es difícil que de allí pueda salir una pareja feliz como en una película rosa».
Lo otro que se comenta en el barrio en donde crecieron y se conocieron Joe y Adela en Cartagena es que tanto el libro como el novelón en el cual se basó la versión que pasó uno de los canales nacionales falsearon totalmente la verdad. Sin necesidad. Porque la vida misma de los dos protagonista era superior a la ficción. Con lo cual se demuestra la pobreza de talento del autor del libro y del libreto. Gente mediocre que, por ganarse unos millones de pesos, les importó un pepino la dignidad humana, y pasaron por encima, de manera torpe y cretina, de la oportunidad de dejar una obra brillante que resistiera la prueba de los textos que perduran y no pasan de moda, por su calidad literaria. Por su fidelidad a la verdad.
Lucho se queda un instante en silencio y reflexiona. «Si el Joe Arroyo hubiera recibido amor puro de una de las tres mujeres con quien convivió, a lo mejor hoy estuviera vivo. Él se hundió en su adicción a la drogas por ese motivo…el desamor».
Mary Luz Alonso más tarde reconocería: «Me equivoqué, cometí errores, dejé a mi Joe y ahora lo lamento. Pero sé que él siempre me amó, porque lo dijo muchas veces en los últimos meses y en público». Otros consideran que Adela se casó con Joe Arroyo por verdadero amor, porque en esa instancia todavía «Centurión de la noche» no acariciaba la fama.
No consumí droga
Joe Arroyo desde muy joven ingresó al mundo de la droga. Inicialmente fumó marihuana, así lo reveló el compositor Rubén Darío Salcedo, quien lo tuvo en su casa en Sincelejo durante cinco años: «Joe venía de Cartagena con la costumbre de fumarse sus tabaquitos de marihuana y un día cuando yo menos esperé me dijo: ‘maestro, fume un poco para que se inspire mejor. Yo le acepté el ofrecimiento. Él me enseñó a fumar la marihuana».
Rubén Darío recuerda que, desde entonces, siempre le aconsejó: Joe, aléjate del vicio. Porque él había visto caer en el barril sin fondo a muchos drogadictos que pudieron haber sido músicos de talla internacional.
Muchos jóvenes que pasaron por las manos de Salcedo, director de sus propias agrupaciones musicales, derrocharon su talento en el vicio. Recuerda que «una vez que fuimos a tocar a Santa Marta, ya el Joe no le jalaba a la marihuana, sino al bazuco. Me insistió para que lo probara y, para complacerlo, tomé un sorbo de bazuco. El efecto que me dio es que yo veía el mar arriba de mí”. El maestro Salcedo suelta una carcajada viva con esos recuerdos, luego mira en su memoria el mar y la charla sigue… “Le dije al Joe: ¡eche y esta vaina! yo veo el mar arriba de mí. Él me dijo: ‘tranquilo que él se baja’. Eso fue como a las 10 de la mañana. A la media hora me arrodillé y clamé al cielo: Dios mío, si tú me vuelves a poner el mar en su posición, no vuelvo a probar el bazuco. A las 5 de la tarde, todo era normal”. De allí jamás volvió el maestro Salcedo a probar ninguna clase de droga. “Yo salí malo pa’ eso, sino hoy también estuviera en la lista de los que muy jóvenes van rumbo pa’l cementerio. Por el maldito vicio”.
En los 28 años que estuvo Luis Ojeda trabajando con Joe Arroyo, jamás consumió droga, eso si él reconoce que en varias oportunidades el «Centurión de la noche» le ofreció.
«Una vez quedé disfónico horas antes de una presentación, y el Joe me dijo «viejo Lucho te tengo la solución para recuperar la voz». Yo le dije: «cuál es la formula». El Joe me respondió: «métete una porción de cocaína y veras el milagro», recuerda Lucho Ojeda que su reacción fue rechazar con buenos modales la oferta, «yo no voy en esa».
En relación a la adición por la droga del Joe Arroyo, él considera que muchas veces le daba consejo sobre el perjuicio del consumo de la cocaína y el bazuco, pero el notable y malogrado cantautor no tuvo la fuerza de voluntad para superar esta enfermedad. «Yo nunca consumí droga con el Joe, algunos de los músicos sí. Gracias a Dios, mi hermano, Ricardo (Pin) Ojeda, el timbalero de toda la vida de la orquesta La Verdad, logró salir del infierno de las drogas y hoy tiene su propia agrupación La Nómina del Pin», terminó diciendo en su relato Luis Ojeda, recordando a su amigo Joe Arroyo, quien falleció hace dos años, el 26 de julio.