El 11 de febrero, Fiesta de Nuestra Señora de Lourdes, celebramos la jornada mundial del enfermo.
Por: Rafael Castillo Torres
En nuestra Arquidiócesis fue toda una semana de oraciones, celebraciones, acompañamiento a los enfermos y familiares y fortalecimiento de la misión médica. Ayudó mucho la orientación y apoyo de la Dra. Alma Teresa Bonfante y el equipo responsable de la Pastoral de la Salud.
Ha sido una celebración en medio de una pandemia que nos ha descubierto fragilidades y vulnerabilidades; que nos ha arrancado nuestros médicos del cuerpo y del alma; que nos ha mostrado cómo la muerte ha sido esa puerta que nuestros familiares han traspasado en solitario adentrándose en el misterio insondable de Dios. También ha sido la ocasión para acompañarlos con amor y con nuestra oración en su encuentro definitivo con el Señor. Activar la compasión durante todos estos días, nos ha permitido comprender que la misericordia de Dios, como bien lo enseña el papa Francisco, no es una bella teoría sino una realidad fascinante. Es reproducir, allí donde hay dolor, las palabras y acciones de Jesús cuando curaba enfermos, expulsaba demonios y liberaba a todos del mal de la indignación y la exclusión. Lo más importante para Jesús y su Iglesia, es que nuestros hermanos enfermos recuperen su salud y se integren de nuevo con nosotros. Será el signo de que el Reino de Dios ha llegado y se hace presente porque su misericordia alcanza a los que sufren, sana a todos y procura dignidad para los desgraciados.
También ha sido esta jornada la ocasión para entender que nuestra gente pobre solo tiene acceso a la salud si cuenta con dinero para pagarla. Perciben sus enfermedades no tanto como una dolencia orgánica, sino como una incapacidad para vivir como los demás hijos de Dios. ¿Por qué los servicios especializados en la medicina no están al alance de la inmensa mayoría de nuestra gente? ¿por qué resulta más próxima la estafa del brujo y del chamán? Los enfermos del sur de Bolívar llegan hasta Magangué, si acaso, y los de Montes de María hasta El Carmen de Bolívar, cuando pueden.
Nuestra principal tarea es hacer posible que nuestros enfermos y todo el personal médico y sanitario encuentren aquello que el sistema que ha organizado nuestra salud no nos está dando: una nueva relación con Dios que nos ayude a vivir con otra dignidad sin dejar de confiar en Él. Será un gran día cuando las personas que acudan a nuestras clínicas y hospitales lo hagan porque allí encuentran una acogida entrañable; una fuerza que los regenera desde sus mismas raíces; unos profesionales de la salud que contagian su fe en la bondad de Dios y tienen la fuerza para despertar energías desconocidas en sus pacientes para que ellos recuperen su salud.
- Padre Rafael Castillo Torres, Director del PDP Canal del Dique.
