“Hay que levantar la tapa para ver qué es lo que hierve debajo de ella”.
¿Cómo podemos incidir en la política nacional –
o incluso tomar decisiones inteligentes en nuestras propias vidas –
si no podemos captar los temas subyacentes? Carl Sagan.
Por Andrés Ibañez (El Satírico).
En estos días conversaba con un amigo sobre política, siempre fue un tema que nos llamó poderosamente la atención, pero del cual no tuvimos en la escuela, ni en la casa con quien hablarlo, no contamos con alguien que nos guiara, no pudimos resolver muchas dudas y tuvimos que esperar varios años para poder empezar a construir un criterio propio respecto al tema, criterio que en la actualidad seguimos edificando. Pero, ¿Cuáles fueron las causas de este desamparo formativo?, citamos de forma global las que a nuestro parecer fueron algunas:
- Los profesores de la escuela solo nos pedían mecanizar: la metodología pedagógica de la mayoría de docentes era muy ortodoxa, aprender de memoria fórmulas matemáticas, nombres de capitales y departamentos eran los retos de cada clase, no se hablaba de sexualidad y otros temas que para alguien que está en una etapa de crecimiento es importante.
- Según algunos adultos la política no era un tema para adolescentes y jóvenes: para variar nadie nos tenía en cuenta, eran casi nulas las entidades que incentivaban a la población más joven a empoderarse de estos temas, del mismo modo eran pocos los jóvenes lo que hubiéramos querido ir más allá. Por otro lado nuestros padres solo repetían lo que nuestros abuelos le habían enseñado o lo que en el entorno habían aprendido.
- Medios de comunicación: si bien el acceso a la información era algo limitado, los medios solo mostraban por encima lo que pasaba, y unos cuantos contaban con la veracidad necesaria para transmitir la noticia.
Muchas de estas cosas han mejorado, otras no tanto. Sigo conversando con mi amigo de forma amena, disfrutábamos de un boli de corozo para calmar el calor y de repente somos distraídos por 6 niños que están en las afueras de la casa discutiendo, se alcanza a escuchar lo que el uno le dice al otro: “ustedes no son de por aquí, ustedes viven pal 12”, dice en tono desafiante uno de los más grandes, haciendo referencia a que dos de los que estaban ahí no eran del barrio: “si no te gusta vamos a darnos muñeca pelao”, contesta uno de los dos niños visitantes, se empiezan a retar abriendo las manos y sacando el pecho asemejando a los gallos de pelea, pero todo es interrumpido por el grito de una madre de los menores: “¡Juan, ven a desayunar! ”, “te salvaste” le dice uno, “aquí te espero si quieres” contesta el otro.
Quedamos atónitos. Situaciones como esta nos ponen a pensar que también es necesario que cambiemos el chip en las poblaciones más jóvenes, que se necesita aprender a solucionar los conflictos con diálogo, que necesitamos ser más tolerantes, entender que lo que realmente importa es debatir sin tomarse nada personal porque se refutan las ideas, los argumentos; comprender que no tenemos la verdad absoluta y que todo es un proceso en el que todos debemos aportar pensando de forma crítica, sin pensar en la conveniencia individual, deshaciéndonos de las imposiciones sociales que nos dividen, sobre todo de esa obsesión por tener la razón a como dé lugar y cueste lo que cueste. Son muchas cosas por corregir, y nada mejora de la noche a la mañana. Termino con una frase del mismo autor que cité al principio:
“Hay que levantar la tapa para ver qué es lo que hierve debajo de ella”