En las noticias de primera página se celebra el fin de la guerra, en otras lo critican y algunas simplemente informan los acontecimientos, aunque en la mayoría de los casos bastante parcializados.
Por: Isaura Perez Ochoa
En este texto quiero dejar claro que la paz no la hace el gobierno con las Farc, la paz no se negocia y mucho menos se comercializa, como muchos han afirmado. El actual proceso es solo un paso de conciliación entre la guerrilla más influyente del país y el gobierno, el verdadero reto empieza después.
Todos somos responsables ahora de empezar a ser el país de la paz, entender que la verdadera paz empieza por mí y no por el otro, que soy yo quien puede hacer la diferencia. Debemos dejar de pensar que la culpa es del otro y por el contrario ser conscientes de que son nuestras acciones las que tienen un efecto, tanto en nuestra vida como en la de quienes nos rodean.
Colombia necesita ciudadanos comprometidos, dispuestos a emprender un camino que aunque algunos no comparten deben intentar hacer más amable su estadía en él. Más de medio siglo de guerra no trajo soluciones, es hora de probar la paz. La única guerra no es con la guerrilla, pero es una de las peor libradas. No quiero que mis hijos vivan en un país de guerra, no quiero que los hijos de mis hermanos pierdan su vida en una guerra que no eligieron, que inocentes paguen las deudas de los otros, no quiero vivir otra era de violencia y perpetuar el horror.
Me muestro optimista ante lo que viene porque somos capaces de demostrar de que estamos hechos los colombianos, somos amor, reconciliación, somos sueños y logros, alegría y optimismo, somos el presente y el futuro, somos paz.
Hoy por hoy, decido hacer la paz conmigo, con mi familia, mis amigos y todos los que están a mí alrededor, decido hacer la paz por mi país, por las víctimas, por los muertos, por los que aún tienen esperanzas. Decido que no quiero más guerra y que puedo cultivar la paz, perdonar, aceptar y tolerar es el camino hacia la paz.
Respetar las opiniones del otro, aceptar que no es igual a mí, que no piensa como yo, pero que tenemos los mismos derechos y que es un ser humano al igual que yo. Aunque no comparta sus ideas o creencias debo aceptar que son tan válidas como las mías y que también puede expresarlas libremente, siempre y cuando no pase por encima de los derechos de otros.
Construir un país en paz es posible, puede tomar tiempo, puede no ser fácil, puede tener altos y bajos, podemos flaquear, caer y levantarnos pero siempre perseverando, porque la paz la hago yo, la haces tú, la paz es responsabilidad de todos.