Por Óscar Arias Díaz
En las salas de cine he pasado una gran parte de mi vida. Eso es una verdad, y sin saberlo esas horas en la sala oscura, la pantalla grande y el sonido envolvente sigue siendo un espacio comunitario alrededor del mundo. Acudir a los personajes, situaciones, leyendas y actores icónicos fue la huella que ha dejado esta entrega de Flash en el universo cinematográfico de DC Comics que está a punto de reiniciarse bajo la batuta de James Gunn, ex director del MCU quien apuesta a revisitar a los grandes colosos de DC Comics, Batman y Superman.
La nostalgia, la memoria y el recuerdo siguen siendo la variable dentro de la fórmula donde las audiencias siguen encontrando títulos como: Flash (2023) del director argentino Andy Muschetti.
Empezamos con un Barry Allen encontrando su espacio en la Liga de la Justicia construida por Zack Snyder, porque prefiero no comentar del desastre que fue la versión del filme por parte del director Joss Whedon. En su diario vivir Allen toma un desayuno cargado por el alto consumo de calorías que pasan factura al ser el metahumano más veloz dentro de los superhéroes. Ante el inminente llamado a la aventura por parte de un Batman interpretado en un principio por Ben Affleck nos adentramos en una secuencia guiada por un Alfred Pennyworth interpretado por Jeremy Irons, que sin despeinarse nos entrega algunos “comic relief” y “gags” en la secuencia de arranque de este film que busca cerrar un ciclo de altas y bajas para los héroes de DC bajo la propiedad de la Warner Bros.
Las líneas de tiempo, la teoría de cuerdas, las paradojas e incluso el cine haciéndose referencia así mismo son algunos de los elementos que se pueden ver y escuchar en la historia del Flash, interpretado por Ezra Miller, quien tanto con el traje de superhéroe o sin este no conecta del todo con un público fragmentado, heterogéneo y diverso.
Al momento de ser Barry Allen quien tal como en algunas líneas lo refiere: “No soy una persona muy sociable”, nos encontramos con un actor que trata de refugiarse en una onda de incomprendido para aflorar las heridas familiares.
Lo que vemos dentro de un personaje es una búsqueda por tratar de enmendar errores para superar sus propios traumas de infancia y ante la inminente pérdida de un ser querido. No es extraño, para ningún fanático saber que, dentro del universo de Flash, la perdida de su madre termina revelando y descubriendo una trama conocida en el mundo de los comics como “Flashpoint” o “La Paradoja de Flash”, escrita por Geoff Johns e ilustrada magistralmente por Andy Kubert y publicada por DC Comics en 2011.
Hay que decir que en muchos momentos de la película termina llena de guiños a los clásicos de los cómics, el cine y la televisión de los superhéroes de DC Comics quienes son propiedad de los estudios Warner Bros.
Sin despeinarse y con una velocidad casi milimétrica. El relato termina siendo débil al repetirse en un segundo acto que toma la historia de Zack Snyder como excusa para mostrar un antagonista ya superado y que termina llenando la pantalla con un enfrentamiento con una “Supergirl” interpretada por Sasha Calle de ascendencia colombiana y un Flash “maduro” junto a un Flash “inexperto”, caótico y quien luego bajo un abrir y cerrar de ojos termina siendo su peor enemigo.
Trato de dejar libre de spoilers esta crítica pero al final y si, en el final de esta historia los guiños hacia otros superhéroes de DC Comics llevados a la gran pantalla, o proyectos que nunca alcanzaron a materializarse terminan hablándole a todos los fanáticos donde me incluyo al momento de emocionarse sobre el recorrido de este género de superhéroes que ya está extremadamente sobreexplotado, fatigado y exprimido hasta decir, basta.
Lo bueno: Traer a viejas leyendas de Hollywood para acercarse a las nuevas audiencias en interpretaciones que sostienen gran parte del metraje. Sasha Calle tiene un gran potencial que puede llegar a ser explotado bajo la mirada de directores que puedan hacer justicia a su rango actoral. La emoción de aquellos que crecimos con el Batman de Michael Keaton y algunas sorpresas que verán sobre el personaje de Superman, hacen que valga la pena pagar la boleta e ir a las salas de cine.
Lo malo: El CGI (Computer Generated Image) en algunos momentos carece de siquiera algún tipo de esfuerzo o dedicación y parece una imagen que aún está buscando ser renderizada y terminada. ¿Cuánto más se va a utilizar el recurso del viaje en el tiempo en el género de superhéroes?. Algunos gags terminan siendo forzados y casi llegan al tono de los clásicos de los “Looney Tunes” que se ven en los afiches en distintas locaciones del film.
