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La palma de aceite le está ganando la pelea a la coca

En zonas en donde antes floreció el criminal negocio del narcotráfico, hoy crece un cultivo que será el reemplazo de los combustibles fósiles. Incluso dará cristiana sepultura en Colombia a las llamadas bacrim. Sin pelear. 

Por Rafael Sarmiento Coley

Este jueves comienza en Barranquilla, por primera vez, el Congreso número 45 de la Federación Colombiana de Palma de Aceite (Fedepalma), con la propuesta de apostarle con más fuerza al compromiso social en las comunidades del entorno, con el fin de que superen los niveles de absoluta pobreza.

En esta materia la Costa Caribe colombiana es un ejemplo admirable, no solo por haberse convertido en pocos años en el productor del 30% del aceite de palma en Colombia, sino porque el palmicultor costeño fue el primero que entendió que su principal aliado no tenían que ser los grupos armados al margen de la ley, sino la comunidad del entorno de las fincas en donde estaban los cultivos.

Así nació lo que en un principio fue calificado por algunos de sus colegas agricultores como un ‘proyecto iluso’. El proyecto de la Hacienda Las Flores.

los funcionarios de

Así nació lo que en un principio fue calificado por algunos de sus colegas agricultores como un ‘proyecto iluso’.

El proyecto de la Hacienda Las Flores

“Esa era una tierra heredada de mis abuelos, y como desde cuando nací tuve los zapatos sucios de boñiga de vaca y los pedazos de queso en los cachetes, vi cómo sufrían mis abuelos cuando les iba mal con la producción de leche y el engorde de los novillos para la venta. No era un negocio bueno. Era bueno para la cadena de intermediarios. Pero no para el productor que le doblaba el lomo al sol día tras día. Terminé mis estudios universitarios y regresé al hogar materno, me encontré con la triste noticia de que mis abuelos habían muerto. Y me señalaron con le dedo índice a mí. “¡Tú serás el encargado de sacar adelante la Hacienda las Flores!”. Cipote lío, me dije. Pero acepté el reto”.

Luego de estudiar la situación del campo en Colombia y el mundo. La falta de alimentos. Los cálculos razonables de la disminución de los combustibles fósiles. La presencia de los grupos guerrilleros que extorsionaban al ganadero y finquero mayor y al pequeño campesino lo obligaban a abandonar su parcela, produciéndose así en Colombia la cadena de los miles de desplazados a la fuerza.

Un panorama oscuro

Como era lógico, ante el crecimiento amenazante de las guerrillas de las Farc y el ELN, muchos ganaderos y finqueros, cayeron de manera ingenua en las manos de los políticos corruptos que amamantaron a los grupos de Autodefensas Unidas de Colombia, supuestamente para “acabar con la guerrilla izquierdista”, cuando lo que en realidad buscaban era un brazo armado para recurrir al voto con fusil y apoderarse de las arcas municipales y departamentales.

Ningún sector de Colombia escapó a la cooptación del paramilitarismo. Ni siquiera el grupo palmero afincado en los santanderes, en donde se descubrió un fuerte brazo armado sindical comandado por un sujeto que resultó tan peligroso, que terminó inculpando a algunos palmicultores  en crímenes y amenazas para apoderarse de pequeñas parcelas de pobres campesinos. Cuando se descubrió que todo era una burda mentira, el sujeto se fugó a Barranquilla y organizó una temible ‘Cooperativa de Vigilancia’ que de inmediato fue contratada por cándidos empresarios como los de Coolechera y por terribles personajes como la entonces Rectora de la Universidad Autónoma del Caribe, doña Silva Gette. Fue la época más horrenda que vivió dicho claustro universitario, con muertos en la cafetería, en las puertas de entrada. En las afueras de la Universidad.

Ajeno a todas esas circunstancias, Carlos Murgas Guerrero visionó un proyecto hermoso vinculando a todos sus trabajadores de la Hacienda Las Flores, en jurisdicción de Codazzi, Cesar. Les construyó barrios con casitas confortables. Dotó a la comunidad del mejor Colegio de la región, que ya ha logrado varios premios a nivel nacional. Estableció el programa de becas del 100% gratis para todos los alumnos egresados del bachillerato de las Flores.

Al comienzo le decían que “ese es un proyecto iluso…Carlos como que se la está fumando verde”.

Cuando vieron que el proyecto era una realidad magnífica, entonces comenzaron las alabanzas. Ya para ese entonces se había vinculado al grupo de trabajo la esposa de Carlos Murgas, María Victoria Dávila de Murgas y sus dos hijos Carlos José y Juan Carlos Murgas Dávila.
Carlos Murgas Guerrero, palmicultor y promotor de proyectos útiles para el campesino de abarcas.

Al ver que el proyecto de Las Flores marchaba viento en popa, Carlos Murgas empezó a ser consultado por el gremio de palmicultores de todo el país. Dictaba conferencias. Asesoraba a Fedepalma en algunos asuntos de compromiso social. Y, de repente, lo nombran Ministro de Agricultura. En ese cargo no estuvo un solo día en su despacho en Bogotá, se dedicó a apagar incendios y dar ideas para proyectos de emprendimiento por todos los rincones del país.

Cuando ya estaba por salir del Ministerio, le cayó en sus manos el chicharrón de los cultivadores de los Montes de María. Era una comunidad dispersa, insolidaria, sin un rumbo fijo. Él les dijo: “espérenme tres meses, entrego el Ministerio y me vengo con una idea magnífica para ustedes”. Así nació la Asociación de Cultivadores de María La Baja.

El proyecto logró reunir a 750 familias con 8.500 hectáreas que contaban con el distrito de riego del Playón. Pero la Gobernación de Bolívar no sabía cómo manejar aquel berenjenal.

Murgas Guerrero llegó y les dijo cómo era el asunto. Una asociación, en la cual el socio capitalista, Hacienda Las Flores, aportaba, de entrada, una planta extractora, retroexcavadoras, volquetas de volteó, buldozer.


Jens Mesa Dishington, presidente ejecutivo de Fedepalma.

Ya cuando estaba plenamente en marcha el proyecto de María La Baja y empezó a producir para exportación hacia Estados Unidos e incluso hacia Malasia (que es uno de los mayores productores del mundo de aceite de palma, pero en épocas pico, se ve obligado a traer aceite de otros países), vino la comunidad de campesinos a punto de ser desplazados por la guerrilla de Tibú, Norte de Santander. El grupo de la familia Murgas Dávila se reunió con ellos, los escuchó y les planteó la forma de enfrentar la situación de mane sencillísima, la sustitución del cultivo de coca –que era la causante de todo el problema que generaba violencia incluso hasta muertos—por la de palma de aceite.

Carlos Murgas les explicó que una mata de palma dura pariendo gajos de coco 30 años. Son tres décadas de vida útil. Ordeñando esa vaca de cuerpo erguido, y el trabajo no era mayor al cultivo de la yuca, el ñame, el maíz. Y era mucho más rentable. Por la posibilidad de exportarlo en euros a Europa y en dólares a Estados Unidos, las dos monedas más sólidas en el mundo.

Así nació la fructífera alianza Las Flores-Tibú.

Mucho entusiasmo por el evento

Lo primero es que estrenan escenario. El Centro de Eventos y exposiciones Puerta de Oro. El 45 Congreso de Fedepalma comienza en realidad este jueves, con el informe de gestión del presidente ejecutivo del gremio, Jens Mesa Dishington y el presidente de la junta de socios Luis Francisco Dangond. También estarán las exposiciones de conferencistas invitados; el Ministro de Agricultura y expertos del tema, como el exministro de Agricultura y ‘padre putativo’ de tres proyectos exitosos, Carlos Murgas Guerrero, que analizarán las cifras de crecimiento.

Tendrá un acto especial que se hace por primera vez en los Congresos de Fedepalma, la elección y coronación de la Mujer Palmera. Se trata de casos muy especiales, de mujeres que han luchado tenazmente y con pleno éxito al frente del núcleo familiar. Han logrado salir adelante con sus hijos. Son unas venerables triunfadoras merecedoras de todos los honores y distinciones.

En cuanto al desarrollo palmicultor en sí, Colombia se ha disparado en forma tremenda en este cultivo. Se pasó de 400 mil a 500 mil hectáreas cultivadas. El 40% del aceite que se produce en Colombia se exporta a diversos países latinos, a Estados Unidos y Europa. Se observa un fenómeno. En un solo mes de 2017, ese crecimiento creció a un 45%.

Sin duda buena parte de este enorme crecimiento se debe a la buena política y capacidad de gestión del presidente ejecutivo de Fedepalma, el pereirano Jens Mesa Dishington, quien asumió ese cargo precisamente en 1989 para reemplazar a su cuñado José Guerra De la Espriella, quien fue nombrado por el presidente Virgilio Barco Viceministro de Agricultura (Jens está casado con la Senadora sucreña María del Rosaio Guerra De la Espriella). Jens desde entonces ha maniobrado el timón del barco con pulso firme y poco a poco se ha costeñizado. Ya por lo menos le gusta el mote de suero, la arepa de huevo y los pasteles trifácicos de Olga Piña en Corozal.

La meta es llegar a los 2 millones de toneladas anuales de aceite de palma, que es el nuevo “oro líquido”, pues se usa para el biocombustible y a la mezcla del 10% en el biodiesel (aspiran llegar al 20%).

Además, este cultivo genera múltiples fuentes de riqueza. Está la biomasa para la generación eléctrica y el biogás.  Uno de los expertos del grupo de los Murgas asegura que uno de dos productos de consumo en el hogar está hecho o contiene un gran porcentaje de aceite de palma, comenzando por el aceite de cocina, mantequilla, margarinas, jabones de tocador, pintalabios, en fin.

Lo único que no usa aceite de palma es la mermelada. Por eso los Congresistas miran pocón pocón hacia ese sector.

La palma de aceite en Colombia

Un estudio muy documentado sobre este tema nos induce al conocimiento más profundo de este aparentemente novedoso cultivo en Colombia. Y se dice novedoso porque para nadie es un secreto que durante centenares de años Colombia vivió del monocultivo del café. Luego un poco de tabaco. Y por desgracia se coló, sin querer queriendo, la cocaína en manos de capos malditos que metieron al país en un estado de guerra de sálvese quien pueda.

El informe de un grupo de catedráticos, científicos, economistas, estudiosos del campo e internacionalistas, nos indica lo siguiente:

La palma de aceite o africana es una planta monocotiledónea perteneciente a la familia de las Palmaceae. El aceite extraído se usa en la cocina, en la preparación de productos industriales, en la producción de cosméticos, detergentes y jabones, en la obtención de biodiesel, en la fabricación de pinturas, velas, cremas para zapatos, tinta de imprenta y en la industria textil y del cuero (Fedepalma, 2009).

De acuerdo con datos del Banco Mundial, la producción mundial de aceite de palma en el 2010 fue de 47 millones de toneladas. Indonesia y Malasia son las potencias mundiales en producción con 46,8 % y 38,6 %, respectivamente. Colombia es el quinto país con mayor producción de toneladas de aceite de palma, pero su participación frente a las dos potencias es considerablemente baja.

De acuerdo con cifras del Ministerio de Agricultura y Desarrollo Rural, en los últimos veinticuatro años las hectáreas cosechadas han crecido 5,5 veces, pasando de 51.000 hectáreas en 1987 a 284.000 hectáreas en 2010. El aumento en la cosecha se ha acompañado de incrementos en el rendimiento del cultivo, lo cual ha permitido que la producción de aceite de palma haya aumentado 6,3 veces en el ismo lapso.

Hoy se siembra palma en ciento dos municipios de Colombia, de los cuales veinte quedan en el Cesar, diecinueve en el Meta, trece en el Magdalena, nueve en Bolívar, ocho en Casanare, siete en Santander y los veinticinco restantes se distribuyen en diez departamentos más. De acuerdo con el Mapa 3, de palma sembrada, se puede determinar que el cultivo se concentra fundamentalmente en el Piedemonte Llanero, el Magdalena Medio, la Región Caribe y el Urabá.

Los cambios en la distribución departamental del cultivo de palma han sido notables en los últimos veinte años. Mientras que Nariño o Caquetá, que siembran palma desde hace varias décadas, actualmente participan poco dentro de la oferta nacional, otros, como Bolívar, que solo empezó cultivos en los últimos diez años, hoy aparece como protagonista de la producción colombiana (gracias a la asociación de la Hacienda Las Flores con los agricultores de dicha zona). En términos globales, mientras en 2000 había diez departamentos que cosechaban palma, hoy se encuentran diecisiete en esta actividad. Aunque casi todos los departamentos han aumentado la cantidad de hectáreas dedicadas al cultivo, la entrada de nuevas zonas y los repuntes de algunos antiguos palmeros han alterado la proporción de cosecha en el país.

Como nuevos departamentos palmeros aparecen Chocó, Córdoba, Antioquia, Sucre, Guajira, Atlántico y Bolívar; sobresalen además Meta, Santander y Norte de Santander, que han logrado elevar su participación gracias a que triplicaron sus cultivos.

El negocio de la palma de aceite en Colombia

El cultivo productivo de palma requiere condiciones de clima y suelo que se encuentran en la mayoría de los países de las áreas tropicales del mundo. De acuerdo con la información de la Corporación Centro de Investigación en Palma de Aceite (Cenipalma) y la Corporación Colombiana de Investigación Agropecuaria (Corpoíca) (citado por Aguilera, 2002), en Colombia existen 3,5 millones de hectáreas aptas para el cultivo de palma africana, las cuales se localizan en la Orinoquia (55 %) y en las regiones Caribe (37 %) y Pacífica (8 %). El estudio determinó además que existen 6,1 millones adicionales de hectáreas que con obras de adecuación (como distritos de riego o adecuación de pendientes) pueden también garantizar cultivos con alto rendimiento.

La palma africana es un cultivo de rendimiento tardío porque en condiciones óptimas solo empieza a generar frutos a partir del tercer o del cuarto año (Fedepalma, 2009), lo cual implica que el agricultor deberá estar en la capacidad financiera para invertir3 durante tres años en preparación de terreno y mantenimiento de la siembra sin recibir ingresos del cultivo. Además, las modificaciones del territorio limitan la posibilidad de cambiar de actividad agrícola a pesar de los posibles altibajos en los precios de compra de la cosecha.

El rendimiento de una hectárea de palma varía según las condiciones edafoclimáticas de la zona y la edad de la planta. En el primer año cada hectárea de cultivo puede producir al menos cuatro toneladas de fruto y en el período más productivo (siete años), hasta veintiuna toneladas (Aguilera, 2002). Sin embargo, se debe señalar que por cada tonelada de racimo se extraen 0,2 toneladas de aceite, lo que da en Colombia un promedio de 3,3 toneladas de aceite por hectárea.

La extracción del aceite de palma se lleva a cabo en plantas que deben instalarse cerca de los cultivos, ya que después de recolectado el racimo solo se dispone de doce horas como máximo para efectuar la extracción antes que el fruto pierda su calidad (Aguilera, 2002). Sin embargo, una planta de este tipo exige una gran inversión. De acuerdo con Fedepalma, solo es posible obtener una rentabilidad mínima si hay acceso al menos a tres mil hectáreas del producto.

Estos requerimientos de tierra han exigido a los países exportadores de aceite de palma emplear el sistema de alianzas estratégicas entre pequeños predios y plantas extractoras. Los propietarios de las tierras con predios situados en el área de referencia de la planta extractora adquieren un compromiso contractual en el cual esta entrega apoyo técnico, créditos, semillas, fertilizantes y plaguicidas, entre otros insumos, y aquellos, además de aportar tierra, entregan mano de obra y se comprometen a vender a precio de mercado a la planta extractora los racimos cosechados.

Sin embargo, de acuerdo con datos de Fedepalma (2009), solo el 18,7 % de las hectáreas sembradas corresponden a alianzas estratégicas, las cuales agrupan a 4.500 propietarios y 62.000 hectáreas. Por otro lado, el 41,1 % de las áreas sembradas corresponde a cultivos de más de 1.000 hectáreas y el 33,2 % a cultivos de entre 200 y 1.000 hectáreas. Estos dos últimos grupos congregan 1.500 palmicultores que concentran 302.000 hectáreas.

Palma de aceite y desplazamiento forzado: correlaciones

Como se ha dicho, la asociación entre palma de aceite y desplazamiento se ha discutido en Colombia en contextos académicos y políticos. Existen varios trabajos que desde el punto de vista de la sociología y la ciencia política evalúan los hechos particulares de violencia y agroindustria que han ocurrido en diversas subregiones palmeras mediante estrategias cualitativas. Destacan los trabajos de Mingorance et al. (2004) para el Chocó, Arboleda (2008) en Tumaco, Hurtado y Hernández (2010) en el Cesar, Food First Information and Action Network – FIAN (2009) en el Magdalena Medio, Goebertus (2008) en la Zona Bananera y García (2011) en el Pacífico.

Con un enfoque cuantitativo, los aportes han sido mínimos. Sobresale el trabajo de Rangel, Ramírez y Betancur (2009), de la Fundación Seguridad y Democracia, financiado por Fedepalma. En él los autores evalúan los dieciséis municipios que concentran el 70 % de cultivos de palma y llegan a la siguiente conclusión: «La inmensa mayoría de las acciones violentas […] no solo han tenido como escenario zonas distintas a [sic] las palmeras[,] sino que no tienen relación con la extensión de sus cultivos» (Rangel et al., 2009, p. 70). Señalan los autores que el 84 % del desplazamiento forzoso ocurrió en zonas que no tienen palma africana, y que entre los dieciséis municipios seleccionados solo se ha producido el 3,3 % de expulsiones; por eso concluyen que «no se puede establecer una relación de causalidad entre desplazamiento forzado y cultivos de palma» (Rangel et al., 2009, p. 111 ).

El trabajo de Rangel et al. (2009) tiene una dificultad metodológica. Su muestra deja por fuera ochenta y seis municipios palmeros. Además se equivoca en suponer que por el hecho de que la mayoría de los desplazamientos ocurran en municipios no palmeros el cultivo no se relaciona con el resto de los desplazamientos. Es válido afirmar con sus datos que no hay una relación sistemática con desplazamiento en todos los municipios palmeros, pero es exagerado negar la existencia de relación. También ignoran en su trabajo la relevancia de los municipios vecinos que no son palmeros. Como se ha dicho, el cultivo de palma requiere conexión con los municipios vecinos para posibilitar rentabilidad. Además, en las técnicas de estadística espacial, cuando hay evidencia de autocorrelación espacial es vital incluir en el análisis el efecto de las unidades geográficas vecinas.

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