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La otra cara de la guerra – Parte 1

Esteban* fue desplazado por el paramilitarismo en Zaragoza, Antioquia. Cuando llegó a Medellín con su madre y un hermano menor solo poseían la ropa que traían puesta. Pensaba que lo peor había sucedido. Pero no.

Entrevista por Jorge Sarmiento FigueroaEditor General

Lachachara.co presenta la primera de una serie de entrevistas con Esteban, en un relato vital contado en lo que dura una carrera de taxi. Clic en el audio:

La otra cara de la guerra. Parte 1

La otra cara de la guerra – Parte 1 by Jorge Sarmiento Figueroa

Policía vigila la Comuna 13 durante la Operación Mariscal.

Las operaciones militares Mariscal y Orión son un recuerdo imborrable para los habitantes de la Comuna 13 de Medellín. Entre una y otra pasaron cinco meses. Ambas tenían un mismo objetivo: contrarrestar la presencia de milicias urbanas de la guerrilla en esa zona de la capital antioqueña. «La Mariscal fue un aviso del Ejército para lo que iba a suceder en la Orión. Yo caí en la primera sin ser guerrillero ni deber nada a nadie». Dos años y medio duró Esteban en la cárcel de Bellavista. Como él, cientos de personas «cayeron» sin tener nada que ver en la guerra. En sus recuerdos fallan años, meses, pero sabe con precisión que se lo llevaron un domingo a las 5 de la tarde mientras veía una película con su novia y su familia. En el fragor de esos enfrentamientos en las calles de la Comuna 13, los soldados «nos amarraron, nos golpearon con las trompetillas de los fusiles y nos pusieron como escudos humanos contra la guerrilla. Duré más de una hora tirado con la cabeza contra el piso, los disparos zumbaban sobre nosotros. A los que salimos vivos nos llevaron a la estación de policía Laureles, allá nos esperaba una calle de honor para que los soldados y policías nos pegaran con las reatas y los fusiles. Después de eso, a la cárcel de Bellavista».

Había llegado a la ciudad hacía un año «y dos o tres meses», con su madre y un hermano menor. En la absoluta miseria. Huían despavoridos de los paramilitares de su natal Zaragoza, Antioquia. Les habían quitado varias hectáreas de tierra y habían asesinado a varios miembros de su familia, incluido su hermano mayor. A ellos tampoco los iban a dejar salir. Esteban tenía 15 años cuando le vio por primera vez la cara a la guerra. «Vivía una vida tranquila, estudiaba y tomaba guarapo todo el día, que teníamos en unas canecas grandotas, como de este tamaño, allá en la finca». A esa edad llegó a Medellín sin saber nada del mundo.

A pesar de esos recuerdos, Esteban guarda en su memoria esa cara de la guerra para agradecer la otra cara de su vida.

*Esteban es un nombre ficticio para proteger la integridad de la fuente.

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