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La manzana de Eva y no de Adán

En pleno siglo XXI y en estas circunstancias donde se violenta la integridad de la mujer, es propio que hablemos de “la manzana de Eva y no de Adán”.

Por: Hernán de la Ossa

“Dime Antígona: ¿Qué muerte más atroz nos espera a nosotras dos, solas como hemos quedado, si, forzando la ley, transgredimos el decreto y el poder del tirano?”. Sófocles, Antígona.

El concepto actual de la mujer en una sociedad moderna, luego de que históricamente haya padecido nefastos vericuetos asimilados con romanticismo y resignación ha cambiado substancialmente, tanto así que ha tenido una regresión histórica que la hace nuevamente susceptible en el medio social.

Irónicamente, la mujer, quien en algún momento de la historia de la humanidad fue receptora y musa de las grandes obras artísticas que revolucionaron el mundo, hoy en la plenitud y auge del siglo XXI vuelve a ser degradada. La antigüedad (en mis saberes) ha sido la época más desagradecida con el género femenino, en el Corán, por ejemplo, se estipula que el hombre debía maltratar a la mujer rebelde o infiel, con ausencia de una responsabilidad penal en caso de un eventual deceso por los mismos medios.

Caso similar ocurría en la Francia antigua. Cuando una mujer era asesinada por su compañero sentimental, solo bastaba que este demostrara arrepentimiento y pidiera perdón para ser exculpado del delito, cuyo pecado era atribuido a la víctima, métodos que hoy abominamos con vehemencia los que consideramos a la mujer un ser casi supremo e incomparable, inmerecido de desdén.

Dadas las circunstancias antiguas y actuales, la legislación ha decidido salvaguardar la integridad femenina, sabiendo que, en el caso de Colombia, los índices de feminicidio se encuentran en la cúspide de la escala mundial. Según estudios de la organización mundial de la salud, Colombia se sitúa en las cumbres del ranking de los países con más casos de feminicidio en Latinoamérica, siendo México quien se lleva el primer lugar.

En este sentido, la legislación colombiana ha sido responsable con el género femenino. La promulgación de la ley 1257 de 2008 y la ley 1761 (ley Rosa Elvira Cely) ha representado para el país una expresa declaración de intenciones por parte del legislador en turno, de resguardar en el regazo de la ley, la integridad femenina y de igual modo reprender a quien figure como agresor.

El feminicidio se valora como la violencia sistemática contra la mujer en razón de su sexo, que tiene su epilogo en la muerte. Si bien, en la legislación colombiana existen lagunas aún, al no ser designada la definición de feminicidio ni cuando existen claramente las razones de género, los casos no paran, decenas de mujeres mueren diariamente por feminicidios íntimos, no íntimos o por conexión. Las noticias nacionales cantan diariamente por lo menos, un caso de feminicidio. La legislación colombiana ha formado un paquete de prevención, protección y sanción en favor de las mujeres, con el objetivo de blindar su bien jurídico de la vida lo que ha apaciguado levemente los eufóricos impulsos.

Hemos sufrido un notable retroceso. La deleznable noticia recientemente divulgada por los medios de comunicación la cual protagoniza un marido iracundo que arremetió contra su cónyuge propinándole la muerte, nos abre la ventana a una reflexión. Algo está mal en la sociedad colombiana que está tomando un comportamiento regresivo frente a la convivencia. En pleno siglo XXI y en estas circunstancias donde se violenta la integridad de la mujer, es propio que hablemos de “la manzana de Eva y no de Adán”.

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