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La estrategia del miedo trajo la vacuna

Una sociedad civil con la moral en los talones por la inseguridad, el desempleo y esa vacuna contra el Covid-19 que no llega, es fácil presa de los políticos desalmados que así ganan las elecciones.

Por Rafael Sarmiento Coley

La inhumana estrategia del miedo como cálculo político es propia de las más asquerosas tribus políticas de países como Haití, los pueblos más abatidos por la pobreza en África y la India. En Colombia falta poco para que los malandrines que manejan el poder político la conviertan en un remedo haitiano.

Ha sido siempre desde cuando mataron a Rafael Uribe Uribe (Uribe el bueno), Jorge Eliécer Gaitán, Jaime Pardo Leal, Bernardo Jaramillo Ossa, Carlos Pizarro León-Gómez y Luis Carlos Galán Sarmiento, todos ellos fueron víctimas –por uno u otro bando –de la estrategia del miedo.

Un recurso que no es un invento de propiedad intelectual del partido Centro Democrático (PC); aunque el senador José Obdulio Gaviria diga que es un recurso patentado desde cuando estaba en pleno apogeo su querido primo Pablo Escobar Gaviria. Lo que es una verdad del tamaño de una catedral es que viene desde las cruentas batallas político-religiosas desde antes del nacimiento de Jesucristo. Por lo tanto, este sector político lo que hizo fue recurrir a una mala copia -porque es mucho más sucia, a manera de ejemplo, de lo que hizo la alianza entre la masonería y el judaísmo mundiales para combatir el cristianismo y acabar con el zarismo ruso para imponer el marxismo-leninismo por todo el planeta—, con recuerdos lacerantes en el alma de millones de colombianos.

Con precisión matemática el sector político que manda en Colombia por casi tres décadas con la complicidad de otros grupos, casas y subgrupos, ha disfrutado de las mieles del poder recurriendo a la estrategia del miedo que les permite el cálculo político para conformar nuevas alianzas, desechar a ‘socios’ incómodos’ (tipo Ñoño Elías, Pulgar Daza, Musa Besaile, Caya Daza, Ñeñe Hernández) y lanzar un candidato que recoja esos temores incrustados en el alma colectiva de la población. Un personaje que sea prenda de garantía para acabar con esos miedos. Un aspirante a ser un gobernante eficiente, eficaz, incorruptible, de alma noble y corazón grande, aunque después salga siendo otro Duque. Pero, después de estar elegido, ya para qué. “¡Qué culpa tiene la estaca (los malandrines), si el sapo (el pueblo que vota), brinca y se ensarta!”.

En la primera ocasión el ‘Cuco’ fueron las extintas Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (Farc). Para ello hicieron un desafío franco y directo a las Farc, asesinando a sus líderes urbanos, y cometiendo masacres, fosas comunes, desplazamientos forzados, tareas sucias realizadas por un robusto brazo armado de mercenarios (con las famosas motosierras), denominados ‘Autodefensas Unidas de Colombia-AUC’; ‘Autodefensas Gaitanistas de Colombia (AGC)’, Bandas Criminales (Bacrim)’, y ‘Fuerzas Oscuras Enemigas de la Paz’, una fiel copia de las peleas entre liberales y conservadores, hace 133 años, cuando entonces las AUC eran llamadas ‘Los Chulavitas’, ‘Los Pájaros’, ‘Los Condores’, como ahora son ‘Las Águilas Negras’.

Como era de esperarse, las Farc reaccionan con la misma medida. Las pescas milagrosas. Secuestros. Asaltos a guarniciones militares en donde asesinaban y cargaban con decenas de sobrevivientes como rehenes y el ataque brutal contra el empresariado del sector agropecuario.

Un mapa político aún en borrador

Así fue siempre en los cinco o seis debates presidenciales de los últimos años. Una estrategia del miedo acompañada de la física angustia de un pueblo empobrecido debido a las políticas despiadadas para envilecer el poder adquisitivo del grueso de la población colombiana, con unos incrementos mezquinos al salario mínimo mensual, siempre muy inferiores a la escalera alcista que vendría después de ese paupérrimo aumento salarial.

Como anillo al dedo les cae a los malandrines estrategas de la política del pánico colectivo la pandemia mundial del Coronavirus. De inmediato comenzaron a jugar con el lento desembolso de dinero para el sector salud, la ineficiencia en la adaptación de Unidades de Cuidados Intensivos (UCI) y de los implementos necesarios para evitar los ya alarmantes contagios y fallecimientos. El pueblo cada vez más empanicado. La pandemia permite que salga a flote toda la inmoralidad y podredumbre de las IPES y EPS, fiel copia de la putrefacta alma de quien las parió en sus tantas leyes y decretos ‘para mejorar la salud de los colombianos’.  Llueven las críticas y sátiras contra el presidente Duque.

Como quien dice ‘para luego es tarde’, empezó a perfilarse la figura de Carlos Holmes Trujillo, quien, al nacer el 23 de septiembre de 1951 en Cartago, Valle del Cauca, en vez de partida de bautismo le dieron el primero de su millar de credenciales y nombramientos. Alcalde de Cali, Diputado, concejal, ministro del Interior, Educación, Relaciones Exteriores, 2 veces Mindefensa, todo ello en gobiernos tanto liberales como conservadores: César Gaviria, Ernesto Samper, Andrés Pastrana Arango, Álvaro Uribe, Juan Manuel Santos e Iván Duque. Todos ellos, además, lo pusieron a pasear por todo el mundo unas veces como como Cónsul, las más como Embajador Plenipotenciario, y vocero de Colombia en organismos multilaterales como OEA, ONU; OMS; miembro de la Asamblea Nacional Constituyente de 1991 a nombre del Partido Liberal y delegado del gobierno liberal de Santos en los Diálogos de Paz en La Habana

Carlos Holmes Trujillo García venía del liberalismo pura sangre del Valle del Cauca. Su padre, Carlos Holmes Trujillo Miranda, fue uno de los más respetables dirigentes de esa colectividad a nivel nacional. Murió en un lamentable accidente hogareño al caerse en la tina del baño y golpearse la nuca con el borde de la bañera. Su madre fue Genoveva García.

Ya era casi un hecho que el Centro Democrático (CD), con su pulso firme y corazón grande, tenía definida la candidatura del ‘buenazo, un tipo tan buena gente’), Trujillo García, cuando de repente sacó pecho Alejandro Char Chaljud, un competidor peso pesado, debido a que su padre, el exsenador y empresario Fuad Char Abdala, es en la actualidad el hombre del poder político, económico y social en el partido Cambio Radical que preside el exprecandidato presidencial Germán Vargas Lleras.

Alejandro Char (a la derecha), con sus Antonio y Arturo, y el patriarca Fuad Char Abdala.

Álex Char, como le dicen en Barranquilla y en la Costa Caribe, no entró a la campaña con algarabía. Se metió por la sombrita, con nadadito de perro. Él sabe que su figura es conocida en toda Colombia allende los mares como uno de los mejores gobernadores y alcaldes (dos veces), que han tenido el Atlántico y Barranquilla. De todas maneras, tenía que esperar la decisión del máximo jefe de la coalición de Gobierno. Y, además, tenía que ser muy prudente para que no le sacaran, de entrada, el prontuario de algunos pecadillos de su periplo político vertiginoso.

El cuento chino de las vacunas

En el intermedio del pánico colectivo porque las benditas vacunas contra el Coronavirus no llegan, van surgiendo otras candidaturas.

Uno de los primeros que salta al ruedo de la gallera es el barranquillero Eduardo Verano De la Rosa, Constituyente brillante de 1991 al lado de Horacio Serpa Uribe; excelente gobernador del Atlántico; precursor desde los años 1990 del discurso por convertir a Colombia en un país de regiones autónomas, “porque la triste realidad es que ninguno de los presidentes de los últimos 100 años sabe dónde queda, por ejemplo, ‘Regencia’ o Villa Uribe, ni siquiera saben cómo se llega a San Pablo, San Alberto, Santa Bárbara de Pinto, Cantagallo, Guaranda, La Raya, Montecristo. No tienen la menor idea de la existencia de esos pueblos morideros de los sures de Bolívar, César, Magdalena y Sucre”.

Verano insiste en que Colombia es un país de regiones por naturaleza geográfica, cultural, gastronómica y su economía anfibia debido a la su enorme riqueza de cuerpos de agua. “Lo único que requieren esos pobres pueblos condenados a la miseria es descentralizar la definición de planes de desarrollo y la inversión de recursos para que no se siga cometiendo la infamia de que muchos de esos pueblos no conocen las nuevas tecnologías de la información y las comunicaciones”.

Alex Char Chaljub y Eduardo Verano De la Rosa, dos barranquilleros talentosos que aspiran a romper el mito de la ausencia de un hombre o mujer del Caribe colombiano en la Casa de Nariño después de 134 años.

Su envidiable conocimiento sobre la consolidación de un país de regiones le viene de un estudio extenso y profundo con constitucionalistas españoles y franceses, que explicaron, con claridad meridiana, que la única forma de salir de una pobreza aberrante como la de Colombia es mediante la competencia estimulante de regiones. Tal como se los restregó a tres generaciones de colombianos –desde 1950 hasta su muerte más de medio siglo después- el economista, matemático y humanista canadiense-norteamericano Lauchlin Currie. Vino a Colombia como líder de la misión del Plan Marshall después de la Segunda Guerra Mundial.

Y luego hizo dos posgrados. Primero con las fructíferas enseñanzas que dejó el sabanalarguero Evaristo Sourdis, quien durante ocho mes recorrió todos los recovecos del Río Magdalena, sus afluentes, sus brazos de Mompox y Loba, en una campaña atípica, porque ha sido el único político que llegó a los lugares más recónditos del Caribe colombiano. Y el segundo posgrado de Eduardo fue con su colega Constituyente, el difunto Orlando Fals Borda, el sociólogo que mejor conocía las características del hombre anfibio costeño. Sourdis no fue presidente de la Repúblico por culpa de dos egregios congresistas conservadores barranquilleros que lo traicionaron en Bogotá en una junta cerrada por escoger el aspirante único a la presidencia, porque era el final del Frente Nacional, en el cual liberales y conservadores se alternaron en el poder durante 20 años, con paridad de la burocracia.

Volviendo la angustia actual del pueblo colombiano, seguía desde la Casa de Nariño el cuento chino de las Vacunas. En noviembre se anunció que ya estaba todo listo para empezar a vacunar contra el Covid-19 desde la primera semana de enero 2021. No llegaron. Las redes sociales exacerbaron a los cibernautas. Hicieron viral la tesis de que era que Colombia no tenía plata porque estaba más quebrado que un bulto de canela como consecuencia de los corruptos chupasangre que merodean al Gobierno. Ya después se dijo que no se había logrado cerrar el acuerdo con uno de los multimillonarios laboratorios fabricantes de esas vacunas porque el Gobierno colombiano envió a negociar a personas que sólo hablaban paisa y boyaco, de inglés, nanai cucas. Después se dijo que era porque las farmacéuticas pedían dos dólares por vacuna, y Duque, como si estuviera negociando en una feria ganadera con su compinche Féliz Lafaurie Rivera, decía que no daba más de un dólar.

En esa incertidumbre mantenía el Gobierno y sus aliados de los distintos partidos, al pueblo colombiano, convencido de que, una vez más, saldrían airosos en el 2022 con la estrategia del miedo.

De repente salió la sabia naturaleza con el grito de ‘Chapulín Colorado’: “¡No contaban con mi astucia!”. El extraño e indescifrable Covid-19, no se sabe cómo, cuándo, dónde ni porqué, se le metió al cuerpo del cándido Mindefensa. Al comienzo no produjo alarma en el bando gubernamental. A la larga ya Colombia pasaba del millón de contagiados y de ellos ya estaban fuera de todo peligro más del 70%

Pero, una cosa piensa el amo y otra muy distinta el burro. El noble Carlos Holmes empezó a agravarse. Hasta cuando exhaló el último suspiro. Muerte lamentable que, sin embargo, produjo el milagro de la urgente llegada de la vacuna en esta primera semana de febrero.

Se alborotó el avispero

El doloroso fallecimiento de Trujillo García ha convertido a Colombia en un escenario macondiano en donde casi medio país considera la posibilidad de ser candidato presidencial, por cualquiera de los mecanismos que contiene la Constitución Nacional: con aval de partido o movimiento reconocido en forma legal; apoyado por alianzas de partidos legales; por recolección de firmas con base en el censo electoral.

La verdad es que el golpe a la yugular que le dieron los organismos de control por haber sido quien autorizó todas las marranadas en la represa de Hidroituango, dejaron a Sergio Fajardo prácticamente fuera del ring para el debate del 2022.

El Centro Democrático tiene un as bajo la manga: Tomás Uribe Moreno (al mismo que le decían ‘Tommy’ y a su hermano Gerónimo, ‘Jerry’), ante lo cual, desde las mismas filas del CD, han salido gritos de protestas. Consideran que es un “acto de inmoralidad, arrogancia e insulto al pueblo colombiano, por todo el prontuario que tienen esos muchachos y se progenitora”. Porque detrás de ‘Tom’, hay una lista con firmes aspiraciones: Paloma Valencia, Paola Holguín, Rafael Nieto y Edwar Rodríguez. El dueño del Ubérrimo dice que entonces “hagamos una consulta en marzo 2022”, confiado en que, como siempre, se saldrá con la suya con la estrategia del miedo.

Hay varios exministros y amigos de Juan Manuel Santos que ya han expresado el deseo de ser candidatos: Mauricio Cárdenas, Juan Carlos Pinzón y Juan Fernando Cristo.

Rodrigo Lara y Germán Varón Cotrino están en la misma tónica pre-presidencialista. Lo mismo que la lista de aspirantes variopintos como Humberto De la Calle, Sergio Fajardo (todo parece indicar que se ‘ahogó’ en el desastre de Hidroituango, y no lo rescatan ni con grúa), la senadora Angélica Lozano esposa de la alcaldesa de Bogotá Claudia López.

La lozana y rejuvenecida senadora Angélica Lozano, compañera sentimental de la alcaldesa de Bogotá, Claudia López, promueve la coalición de las fuerzas alternativas para enfrentar el debate con un candidato de carácter, sin tacha, con catadura moral, pulcro, eficiente, capaz y sin el lastres de apoyos de mafiosos y contratistas corruptos. Es casi un milagro. Pero todo puede suceder.

Por su parte Alejandro Gaviria, Ángela Robledo, Jorge Robledo y Rodolfo Hernández, se mantienen en reuniones estudiando para definir qué camino siguen.

«Mis propuestas son sencillas: convertir a Colombia en un país con esperanzas; exportador de productos elaborados aquí, y no seguir vendiendo en bruto nuestros recursos naturales no renovables», dice Char con su inseparable ‘cachucha bacana’.

Lo feo de este panorama político colombiano es que los dos partidos tradicionales son ya un saludo a la bandera. Una lastimera colcha de retazos. Los ‘azules’, con una bancada en el congreso que, en su mayoría, compite por el premio al que haga más trucos corruptos, tan corruptos que piden seccionales como los del Ministerio del Trabajo, en donde todo pleito que se gane o se pierda tiene que pagar una coima a la secretaria del senador ‘dueño’ de esa oficina. En otras dependencias oficiales regionales ‘adjudicadas’ para pagar un ‘favor’ a un congresista, se le quita hasta un 40% del sueldo a cada empleado de alta o baja categoría que logre engancharse.

Y el Partido Liberal da vergüenza que esté arrimado a la mesa del gobierno de turno a esperar las migajas que caigan al piso. Es una verdadera lástima que un expresidente, como César Gaviria Trujillo, de tanto brillo en la historia del Partido Liberal cuando fue el brazo derecho de Luis Carlos Galán Sarmiento, y, al ser asesinado éste, por decisión del entonces joven Juan Manuel Galán Pachón, el hijo mayor del inmolado caudillo, puso en manos de Gaviria las banderas del galanismo.

Gaviria hizo un gobierno respetable. Aceptó el reto de las juventudes colombianas de convocar una Asamblea Nacional Constituyente en 1991. Elegidos 72 Constituyentes -entre ellos 17 por la Costa Caribe- se redactó la nueva Carta Magna que reemplazó a la de 1888, obra del cartagenero genial Rafael Núñez, el único colombiano (y caribeño para más joder), que ha sido cinco veces presidente de la República.

En el ocaso de su carrera política -que pudo ser más fulgurante y digna-, el expresidente y ahora presidente de la Dirección Nacional Liberal (DNL), se conforma de manera penosa con que le tengan empleados a sus hijos Simón y María Paz, (bueno, ¿Y qué rumbo tomaría Ana Milena Muñóz Gómez, madre de Simón y María Paz?), y, en especial, en un cargo muy bien remunerado a su secretario personal y confidente John Álvarez Montealegre, quien ahora está protegido por el senador conservador barranquillero Efraín Cepeda Sarabia con el bien remunerado cargo de asesor personal, y antes estuvo en el mismo cargo, pero con el senador sanjacintero Lidio García Romero, el excantante vallenato de las Sabanas.

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