Una historia estremecedora la de Irena Sendler.
Por Chachareros
«La razón por la cual rescaté a los niños tiene su origen en mi hogar, en mi infancia. Fui educada en la creencia de que una persona necesitada debe ser ayudada de corazón, sin mirar su religión o su nacionalidad.» Irena Sendler, quien salvó a 2 500 niños del Gueto de Varsovia, sobre quien se hizo una conmovedora película que fue éxito mundial en taquilla e hizo llorar a más de un espectador (tanto hombres como mujeres).
Nació en Varsovia, capital de Polonía, el 15 de febrero de 1910, y murió en su ciudad natal el 12 de mayo de 2008. Falleció a la respetable edad de 98 años este heroína que se llamaba Irena. Durante la II Guerra Mundial, Irena consiguió un permiso para trabajar en el gueto de Varsovia, como especialista en cloacas y conductos subterráneos. Pero sus planes iban más allá…
Sabía cuáles eran los planes de los nazis para los judíos (era alemana).
Irena pasaba niños pequeñitos escondidos en el fondo de la caja de herramientas y llevaba un saco de arpillera detrás de la camioneta, para niños más grandecitos. También llevaba un perro que había adiestrado para ladrar a los soldados nazis cuando entraba y salía del gueto.
Naturalmente, los soldados no querían saber nada del perro, y sus ladridos tapaban los gemidos de las criaturas.
De esta manera llegó a poder sacar y salvar 2.500 niños. Los nazis la atraparon y le rompieron las dos piernas y los dos brazos.
Irena llevaba un registro de los nombres de todos los niños que salvaba, y lo tenía guardado dentro de un bote de vidrio enterrado al pie de un árbol del jardín de casa.
Pasada la guerra, probó de localizar a los padres que pudieran haber sobrevivido y rehacer a las familias. La mayoría habían perdido la vida en las cámaras de gas. Los niños salvados encontraron casas de acogida o fueron adoptados.
En el año 2007 Irena fué propuesta para recibir el Premio Nobel de la Paz.
Pero no fue escogida: el premio fue para Al Gore, por unas diapositivas sobre el calentamiento global… y en 2009 se lo llevó Barack Obama solamente por tener buenas intenciones.
¡Esta señora es mi Nobel!
No permitamos que este mensaje caiga en el olvido. Al cabo de 65 años. In Memoriam.
La intención de este mensaje es llegar a 40 millones de personas de todo el mundo. Por favor, hazlo llegar a todos tus conocidos y pídeles que también lo hagan. Gracias..
Cuando Alemania invadió el país en 1939, Irena era enfermera en el Departamento de Bienestar Social de Varsovia, el cual llevaba los comedores comunitarios de la ciudad. Allí trabajó incansablemente para aliviar el sufrimiento de miles de personas tanto judías como católicas. Gracias a ella, estos comedores no sólo proporcionaban comida para huérfanos, ancianos y pobres sino que además entregaban ropa, medicinas y dinero.
En 1942 los nazis crearon un gueto en Varsovia, e Irena, horrorizada por las condiciones en que se vivía allí, se unió al Consejo para la Ayuda de Judíos, Zegota. Ella misma lo cuenta:
Conseguí, para mí y mi compañera Irena Schultz, identificaciones de la oficina sanitaria, una de cuyas tareas era la lucha contra las enfermedades contagiosas. Más tarde tuve éxito en conseguir pases para otras colaboradoras. Como los alemanes invasores tenían miedo de que se desatara una epidemia de tifus, toleraban que los polacos controláramos el recinto.
Niños judíos en el Gueto de Varsovia
Cuando Irena caminaba por las calles del gueto, llevaba un brazalete con la estrella de David, como signo de solidaridad y para no llamar la atención sobre sí misma. Pronto se puso en contacto con familias a las que ofreció llevar a sus hijos fuera del gueto. Pero no les podía dar garantías de éxito. Lo único seguro era que los niños morirían si permanecían en él. Muchas madres y abuelas eran reticentes a entregar a sus niños, algo absolutamente comprensible pero que resultó fatal para ellos. Algunas veces, cuando Irena o sus chicas volvían a visitar a las familias para intentar hacerles cambiar de opinión, se encontraban con que todos habían sido llevados al tren que los conduciría a los campos de la muerte.
A lo largo de un año y medio, hasta la evacuación del gueto en el verano de 1942, consiguió rescatar a más de 2 500 niños por distintos caminos: comenzó a sacarlos en ambulancias como víctimas de tifus, pero pronto se valió de todo tipo de subterfugios que sirvieran para esconderlos: sacos, cestos de basura, cajas de herramientas, cargamentos de mercancías, bolsas de patatas, ataúdes… en sus manos cualquier elemento se transformaba en una vía de escape.
Entre los miles de niños y bebés rescatados, uno de los ejemplos que pasó a la posteridad fue el de Elzbieta Ficowska. Ella tenía cinco meses cuando una colaboradora de Sendler le suministró un narcótico y la colocó en una caja de madera con agujeros para que entrara el aire. Fue sacada del gueto junto con un cargamento de ladrillos, en un vagón traccionado por un caballo, en julio de 1942. La madre de Elzbieta escondió una cuchara de plata entre las ropas de su bebé. La cuchara llevaba grabado su apodo, Elzunia, y la fecha de nacimiento: 5 de enero de 1942. Elzbieta fue criada por la ayudante de Sendler, Stanislawa Bussoldowa, una viuda católica. Ficowska dijo más tarde que la fallecida Bussoldowa fue su «madre polaca», para distinguirla de su «madre judía». Durante meses, la madre de Elzunia llamó por teléfono para escuchar los balbuceos de su hija. Muertos sus padres en el gueto, la joven salvada Elzbieta Ficowska fue años después conocida con el apodo de «la niña de la cuchara de plata«.3
Aún ya en avanzada edad, tenía una mente lúcida para contar todas las vivencias sobre aquella brutal acción de los nazis alemanes sobre la población polaca invadida.
Poster nazi en alemán y en polaco (Varsovia, 1942). En él, se amenaza de muerte a cualquier polaco que prestara ayuda a los judíos.
Irena quería que un día pudieran recuperar sus verdaderos nombres, su identidad, sus historias personales y sus familias. Entonces ideó un archivo en el que registraba los nombres de los niños y sus nuevas identidades.
Los nazis supieron de sus actividades. El 20 de octubre de 1943, Irena Sendler fue detenida por la Gestapo y llevada a la infame prisión de Pawiak, donde fue brutalmente torturada. En un colchón de paja encontró una estampa de Jesús Misericordioso con la leyenda: “Jesús, en ti confío”, que conservó consigo hasta el año 1979, momento en que se la obsequió a Juan Pablo II.
Ella era la única que sabía los nombres y las direcciones de las familias que albergaban a los niños judíos. Soportó la tortura y se negó a traicionar a sus colaboradores o a cualquiera de los niños ocultos. Fue sentenciada a muerte. Mientras esperaba la ejecución, un soldado alemán se la llevó para un «interrogatorio adicional». Al salir, le gritó en polaco «¡Corra!». Al día siguiente halló su propio nombre en la lista de los polacos ejecutados. Los miembros de Zegota habían logrado detener la ejecución sobornando a los alemanes, e Irena continuó trabajando con una identidad falsa.
En 1943, durante el Levantamiento de Varsovia, colocó sus listas en dos frascos de vidrio y los enterró en el jardín de su vecina para asegurarse de que llegarían a las manos indicadas si ella moría. Al finalizar la guerra, Irena misma los desenterró y le entregó las notas al doctor Adolfo Berman, el primer presidente del Comité de salvamento de los judíos supervivientes. Lamentablemente la mayor parte de las familias de los niños había muerto en los campos de concentración nazis. En un principio los chicos que no tenían una familia adoptiva fueron cuidados en diferentes orfanatos y poco a poco se los envió a Palestina.