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La decadencia del Festival de Orquestas (2)

Segunda parte de las reflexiones de Patricia Escobar, periodista y productora de eventos de gran trayectoria, y una de las responsables de la operación logística del Festival de Orquestas 2015. 

Por Patricia Escobar

Para poder avanzar lo primero que debemos hacer es no echarnos mentiras nosotros mismos.

En el análisis de hoy voy a hablar del público, de las masas, lo más incomprensible de la comunicación, según los expertos.

De alguna que otra forma es la masa, el espectador, el consumidor, el que indica al empresario qué artista traer al Carnaval. Porque todos estamos dispuestos a pagar gustos. Y si para ir a ver a X artista hay que pagar un cifra exagerada, hay quienes se van y empeñan lo que sea y asisten al evento. Y los que no, pelean y lagartean una entrada hasta el cansancio. Lo he visto, lo he vivido.

Por la imposición de los medios, los artistas, algunos muy mediocres, se convierten en ídolos, y se convierten en productos deseados. Son esos productos que cobran millonadas los que los empresarios traen al Carnaval y para recuperar sus inversiones cobran una boleta costosa. Esos empresarios traen a los que el público, que añora el Festival de antaño, quiere sin embargo ver en tarima compitiendo o no por el Congo de Oro.

Pero por lo general a esos artistas poco o nada les interesa el público o el Congo, como tampoco le interesa a los empresarios que los trae. Cosa muy distinta a lo que sucedía de 15 años para atrás, donde hasta algunos artistas y empresarios comenzaron a “entregarse sus propios Congos”.

Si el Festival entonces se abre como espacio a la música nuestra, a la que hacen los artistas de la región, entonces es un festival de “fantasmones” que no merecen el Congo. Y yo me pregunto año a año, quién merece el Congo, ese por el que artistas como Joe Arroyo en vida, y Checo Acosta y muchos más se han matado y se seguirán matando. Me consta el esfuerzo que hacen muchas agrupaciones por estar allí, los ensayos que realizan, la preocupación por los detalles, la escogencia del vestuario, la preparación de un show especial para mostrar en 15 minutos, y el malestar que genera en los barranquilleros el hecho que ellos se presenten o se ganen el trofeo.

Por otro lado, se critica el exceso de música foránea, se critica el exceso de champeta, se critica la falta de apoyo a nuestros músicos, pero exigen que eso que critican se presente en el Festival. Cuando no se presentan el Festival es malo.

Yo que he estado al frente de la continuidad en el Festival en estos últimos tres años he visto pasar por esa tarima grupos realmente buenos, algunos hasta excelentes. Creo que los jurados que allí han estado consideran lo mismo, pero los barranquilleros quieren ver a Daddy Yankke, Don Omar, Farruco y todos los extranjeros que llegan a la ciudad.

Y quieren ver también, no lo desconozco, a Silvestre y a Gilberto Santarrosa, El Gran Combo o la Orquesta de Ricardo Ray. Pero ninguno de ellos son agrupaciones para 15 minutos en tarima, comenzando por su montaje.

Mi conclusión de esta segunda arista sería:

• Musicalmente hablando, a los barranquilleros no nos complace nadie. Criticamos por ejemplo el reggeton y quieren que al festival vayan los reggetoneros internacionales que van a las casetas. • La mayoría de nosotros somos de “disco pegado” y no entendemos que hoy por hoy la industria musical es de miles y miles de pesos y que imponer éxitos no es soplar y hacer botella. A mi juicio, los nuevos también merecen su espacio. • Desconocemos que la calidad de una agrupación no está en sus éxitos radiales, si no en su interpretación, en sus instrumentistas, en sus arreglos, en sus cantantes, en su puesta en escena. • Es cierto que el Festival se creó para que las agrupaciones que llegaban a Barranquilla, en época de Carnaval, regalaran una presentación a los barranquilleros. Eran épocas donde nos visitaban como máximo 10 agrupaciones. Hoy la oferta musical incluye más de 50. • Me copio esto de Martin Madera: “Es fácil pensar que un país que no fortalece su educación y su cultura es víctima de la aculturación de quienes sí pueden entenderlo”. • Y terminaría preguntando para enriquecer el debate, ¿qué es lo que queremos ver en el Festival?

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