Por Billie Jean Madera
El sector cultural suele ser uno de los más olvidados en los debates y las chequeras del Estado. La cultura recibió un fuerte golpe por la pandemia, generando en el ministerio como en las secretarías regionales un desamparo constante para las personas que, por medio de convocatorias de estímulos y concertación, pretenden producir proyectos de arte y cultura, para una sociedad que siempre lo necesita.
En pandemia, ese gremio fue uno de los más golpeados. Entendiendo la prioridad de la salud y la educación, no podemos olvidar la debatible inversión que se dio en seguridad en esos momentos de encierro. Inversión que el gobierno usó contra la gente que protestaba ante el desespero por una amenazante reforma tributaria que encarecería la canasta familiar y aumentaría el hambre ante la pérdida sustancial de empleos.
El apoyo de William Ospina
Que William Ospina, una persona letrada, defienda la posición de Rodolfo Hernández en fusionar el Ministerio de Cultura con el del Medio Ambiente, es triste e irrisorio, pues alega que las dos deben ir de la mano. Si eso es cierto, la cultura debe ir de la mano con el medio ambiente, así como con la salud, la tecnología, educación y el resto de pilares que nos erigen como sociedad; a su vez, el medio ambiente también debe ir de la mano con todas, y el resto con el resto; pero no por eso se debe fusionar la una con la otra, como diciendo que son lo mismo y restándole importancia a cada una, lo que llevaría a reducirle presupuesto a cada ministerio al desaparecer la línea divisoria de cada estamento. Pocos recursos para la cultura y el ambiente seguirán aumentando el problema histórico que tanto nos ha afectado.
Por otro lado, leyendo el plan de gobierno del ‘inge’, la página 44 habla de la Cultura, y a pesar de contener una sola una página (la de Petro enfatiza en una, pero se ve la cultura en otros apartes), es llamativo que el 30% de ésta hable de propuestas, y el 70% de la problemática de la pandemia, especificando más que nada al cine y una parte al teatro, eclipsando así al resto de manifestaciones artísticas por una donde prime el pensamiento monetario.
Habla de aumentar el rubro, que sería muy bueno, pero enseguida menciona mejorar arquitectónicamente o en infraestructura los espacios ya creados (que es, donde supongo y temo, que irá exclusivamente ese aumento). Menciona la gratuidad de eventos a los ciudadanos menores de 26 años y de incentivar pedagógicamente temas culturales, desde primera infancia hasta universidades. Y aunque lo expuesto sea positivo, en el plan de gobierno no especifica sobre el rol del artista, del artesano, el gestor cultural y demás de ese gremio, invisibilizando así la difícil labor de hacer y crear continuos espacios culturales y de interacción alrededor del país.
Así que piensen muy bien su voto, pues en este, y aunque parezca algo minoritario (pero es esencial en una sociedad), pueden delimitar y reducir espacios y encuentros de esparcimientos que nos recuerdan, muchas veces, que somos humanos.
