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La Cueva, patrimonio de Colombia, 60 años haciendo historia

En el marco de la celebración del Carnaval de las Artes se vivió una tarde de recuerdos en el único bar restaurante patrimonio de Colombia que cumple 60 años.

Por Gerson De Jesús Brugés González

La Cueva siempre ha sido un lugar especial en la ciudad de Barranquilla, creado desde 1954  era el bar restaurante, único en su estilo, declarado Patrimonio Cultural que es hoy. Hace 60 años era una tiendita de barrio. Vendían de todo, parecía un almacén, se llamaba El Vaivén y cada día un grupo de hombres se encontraban alrededor de las 6 de la tarde para hablar de cacería. Porque casi todos los contertulios de entonces eran aficionados a esa distracción de meterse al monte a dispararle a cuanto animal viviente se les moviera en el horizonte. Pero, la verdad verdadera, confesada por ellos mismos, es que sus sueños de cazadores como los que viajan al África a matar leones y elefantes no eran más que fantasías.

Claro, de vez en cuando mataban una iguana y hasta alguna danta perdida entre los matorrales.  O el caso fortuito de Eugenio Díaz Peris que se encontró un viejo tigre cansado que venía del otro lado del río escapando de los cazadores de esa zona. Aquí encontró una cueva al pie de un frondoso árbol de Pivijay. Miró a los ojos del cazador que estaba tan asustado que le temblaban las piernas y sentía que un líquido caliente le bajaba por entre los pantalones. Y el viejo tigre, con la mirada, le imploró “mátame, que ya no puedo más con este viejo cuerpo para seguir evitando el tiro de los cazadores”. Eugenio, a pesar de su aturdimiento, entendió la situación y le descerrajó un escopetazo de doble cañón que acabó con la vida del anciano carnívoro. Para gloria de Eugenio, que al día siguiente salió en todas las primeras páginas de los periódicos como el hombre que había acabado con el tigre que tenía en peligro los hatos ganaderos de la región. Muchos ganaderos y viudas de la región le trajeron presentes: gallinas, pollos, cerdos y hasta un caballo, en agradecimiento por haber acabado con la fiera que los tenía acorralados.

Esa es una primera escena de La Cueva. Con las memorias de todas las locuras que se les ocurrían a los más díscolos visitantes asiduos del lugar, entre ellos el pintor Alejandro Obregón, Germán Vargas Cantillo, Álvaro Cepeda, Alfonso Fuenmayor, Juan B. Fernández Renowitzky, Rafael Escalona, Gabriel García Márquez, Figurita, Kique Scopell, Juancho Jinete, Estelio Racedo, y tantos otros.

Después aquel espacio de bohemia y literatura cayó en una profunda decadencia por la ausencia de sus principales actores. Fue entonces cuando los cuatro hermanos Char Abdala (Fuad, Habib, Farid y Simón) decidieron comprarla para convertirla en un club privado. No había ese ambiente de alta cultura de antes. No se hablaba de los nuevos sucesos literarios del mundo, ni de los nuevos Premios Nobel. Pero se pasaba sabroso jugando buchácara, billar, dominó, poker, saboreando picadas y carnes exquisitas, oyendo buena música, y de vez en cuando escuchando las canciones de Farid Char, quien siempre ha cantado y ha grabado. A su padre, don  Ricardo Char, no le gustaba en lo más mínimo que uno de sus hijos anduviera en esas: cantante de cantina. Pero Farid grabó cumbias y canciones con el seudónimo de Mauricio. Y se hizo muy famoso. Por lo menos en La Cueva.

Hace 10 años fue reinaugurada como museo, bar y restaurante cuando la familia Char Abdala la entregó en comodato a la Fundación que dirige Heriberto Fiorillo, con el mecenazgo meritorio y plausible de Antonio Celia Martínez-Aparicio, quien es de verdad el padre putativo de este excelente proyecto cultural barranquillero. Desde entonces la entidad ha desarrollado proyectos y actividades culturales que mantienen  vivo el legado del Grupo de Barranquilla y su impulso creador.

Además de ser un campo de creación es el cómplice ideal para reunir a grandes amigos de la historia que hicieron de este lugar uno de los más especiales de Colombia. Cientos de relatos de ficción nacieron del ahogado, un video que junto a las pinturas de Juan Antonio Roda, Noe León, Orlando Rivera, vecino a la biblioteca de José Félix  y Alfonso Fuenmayor conforman un magnifico ámbito estético donde la gastronomía se encarga de complacer los sentidos.

Plinio Apuleyo Mendoza, el periodista y escritor nacido en Boyacá pero adoptado por Barranquilla, uno de los amigos más entrañables del llamado Grupo Barranquilla, expuso recuerdos en la época de oro en La Cueva. Al lado del periodista Mauricio Vargas relató por qué había tardado en regresar a Barranquilla.  “Me duele volver a Barranquilla después de 40 años y no poder encontrarme de nuevo con los amigos  y no volver a tener esas charlas de antes”, dijo Mendoza. 

Barranquilla llena de nostalgia a su corazón recordando a sus amigos  Álvaro Cepeda, Alejandro Obregón, Joaco Ripoll…” que como él describe en cada uno de ellos hay algo mágico y a la vez que bebían iban teniendo un conocimiento literario extraordinario, Mendoza confiesa que a pesar de ser un boyacense se sentía mucho más identificado con el nombre de barranquillero.

Mendoza quedó muy sorprendido y complacido de ver cómo ha evolucionado la ciudad de Barranquilla, considerando que cuando se fue de ella, la había visto que estaba muy mal manejada,  al llegar al hotel del Prado lo vio igual, pero en el momento de salir hacia la calle vio nuevos edificios, clínicas, centro comerciales, parques y quedó gratamente impresionado del crecimiento que ha tenido Barranquilla. “Era el milagro que necesitaba”.

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