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La causa palenquera en manos de Eugenio Lora

Por Alejandro Rosales Mantilla

Manejando su automóvil por la carretera que conduce de Barranquilla a Cartagena, Eugenio Lora luce relajado detrás de sus gafas oscuras. El verdor de la vegetación, el relativo buen estado de la vía, los paisajes en los que por momentos el protagonista es el mar Caribe con sus tonalidades azules, el sol de verano que está presente casi todo el año en el norte de Colombia, la parada obligada a mitad de camino en los puestos de fritos de Galerazamba, son postales que quedan de ese camino asfaltado.

Todo se conjuga y se refleja en su rostro, entre sonriente y sorprendido. Una pregunta con tono afirmativo la repite varias veces en las casi dos horas que dura el trayecto: —¿no es esto algo lindo? —.

Hablar de las palenqueras, esas mujeres fuertes que en la Región Caribe llevan en sus poncheras frutas, alegrías, cocadas e historias de libertad africana, lo hace levantar su voz de tono grave.

Con las manos en el volante recuerda cuando él era un niño y una negra palenquera llegaba a la puerta de la casa de su madre, en Calamar, su terruño bolivarense.

—Yo veía a esa mujer imponente que ponía en el piso su ponchera llena de frutas—, rememora Eugenio sobre esas primeras imágenes de aquellas guerreras en el otrora municipio próspero, del que ya solo quedan historias en las ruinas de antiguas mansiones y unos pobladores que ven en Barranquilla su principal fuente de empleo.

Con sombrero vueltiao, abarcas, camisa y pantalón blanco de algodón, propio de los campesinos del Sur de Bolívar, Eugenio Lora le ha dedicado más de 25 años de su vida a dignificar la figura de las palenqueras en el mundo. Su voz se ha sentido desde los Estados Unidos hasta el Caribe colombiano, pidiendo que se les respete y se les dé el sitial de honor que se merecen.

Así, en el año 2000, donó los recursos económicos para crear un monumento en honor a ellas, que contó con la autoría artística del escultor Hernando Pereira.

Los esfuerzos de Eugenio luego se concentraron en una tarea, para muchos quijotesca: convencer a las autoridades administrativas de ese momento, de que el monumento merecía tener un espacio público de importancia en la ciudad.

—En algún momento me dijeron que para qué instalar un monumento de una palenquera, cuando “Cartagena era de Indias”—, recuerda las palabras de la funcionaria.

Insistiendo, sin descanso, después de muchísimas llamadas, reuniones y decepciones, las palenqueras y su monumento celebraron en 2003 que su icónica figura fuera instalada en un paseo de la Avenida Santander, en la entrada del barrio Bocagrande.

Las palenqueras y su escultura, realizada por Hernando Pereira, y donada por Eugenio Lora.

Llanto en el avión

Acudir a las ferias que cada año organiza la red de diplomacia Sister Cities International, se ha convertido en un compromiso moral para Eugenio Lora. A estos espacios de intercambio cultural entre ciudades del mundo llegó para presentar y defender a las diosas de ébano que lo obsesionan. También busca difundir en su propia piel la figura del campesino del Caribe y afianzar la hermandad entre ciudades de Estados Unidos y Colombia. Por ejemplo, Barranquilla y Tampa, o Cartagena y Coral Gables.

Con capital propio, sin ningún apoyo privado y mucho menos del gobierno colombiano, su aparición cada año es una de las más esperadas por los asistentes y organizadores del evento que ya conocen su trabajo filantrópico.

Así, volando entre la ciudad de Tampa (Florida) y Fort Worth (Texas) para asistir en 2007 a otra edición del Sister Cities International, sin motivo aparente, Eugenio cuenta que se cruzó de brazos y comenzó a llorar en el avión como un niño. Sus lágrimas no paraban. A su mente llegó el recuerdo de su madre, ya fallecida, pero también los de decenas de negras palenqueras a las que había conocido con sus múltiples necesidades y tragedias que disimulaban con sus sonrisas brillantes y palanganas plateadas.

—Son mujeres muy sufridas, pero ellas no se rinden—, destaca mientras conduce, ya cerca de Cartagena, en la Boquilla.

Cuando el avión aterrizó en la ciudad tejana su llanto había parado. Vestido como campesino del Sur de Bolívar llegó al evento. Una réplica en miniatura del monumento era su donación para la subasta que estaba por comenzar. Al buscarla en los diferentes stands no la encontró. Al preguntarle a uno de los encargados, este le dijo que no se podría subastar porque la figura se había partido.

Después de varias llamadas al escultor, este le explicó cómo solucionar el problema, al que se había anticipado, ya que le había instalado dos varillas en las piernas que lograban mantenerla en pie.

“Ese fue un mensaje subliminal que me llegó. Literalmente estas mujeres tienen varillas en las piernas porque nadie las puede tumbar”.

Resalta que, en el desarrollo de la subasta, la réplica del monumento fue adquirida por Mary Jean Eisenhower, nieta del expresidente de los Estados Unidos y héroe de la Segunda Guerra Mundial, Dwight D. Eisenhower.

Otra réplica en miniatura del monumento fue donada por Eugenio al concurso Señora Cartagena, pero el evento la rechazó o, como él lo señala, “discriminó” la figura de las palenqueras, esas mujeres que posan cada año con miles de turistas o con la nueva Señorita Colombia en los jardines del Hotel Hilton.

Al final, las lágrimas del avión se convirtieron en una anécdota que antecedió un gran logro.

La lucha continúa

El 2023 comenzó con malas noticias para la comunidad palenquera. El monumento que reposaba en el barrio Bocagrande fue removido sin aviso alguno por parte de las autoridades distritales de Cartagena.

Ni las palenqueras, ni el donante de la obra, ni la comunidad en general, ni los medios de comunicación, fueron avisados del hecho.

Solo después de un acto de protesta y de la denuncia hecha en varios medios de comunicación como los periódicos El Heraldo y El Universal, las autoridades salieron a dar explicaciones.

Cortesía El Universal de Cartagena

Su remoción, en apariencia temporal, como lo afirma en un oficio Alfonso Cabrera, secretario del Comité Técnico de Patrimonio Histórico y Cultural (órgano asesor de la Alcaldía de Cartagena), se dio porque en ese paseo la Compañía Eléctrica del Mar Caribe (Cemarcaribe) realiza obras que son necesarias para mejorar la infraestructura del sector.

Ya han pasado seis meses y el monumento sigue guardado en el Taller de Fundiciones Acevedo, en la Calle Real del Espinal, bajo la supervisión del escultor Hernando Pereira. Hasta allí llegó Eugenio.

Así luce la palenquera fuera de su sitio en Bocagrande.

Amanecerá y veremos, dice el refrán

Pasan los años y las valientes mujeres palenqueras siguen batallando la vida en una sociedad que, en gran número, solo ve en ellas la modelo de una foto que luego montan en redes sociales.

Atacadas por borrachos y drogadictos en el Centro de Cartagena, como se vio en un video que recientemente fue dado a conocer por medios de comunicación, con poca o nula protección, viviendo en la periferia de otras ciudades de la Costa como Barranquilla y Santa Marta, capoteando la pobreza, sin valorar como se debe su legado ancestral, su poderío gastronómico, musical y oral, ellas le ponen su palangana al sol con alegría y bullerengue.

La batalla por la reivindicación y el reconocimiento de la mujer palenquera apenas comienza, así como el viaje de regreso entre Cartagena y Barranquilla que Eugenio Lora capitanea con el placer de una misión cumplida: constatar que el monumento dedicado a estas mujeres está en relativo buen estado en un polvoriento taller de fundiciones.

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