Algunos reconocidos autores nos enseñan que el ideal es que todo texto sea leído dos veces: la primera para saber lo que dice, y la segunda, para apreciar cómo lo dice.
Por: Javier Castell
Y en mi pretenciosa creencia de que (casi) todo lo puedo futbolizar, creo que como el texto un partido también merece dos lecturas: la del resultado, para saber qué se consiguió, y la del juego, para apreciar cómo lo consiguió, que es la que nos ilusiona con acercarnos a la “plenitud del goce estético”.
Y con un detalle, que a lo mejor es circunstancial, pero si no, entonces merecería una revisión: en el partido de vuelta, tras ocho días de descanso (la razón por la que no utiliza ninguno de estos jugadores en partidos de la Liga) tres futbolistas tuvieron problemas musculares. En todo caso, no tengo dudas de que el Junior, aun sin jugar en su mejor nivel, ni siquiera parecido a la versión Olimpia, a pesar del baloneo aéreo del final en Asunción que creó, en ellos, la ilusión del empate, fue más que Guaraní y es justa su clasificación.
Justa y necesaria. Porque proseguir en la Copa significa, ya he sido reiterativo en esto, reforzar la credibilidad en el proceso y su guía, estimular a los hinchas para que se matriculen en el plan de abonos; amortizar, en parte, la inversión de los dueños y, sobre todo, significa prestigio, orgullo. Significa tener la oportunidad de competir y derrotar a los mejores del continente que es la manera de hacerse realmente grande.
Boca Juniors, Palmeiras y Alianza Lima son los históricos rivales que tendrá que superar de aquí en adelante. Si es capaz de jugar como contra Olimpia, con más continuidad y mejorando niveles individuales, no tengo dudas de que competirá de tú a tú con ellos. Si se queda en la versión Guaraní…