Por: Francisco Figueroa Turcios
Después del 3-1 ante Atlético Bucaramanga, Junior quedó obligado a hacer cuentas. A Junior le quedan ocho partidos, 24 puntos en disputa y una sola ruta para llegar a número mágico: 30 puntos. La meta es ganar siete encuentros. La calculadora se convirtió en el nuevo compañero del hincha tiburón.
La derrota ante Atlético Bucaramanga cayó sobre Junior como una lluvia inesperada en medio de un camino que ya venía lleno de obstáculos. El 3-1 no solamente dejó al equipo rojiblanco con las manos vacías. También obligó a los aficionados a sacar la calculadora, hacer cuentas, borrar números, volver a sumar y buscar, entre las matemáticas y la esperanza, una puerta que todavía permanece entreabierta. Junior tiene 9 puntos. Le quedan ocho partidos. Hay 24 puntos sobre la mesa.
30 número mágico…
Y para alcanzar esa frontera que en el fútbol colombiano muchas veces se convierte en la llave de entrada a los cuadrangulares, la famosa barrera de los 30 puntos, el equipo necesita sumar 21 de los 24 que quedan Las cuentas son tan claras como despiadadas: Siete victorias y una derrota. Nada más. Nada menos.
Siete partidos ganados significarían 21 puntos y llevarían a Junior hasta los 30. Pero ni siquiera llegar a esa cifra garantiza por sí sola la clasificación. El Tiburón tendrá que mirar también hacia arriba y esperar que los equipos que lo anteceden en la tabla comiencen a perder puntos. Es decir, Junior no solamente tendrá que ganar. También necesitará que otros tropiecen.
La calculadora, esta vez, no admite demasiados errores. Porque el margen se hizo pequeño. Muy pequeño. Después de la derrota en Bucaramanga, cada partido comenzó a parecerse a una final. Cada punto tiene ahora un valor diferente. Cada empate puede convertirse en una herida y cada derrota, prácticamente, en el último suspiro de una ilusión que todavía se niega a morir.
Cuentas claras…
Los 24 puntos que quedan parecen estar allí, sobre la mesa, esperando que alguien los recoja. Y entonces aparece aquella hermosa y misteriosa historia de Honoré de Balzac: La piel de zapa. En la novela, aquella piel mágica tiene la capacidad de conceder deseos, pero cada deseo cumplido hace que la piel se reduzca y, con ella, también se acorte la vida de su dueño.
Junior parece caminar por un territorio parecido. Los puntos son ahora como esa piel de zapa. Cada partido consume una parte de la esperanza. Cada punto perdido reduce el tamaño del sueño. Pero todavía quedan siete deseos. Siete victorias. Siete oportunidades para que Junior vuelva a respirar. Siete domingos —o jornadas de fútbol— en los que el equipo tendrá que transformar la calculadora en fútbol, la angustia en carácter y la ilusión en resultados.
El primer deseo ya tiene nombre. Y después vendrá el segundo. Y el tercero. Hasta llegar al séptimo. No hay espacio para pensar en el partido siguiente sin resolver primero el que está enfrente. No hay tiempo para regalar minutos, ni balones, ni oportunidades. Junior necesita recuperar aquello que durante buena parte del torneo le ha sido esquivo: la regularidad.
La clasificación dejó de ser un camino ancho. Ahora es un sendero estrecho. Un hilo. Una cuerda sobre el abismo. Y al otro lado están los cuadrangulares. La paradoja es que Junior todavía depende de Junior, al menos en buena parte del camino. Si gana, podrá seguir mirando hacia adelante. Si deja puntos, la calculadora comenzará a trabajar en contra.
¿ Eliminados?
Por eso la afición hizo sus cuentas. Algunos con lápiz y papel. Otros con el celular. Otros simplemente con los dedos de las manos. Pero todos terminaron llegando a la misma conclusión: hay que ganar siete de los ocho partidos que quedan. La matemática es fría. El fútbol, en cambio, todavía permite soñar. Y allí aparece la fe del hincha tiburón, esa que sobrevive incluso cuando las cifras parecen empeñadas en demostrar lo contrario.
Quizás por eso los siete triunfos parecen ahora siete deseos. Siete deseos escritos sobre la piel de zapa. Siete deseos que Junior tendrá que convertir en realidad. Porque ya no basta con sacar cuentas. Ahora hay que jugar los partidos. Hay que correr. Hay que luchar. Hay que marcar. Hay que ganar. La calculadora ya hizo su trabajo.
Ahora la palabra la tienen los jugadores. Los 24 puntos están sobre la mesa. El destino puso las cartas. La piel de zapa comienza a hacerse pequeña. Y Junior tiene todavía siete deseos para evitar que el sueño se le escape entre los dedos. Siete victorias para volver a creer. Siete victorias para regresar a los ocho. Siete deseos para que el Tiburón vuelva a nadar como pez en el agua…..
