Por: Francisco Figueroa Turcios
Un equipo puede perder durante algunas semanas a un delantero, a un volante o incluso a un defensor y encontrar alternativas mientras el titular regresa.
Pero, cuando el hombre que vive debajo de los tres palos queda fuera de combate, la pregunta aparece de inmediato: ¿quién está preparado para ponerse los guantes y asumir la responsabilidad sin que el equipo sienta que ha perdido algo más que un jugador?
La lesión de Mauro Silveira en Junior volvió a poner esa pregunta sobre la mesa. Y mientras el arquero titular se recupera, Jefferson Martínez recibió la oportunidad de defender el arco rojiblanco. Dos partidos después, el debate ya está instalado entre los aficionados.
Junior el miércoles 30 de septiembre 2026 perdió ante Atlético Nacional 3-1 en el estadio Atanasio Girardot y posteriormente el domingo 4 de octubre 2026 Junior volvió caer por el mismo marcador a frente a Atlético Bucaramanga en el estadio Americo Montanini. En esos dos encuentros Jefeerson Martìnez recibió seis goles: tres en cada partido.
Los números están allí, fríos, como suelen ser los números del fútbol. Pero detrás de ellos existe una discusión mucho más profunda que contar goles recibidos.
¿Es Jefferson Martínez el arquero que Junior necesita para afrontar una emergencia de esta naturaleza? La pregunta no pretende convertir al arquero en el responsable absoluto de dos derrotas que pertenecen a un equipo completo. En el fútbol, los goles también nacen de errores defensivos, pérdidas de balón, desconcentraciones, transiciones mal defendidas y muchas otras circunstancias.
Pero el arco tiene una particularidad: cuando el equipo atraviesa una tormenta, el arquero debe convertirse en el último refugio. Y ahí comienza la importancia de tener un suplente de categoría.
El suplente que espera en silencio…
El arquero suplente vive una de las situaciones más particulares del fútbol.
Entrena todos los días como si fuera a jugar, pero normalmente observa los partidos desde el banco. Debe mantener la concentración, cuidar su preparación física, estudiar a los rivales y esperar pacientemente esa llamada que nadie desea que llegue demasiado pronto.
Porque cuando llega, casi siempre llega por una mala noticia. Una lesión. Una expulsión. Una suspensión. Una convocatoria a la selección. Y entonces desaparece la palabra suplente. Durante noventa minutos solamente existe una palabra: arquero.
Por eso los equipos que aspiran a grandes objetivos necesitan mucho más que un titular confiable. Necesitan saber que detrás existe otro hombre capaz de asumir la responsabilidad.
El fútbol colombiano está ofreciendo varios ejemplos. En Deportivo Cali, la presencia de David Gallese con la selección de Perú abrió la puerta para que Alejandro Rodríguez asumiera la responsabilidad. Y allí apareció el valor de tener una alternativa preparada, un arquero que no llegara al arco simplemente para llenar un espacio, sino para responder cuando el equipo lo necesitaba.
Santa Fe encontró una situación similar con la lesión de Andrés Marmolejo. La oportunidad apareció para el joven Weimar Asprilla. Y el muchacho respondió. Su presencia en la Copa Sudamericana y en la Liga BetPlay II terminó convirtiéndose en una demostración de que el segundo arquero puede dejar de ser una figura secundaria cuando llega su momento.
Otro caso aparece con Diego Novoa, quien tuvo que asumir la responsabilidad ante la ausencia de Cristopher Fiermarín , convocado con la selección de Uruguay. Son historias diferentes, pero todas dejan una misma enseñanza: Un equipo puede perder a su arquero titular sin perder necesariamente la seguridad de su arco.
Junior y un recuerdo que no debería repetirse..
La situación también conduce inevitablemente a los recuerdos. Junior ya vivió una época en la que la distancia entre el arquero titular y sus suplentes parecía demasiado grande.
Durante un tiempo, Jaime Deluque y Javier Chima fueron eternos acompañantes de Juan Carlos Delménico. Juan Carlos Delménico era el dueño del arco. Los otros esperaban.
Pero cuando las circunstancias obligaban a cambiar de arquero titular, el aficionado juniorista comenzaba a mirar el partido con una preocupación diferente. El arco dejaba de ser un lugar de tranquilidad y se convertía en una zona de incertidumbre. Aquella sensación quedó grabada en la memoria de quienes vivieron esos años. Y por eso, muchas décadas después, vuelve la pregunta.
¿Puede un equipo que pretende pelear cosas importantes permitirse tener un segundo arquero que no genere la misma tranquilidad que el titular?
No se trata de exigir dos arqueros idénticos. Eso sería prácticamente imposible. Se trata de tener una segunda opción capaz de entrar sin que todo el sistema defensivo cambie de comportamiento. Porque un arquero no solamente ataja.
También transmite. Ordena. Grita. Corrige. Da confianza. Y, en ocasiones, hasta salva un partido que parecía perdido.
El verdadero valor del suplente…
Quizás el verdadero valor de un arquero suplente no se descubre cuando permanece sentado en el banco.
Se descubre cuando el titular se lesiona. Cuando el estadio está lleno. Cuando el rival ataca. Cuando el primer balón complicado llega al área. Cuando el equipo comete un error y todos miran hacia atrás. Ahí se descubre si el segundo arquero estaba realmente preparado.
Junior hoy tiene esa situación sobre la mesa. Mauro Silveira está lesionado. Jefferson Martínez recibió la oportunidad. Y en dos partidos llegaron seis goles y dos derrotas. No es justo colocar toda la responsabilidad sobre sus guantes.
Pero tampoco sería prudente ignorar lo que está sucediendo. Porque el fútbol, además de resultados, deja señales. Y esta señal abre una discusión que Junior tendrá que resolver mirando más allá del próximo partido. Los grandes equipos no pueden construir solamente un buen once titular. También deben construir un banco capaz de responder cuando las circunstancias obligan a cambiar el libreto.
El arco no admite improvisaciones. Durante una temporada larga, las lesiones, las convocatorias y las suspensiones son inevitables. Lo que sí puede evitarse es que una ausencia transforme la confianza en incertidumbre. Junior ya sabe lo que significa tener un gran arquero titular.
Ahora la pregunta es otra: ¿tiene detrás de él un arquero capaz de hacer olvidar, aunque sea por noventa minutos, que el dueño habitual del arco no está? Porque un equipo verdaderamente grande no debería sentir que cuando se lesiona su arquero titular también se lesiona su tranquilidad… es la historia que se vive ahora en Junior!!!!
